viernes, 21 de enero de 2022

SITUACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA Y MUNDIAL A ENERO DE 2022: la amenaza de la inflación complica aún mas la incertidumbre de la pandemia. Por si fuera poco se incrementa el riesgo geopolítico.


El desplome de la actividad a consecuencia de la pandemia, se ha visto respondido con un importante crecimiento del PIB durante 2021, pero el repunte de la inflación y la incertidumbre causada por la variante ócrimon son una importante amenaza.  

GLOBAL:

El episodio de Bielorrusia, usando a refugiados junto a Polonia para presionar a la Unión Europea, ha cerrado el año con un notable aumento de la tensión con Rusia debido a su decisión de acumular tropas en la frontera de Ucrania.

Otro punto caliente son las relaciones entre Estados Unidos y China. No ha habido un grave deterioro diplomático y comercial con el presidente, pero ambos países están abiertos a dialogar, y Washington podría rebajar los aranceles impuestos a Pekín. Lo que vendría bien para reducir las presiones inflacionistas en Estados Unidos.

Por otro lado, el nuevo Gobierno alemán de coalición, liderado por el socialdemócrata Olaf Scholz, en este nuevo año se va a enfrentar a las presiones para reducir pronto los estímulos fiscales y monetarios.

En Francia, se van a celebrar elecciones presidenciales. Lo más probable es que Emmanuel Macron logre la reelección. Una victoria de cualquier candidato de la ultraderecha (Marine Le Pen o Éric Zemmour) llevaría a Francia y la Unión Europea a un terreno desconocido.

Si nos referimos a los informes de previsiones económicas para 2022 de diferentes organismos públicos y privados. El escenario base es que este año será otro curso con un importante crecimiento económico. Sin embargo, se acumulan las variables que podrían hacer cambiar esa hoja de ruta. Los dos principales riesgos son los efectos de ómicron sobre la actividad y la presión inflacionista, que, lejos de remitir, amenaza con quedarse entre nosotros más tiempo del esperado.

Respecto al crecimiento económico, tras el shock que produjo la irrupción del coronavirus en marzo de 2020, que condujo a la economía mundial a una enorme recesión (caída del producto interior bruto), se consiguió la recuperación en el pasado año gracias a una batería de estímulos fiscales y monetarios sin precedentes.

En este recién iniciado 2022, el mayor consenso es que el crecimiento continúe, aunque se haya desacelerado, pero que se mantenga a unas tasas superiores a las obtenidas en los años previos a la covid. El FMI (Fondo Monetario Internacional) sitúa la subida del PIB mundial en el 4,9%. Afirma la institución literalmente, “creemos que 2022 será un año de dos mitades. En la primera parte, el crecimiento será superior a la media, seguido por una normalización de las tasas de actividad a medida que la reapertura de las economías se complete, el exceso de ahorro generado durante la pandemia se gaste y las medidas de estímu­lo extraordinarias se vayan retirando”.

Hay que citar que. sin duda, el gran catalizador de la recuperación económica en 2021 han sido las vacunas contra el coronavirus. La rápida vacunación, sobre todo en los países más desarrollados, ha permitido cierta “normalización” en sectores como el transporte y el turismo.

Sin embargo, la llegada de la variante ómicron a finales de noviembre ha supuesto una gran incertidumbre. Es muy difícil retornar a los confinamientos severos, pero se han empezado a decretar restricciones ante el alarmante aumento en el ritmo de contagios. La evolución de la pandemia, por tanto, será una de las principales incertidumbres para la economía a corto y medio plazo, aunque los expertos confían en que lo peor haya quedado atrás. Para bastantes analistas, “hay razones fundadas para ser optimistas respecto a la evolución de la pandemia en 2022. Las vacunas mejoradas para hacer frente al virus se extenderán mundialmente. Al mismo tiempo, el desarrollo de pastillas antivirales puede disminuir drásticamente el número de hospitalizaciones”.

China seguiría liderando el crecimiento mundial, aunque en franca desaceleración en comparación con ejercicios anteriores, mientras el diferencial de actividad entre Estados Unidos y la Eurozona se reducirá, y previsiblemente avanzarán a velocidades similares (entre el 4% y el 4,5%). En el caso de Europa, se espera una aceleración del crecimiento en Alemania y España.

España debería de ser uno de los países que lideren el crecimiento en la Unión Europea, aunque se están recortando las previsiones: el último recorte del FMI prevé un avance del PIB en 2022 del 5,8% (en otoño pasado pronosticaba un 6,4%).

Respecto al comportamiento de los precios, a partir de la Gran Recesión iniciada en 2008, la evolución de los precios (con una ligera deflación) permitió a los bancos centrales inyectar ingentes cantidades de dinero en los mercados y bajar los tipos de interés, sin ningún temor a los consiguientes repuntes de los precios.

Sin embargo, la situación ha variado en el pasado 2021: los mayores precios energéticos; los cuellos de botella en el transporte mundial de productos y la incapacidad de la oferta (muchas fábricas redujeron al mínimo sus inventarios tras el coronavirus) para satisfacer el fuerte rebote de la demanda mundial que surgió con la recuperación económica han tenido como resultado el despertar de la inflación en la mayor parte de la economía mundial.  

Es preocupante que muchos analistas consideran que las presiones inflacionarias se mantendrán (no descartan que las previsiones sean, incluso, corregidas al alza).

Desgraciadamente, existen muchas dudas respecto al posible momento en el que puedan bajar los precios de la energía. De la misma forma, los ajustes necesarios para una economía verde probablemente elevarán los costes aunque favorezcan el crecimiento y al planeta a largo plazo. Otro factor preocupante es la conducta de los salarios en aquellos mercados próximos al pleno empleo.

Por otro lado, el fuerte repunte de los precios de la inflación, está presionando para cambiar a la política monetaria. Los bancos centrales han señalado la ruta por la que discurrirán sus decisiones durante este 2022. Las autoridades monetarias trataran de corregir las presiones inflacionistas procurando mantener la actividad económica. Como viene ocurriendo, en Estados Unidos la Reserva Federal tendrá un papel central en el contexto mundial con importantes repercusiones en el mercado.

El Banco de Inglaterra, ya ha acordado subir los tipos de interés al 0,25% desde el 0,1% tras conocer su tasa de aumento de los precios en el pasado mes de noviembre (un 5,1%). Además, ya en este mes de enero reducirá a la mitad el programa de compras de deuda para finalizarlo en marzo de 2022. A partir de ese momento, comenzará a subir de nuevo las tasas de interés.

Sin embargo, el Banco Central Europeo va a tener más cuidado. Opina que la inflación es coyuntural, y que la recuperación económica precisa aún de bastantes apoyos. Su presidenta, Christine Lagarde, ha anunciado que se va a reducir la compra de deuda a lo largo del año de 2022. Y, desde luego, salvo algo inesperado, no va a subir los tipos de interés en este 2022.

La divergencia en las políticas monetarias a ambos lados del atlántico, ya ha motivado, que, en el pasado año 2021, el dólar estadounidense se apreciara notablemente frente al euro (de 1,2 dólares por euro se aproximó 1,13 dólares). Es probable que continúe la depreciación de euro (apreciación del dólar), lo que estimulará las exportaciones de la eurozona.

El Banco Central Europeo cree que la situación que atraviesa la región del euro aún precisa de una política fiscal expansiva. La institución que actuará para tratar de contener las subidas de precios, pero con la visión de una recuperación incompleta amenazada por la variante ómicron.

Y es que se pretende no repetir el error de Jean-Claude Trichet en 2011, cuando subió los tipos de interés de forma completamente inoportuna y perjudicial.

CHINA:

La segunda mayor economía mundial está viviendo una clara desaceleración económica. Tras aguantar el golpe del coronavirus sin caer en recesión durante el 2020, el FMI espera que acabe 2021 con un crecimiento del 8% y que en 2022 el avance del PIB se quede solo en el 5,6%.

En parte, se trata de un frenazo buscado por el propio ejecutivo de China intentando cambiar el modelo productivo hacia una situación más sostenible y con menos deuda, incrementando el consumo interno, tratando de reducir su gran dependencia de sus exportaciones.

Varios son los factores externos que han contribuido a su desaceleración: la crisis energética; una escalada de los precios del carbón; y los recortes de impuestos por las provincias para cumplir objetivos medioambientales. Sin duda, también, los cuellos de botella en el comercio mundial que han frenado sus exportaciones.

Su “tolerancia cero” con la covid (confinamientos y medidas sanitarias estrictas) han pasado factura a su actividad económica.

Las dificultades que atraviesa la inmobiliaria Evergrande, es una señal de la crisis de confianza hacia los promotores inmobiliarios altamente endeudados, lo que ha provocado el estancamiento de las ventas de nuevos pisos, dando lugar a una caída de la construcción y menores ventas.

Probablemente, las autoridades de China intervengan para tratar de estabilizar el sector, dadas sus consecuencias negativas para el sistema financiero y la economía en general de un hundimiento completo del mercado inmobiliario.

El coloso Evergrande no encuentra alternativas para salvarse, y ha tenido que suspender su cotización en la Bolsa de Hong Kong, limitándose a comunicar que está a la espera de publicar “un anuncio con información confidencial”.

Evergrande, el grupo inmobiliario más endeudado del mundo, acumula una deuda superior a los 300.000 millones de dólares (unos 265.000 millones de euros) y en 2021 sus acciones perdieron el 89% de su valor. Por ello, como hemos comentado en otras ocasiones, se teme que genere una crisis mayor en el mercado inmobiliario nacional, y que, incluso, ocasione un efecto dominó en el sistema financiero mundial.

ESTADOS UNIDOS:

La Reserva Federal ya no califica a la inflación como transitoria, los datos del Índice de Precios al Consumo (IPC) publicado confirman que la inflación ha adquirido carácter persistente, al menos a corto plazo. Los precios de los coches usados, las rentas y alquileres, la factura del mobiliario o la alimentación han seguido al alza en noviembre hasta alcanzar un incremento del 6,8% interanual, sensiblemente superior al 6,2% registrado en octubre.

Este recalentamiento de los precios está complicando los planes de recuperación económica del presidente Biden, máxime cuando el mercado laboral volvió a mostrar signos de fortaleza: las demandas de desempleo cayeron a niveles jamás vistos desde 1969.

La inflación subyacente, (es más representativa para medir la tendencia, ya que excluye los precios más volátiles de los alimentos frescos y de la energía) subió un 0,5% en noviembre.  

Ahora bien, para algunos analistas, la inflación podría haber alcanzado su punto máximo el otoño pasado, y el Gobierno ha subrayado que la evaluación de la actividad económica “muestra que el aumento de precios y costes se está desacelerando, aunque no tan rápido como nos gustaría”.

Los datos publicados por la Oficina de Estadísticas de Trabajo estadounidense, señalan que, si bien los cuellos de botella en los puertos y la escasez de bienes se ha aliviado algo, han seguido tensionando a los precios.  

Detrás de la subida de precios, también se encuentra la crisis energética. En el pasado mes de noviembre se registró un pico en los precios del gas en Estados Unidos, antes de moderarse en diciembre. El promedio nacional alcanzó los 3,43 dólares por galón (3,7 litros) a principios del mes pasado, aunque desde entonces ha bajado ligeramente, hasta los 3,35. Una tendencia bajista prolongada podría arrastrar la inflación general a niveles más bajos.

Precisamente, la liberación de 50 millones de barriles de petróleo de las reservas energéticas de EE UU, anunciada por el presidente Biden, tiene como objetivo precisamente abaratar al consumidor el precio de la energía, tanto la de automoción como la de uso doméstico.

En todo caso, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed)ha acelerado sus planes de retirada de estímulos en un contexto   de inflación y de tasa de desempleo muy baja.

La Fed ha adelantado a marzo de 2022 un tapering (retirada de estímulos), y ha confirmado sus planes de incremento de las tasas de interés en tres momentos de este 2022 (en el primer trimestre, al concluir el tapering).  

La Reserva Federal ha revisado a la baja sus estimaciones para el PIB: contemplaban una subida del PIB en 2021 del 5,9% y una tasa de inflación del 4,2% para finales de este 2022, ajustándolas al 5,5% en el caso del PIB, cuatro décimas menos que en septiembre, y al 5,3% en la inflación, un punto más. Para 2022, se contemplan un crecimiento del 4% y una inflación del 2,6%.

Según el presidente de la Fed, Jerome Powell, “la economía está fuerte y ya no necesita ese apoyo monetario. Una retirada más rápida de estímulos permite a la Fed abordar una gama completa de resultados plausibles”.  

Powell ha subrayado que la inflación se ha “generalizado” a todos los sectores de la economía estadounidense y ha pronosticado que se mantendrá elevada “hasta bien entrado 2022″. La Fed había mantenido hasta ahora que el alza de precios se limitaba a los sectores más afectados por la pandemia.  

Powell ha señalado que: “elevar los tipos de interés es la herramienta más poderosa en manos de la Fed para hacer retroceder la inflación, porque desaceleraría la demanda y el crecimiento al filtrarse en el resto de la economía, elevando el coste del endeudamiento de hipotecas y préstamos comerciales” (los tipos de interés en torno al 0% llevan sin variación desde marzo de 2020).

REINO UNIDO:

El Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, como hemos comentado, a pesar de la incertidumbre provocada por la ómicron, ha decidido subir los tipos de interés del 0,1% al 0,25%.

El IPC del Reino Unido se ha disparado hasta el 5,1% (la mayor cifra de la última década). Según el Banco de Inglaterra “la variante ómicron supone riesgos a la baja para la actividad económica a principios de 2022, aunque el equilibrio de sus efectos sobre la oferta y la demanda, y por tanto sobre la presión inflacionaria global a medio plazo, siguen sin estar claros. Mientras, los precios de los costes globales siguen siendo muy altos”.

La última vez que la autoridad monetaria del Reino Unido subió los tipos de interés fue en agosto de 2018. Alcanzaron entonces la cifra porcentual del 0,75%. La necesidad de rescatar a la economía del duro golpe que supuso la llegada de la pandemia, hizo que la autoridad monetaria del Reino Unido volviera a recortarlos, en dos ocasiones, hasta el 0,1%.

El Reino Unido ha respondido a la pandemia como todas las demás economías, es decir, aumentando el gasto público. Sin embargo, su recuperación económica se ha visto frenada por los problemas surgidos de una salida de la Unión Europea para la que muchas empresas, atareadas en sobrevivir al coronavirus, no tuvieron tiempo para prepararse, ni recursos u orientación legal para hacerlo. Incluso han tenido en ocasiones que solicitar, casi mendigando, que acudieran los camioneros a trabajar al Reino Unido. Entre otras cosas, para abastecer de combustible las gasolineras, en las que centenares de conductores británicos se habían visto obligados a hacer cola durante horas.  otras cosas, para abastecer de combustible las gasolineras, en las que centenares de conductores británicos se habían visto obligados a hacer cola durante horas.

Hay gran consenso respecto a señalar que el Brexit es una carga muy pesada, en el momento menos adecuado. No es posible prever el futuro económico del país. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR, en sus siglas en inglés) ha cifrado en un 4% el impacto negativo sobre el PIB que tendrá el Brexit a largo plazo. Algunos además señalan, que el impacto de la pandemia restará al crecimiento económico otros dos puntos porcentuales.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (­OCDE) pronostica un crecimiento del PIB inglés, para 2022 del 4,7%, y del 2,1% para el año siguiente. Los problemas de suministro a corto plazo a los que se enfrenta el Reino Unido van a persistir, y muy probablemente se verán agravados por el Brexit.

El Ministerio del Interior del Reino Unido aprobó una nueva ley de inmigración que acababa con la libertad de movimiento de personas de la Unión Europea y endurecía las condiciones de entrada al mercado laboral británico. La escasez de mano de obra cuando la economía comenzó a salir de la crisis del coronavirus, ante un enorme crecimiento mundial de la demanda, y el hecho de que muchas personas abandonaran los trabajos más duros, repetitivos y peor pagados, se amplificaron en la economía del Reino Unido.

Y dado, que, en noviembre, la inflación del Reino Unido llegó a su nivel más alto en una década: un 5,1 %, encareciendo el “coste de la vida”, y desestabilizando el crecimiento del país, el Banco de Inglaterra, como hemos señalado, ha subido los tipos de interés hasta el 0,25%. 

UNIÓN EUROPEA:

La energía nuclear está viviendo un momento de posiciones simétricas:   Alemania ha cerrado tres de sus seis centrales nucleares en funcionamiento como parte del plan aprobado para clausurar toda la producción atómica antes de finales de 2022. Pero, la Comisión Europea ha lanzado su propuesta para modificar la clasificación de las energías verdes a efectos de los inversores e incluir en ella la energía nuclear y el gas natural.

La Unión Europea tiene establecidos los criterios que debe cumplir una fuente de energía para ser considerada como verde, con la finalidad de orientar la inversión financiera hacia esos proyectos. La captación de esa financiación será vital para descarbonizar la producción energética y cumplir el objetivo de reducir a cero las emisiones en 2050, fijado en el Pacto Verde de la UE. Bruselas calcula que el consumo energético supone el 75% de las emisiones de gases con efecto invernadero en territorio comunitario.

La Comisión aprobó en abril de 2021 el primer acto delegado sobre la base del reglamento de la “taxonomía verde” (un tecnicismo bajo el que se esconde el intento de ordenar la economía y la energía en función de su huella ambiental) , y en ese texto se dejó fuera a la energía nuclear y al gas. A lo largo del año pasado, sin embargo, se desató una agria batalla entre los países partidarios de incluir a la energía nuclear en dicha taxonomía, liderados por Francia, y los que abogaban por incorporar el gas, con Alemania al frente.

ESPAÑA:

Hasta hace pocos meses, el ritmo de crecimiento y recuperación económica previsto para España se está viendo amenazado. Ello, sin duda, como consecuencia de las subidas de precios; la crisis global de suministros y la incertidumbre de la crisis sanitaria, espoleada ahora por la nueva variante ómicron. Todos esos factores han conducido a que el FMI Fondo Monetario Internacional (FMI), haya recortado el crecimiento esperado para España. La institución espera que "la actividad económica crezca un 4,6% en 2021 y un 5,8% en 2022". Lo que supone un recorte de 1,1 y 0,6 puntos, respectivamente, respecto a lo previsto a comienzos del pasado mes de octubre.

El Fondo ha afirmado que "la capacidad económica ociosa persiste, por lo que no se espera que la actividad retorne a los niveles previos a la crisis hasta finales de 2022 o comienzos de 2023".

Por su parte el Banco de España prevé un alza del 4,5% este año y del 5,4% el siguiente, y se aleja más aún de la previsión del Gobierno, que se mantiene en el 6,5% y 7%.

Tras el desplome histórico del 10.8 % del PIB español en 2020, los técnicos del FMI reconocen que, después de haberse desplomado el producto un histórico 10,8% en 2020, señalan que la recuperación española está teniendo lugar por “las oportunas medidas y una eficaz campaña de vacunación”, pero que España tiene varias tareas pendientes, como la correcta implementación y ejecución de los fondos europeos, que podrían tener un impacto de entre 1,5 y 2 puntos en el PIB de 2022, o el desarrollo de un plan de sostenibilidad fiscal.

Respecto a las finanzas públicas, reconocen los técnicos del FMI, que las medidas de apoyo público "fueron cruciales para contener el impacto económico de la crisis sanitaria, pero que inevitablemente han hecho mella en las finanzas públicas, y llevado a la deuda pública, que cerrará 2021 en torno al 120% del PIB, a convertirse en una fuente de vulnerabilidad". Por ello, aunque en el corto plazo la política fiscal debe continuar siendo "expansiva", el país tendrá que reducir la deuda a niveles más prudentes y crear margen fiscal para responder a shocks futuros. Si no se toman medidas discrecionales, advierten los expertos, se prevé que a medio plazo el déficit público siga estando por encima de los niveles prepandémicos.

El proceso de consolidación fiscal, debería llevarse a cabo una vez que la economía haya entrado en una senda de crecimiento sostenido, algo que, según el escenario base, llegaría a partir del año 2023. Además de una mayor eficiencia del gasto, los técnicos proponen medidas por el lado de los ingresos como ampliar las bases imponibles y aumentar los impuestos medioambientales. También recuerdan, en relación con las inversiones vinculadas a los fondos europeos, la importancia de seleccionar proyectos con alto rendimiento social que amplifiquen los efectos multiplicadores. 

Por otro lado, no hay por qué descartar que la cifra final del PIB de 2021 acabe acercándose más al entorno del 4,5%, en lugar del 6,5% esperado por el Gobierno.

Sin embargo, según los números de los Ministerios de Trabajo y Seguridad Social publicados, las cifras del mercado de trabajo han sido bastante buenas: Durante el año ha habido a la Seguridad Social 776.478 afiliados más, y los desempleados inscritos en las oficinas de empleo han disminuido en 782.232. La realidad, es que no se creaba tanto empleo desde 2005. En febrero de 2020, (último mes antes del impacto económico de la covid-19) había 19.250.299 afiliados y 3.246.047 parados. Hoy se contabilizan 19.824.911 afiliados, un máximo histórico, y 3.105.905 desempleados.

El desempleo acumula 10 meses de descensos, el periodo más largo de la serie histórica, y diciembre ha acabado con 76.782 parados menos gracias al tirón del sector servicios, cerrando el año con la cifra más baja en ese mes desde 2007.

Sin embargo, la temporalidad y el paro juvenil son las grandes asignaturas pendientes. Los contratos indefinidos cayeron en diciembre al 10% desde el 14% de noviembre, un hecho que el Gobierno achaca a la campaña navideña y que espera corregir con la nueva reforma laboral. En el caso del paro en los menores de 25 años los avances son más notorios, se redujo en 22.848 personas el mes pasado y en 143.809 en los últimos 10 meses, lo que deja la cifra total como la más baja de toda la serie histórica en un mes de diciembre.

La hostelería y la restauración reviven sus peores presagios. La pandemia ha golpeado con mucha dureza a este sector, que era el responsable de un 12,4% del PIB antes de la irrupción del covid. El sector desde finales del verano había recuperado el optimismo, pero la variante ómicron, con una explosión de contagios nunca vista antes en el país, ha ocasionado las cancelaciones, la ralentización de futuras reservas y la sucesión de restricciones que llevan de nuevo al turismo en una grave situación.

Por otro lado, un aspecto muy negativo, es que según el dato adelantado del IPC que ha publicado el Instituto Nacional de Estadística, los precios en el último mes de 2021 han crecido un 6,7% en tasa anual. El indicador lleva creciendo desde marzo, tras un periodo deflacionario provocado por la llegada de la pandemia en 2020, y se sitúa en máximos de casi tres décadas. Es el noveno mes en que acaba por encima del 2%, el límite que el Banco Central Europeo (BCE) considera idóneo.

Explica el INE, que en la subida de los precios ha tenido especial incidencia la subida de la electricidad. Habrá que esperar hasta mediados de enero, cuando se publique el dato definitivo de diciembre (que puede variar alguna décima al alza o a la baja), para conocer el peso exacto de cada uno de los componentes en el Índice de Precios al Consumo. Pero era de esperar que la luz, que ha batido récords históricos en el mercado mayorista, figurase entre ellos. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) calcula que la factura de diciembre para un usuario medio de tarifa regulada (PVPC) será la más cara de la historia: superará los 119 euros, casi una cuarta parte más (un 24% exactamente) que en noviembre. También los combustibles o la alimentación se han posicionado en los últimos tiempos entre los bienes que más tiran al alza de los precios. Aunque el instituto estadístico explica que en esta ocasión los carburantes y lubricantes para vehículos personales figurarán entre las categorías que se abaratan respecto al mes pasado.

Más favorable ha sido el comportamiento de la inflación subyacente, que lleva meses con niveles más contenidos que los existentes en la eurozona, y que, en diciembre, según el dato adelantado del INE, ha tenido una variación anual del 2,1%. No obstante, son cuatro décimas más que en noviembre, es el porcentaje más alto desde marzo de 2013 y supera la barrera psicológica del 2%.

Los próximos meses serán, por tanto, determinantes. Los indicadores adelantados muestran que algunos de los factores que provocan la carestía (alto precio del gas, fletes marítimos disparados...) no van a corregirse de un día para otro. No obstante, las expectativas son de mejora de los precios energéticos a partir de la primavera próxima.  

En otro orden, durante el pasado 2021 España ha recibido los primeros fondos del Plan de Recuperación europeo, del que debe percibir en total unos 140.000 millones hasta 2026, la mitad en subvenciones que no habrá que devolver y el resto en préstamos a bajo interés. España recibió en agosto de Bruselas un ingreso de 9.000 millones en prefinanciación.

Respecto a la actividad manufacturera en particular, la carencia de materias primas y las presiones inflacionistas siguen frenando su crecimiento, que se ha ralentizado en diciembre hasta alcanzar niveles mínimos en los últimos diez meses. Según ha informado la consultora IHS Markit, el índice de gestor de compras (PMI) de este sector se situó en 56,2 puntos al cierre de 2021, frente a los 57,1 registrados en noviembre, este lunes. La lectura está por encima de la marca de 50, que representa la frontera entre el crecimiento y la contracción en este indicador que los analistas utilizan como un termómetro adelantado sobre la actividad. A pesar de que el dato sigue en terreno positivo, el ritmo de crecimiento fue ya el más lento desde febrero, tanto en España como en la eurozona.

La desaceleración se debió principalmente a un crecimiento más débil de los nuevos pedidos ante el impacto de los aumentos de los costes. De hecho, las tarifas cobradas continuaron su tendencia al alza en diciembre, aunque con menos fuerza que el mes anterior. Las empresas se enfrentaron a otro rápido aumento de los precios de los insumos, igual que aquellos relacionados con la electricidad y los servicios de transporte, y advirtieron también de un desajuste entre la oferta y la demanda. Por su parte, los proveedores se encontraron con dificultades para conseguir servicios de tránsito, sobre todo de transporte marítimo. Aunque los plazos medios de entrega se alargaron a un ritmo menor, los retrasos fueron considerables, entre los mayores observados durante la pandemia hasta la fecha.

MERCADOS:

Salvo el Ibex 35 que ha tenido un comportamiento decepcionante, en 2021 el resultado de los principales índices ha sido bastante bueno. Las revalorizaciones de la renta variable desde enero superan de media el 10%, llegando en algunos mercados a obtenerse ganancias próximas al 20%.

En 2022, muchos asesores financieros esperan unas ganancias más modestas, Probablemente, como consecuencia de la paulatina desaceleración de los estímulos monetarios, crediticios y fiscales.

Además, los mercados entran en una fase de mayor incertidumbre, sobre todo por la incógnita de la evolución de la inflación. Esta situación traerá mayor volatilidad en las Bolsas, especialmente si los bancos centrales se viesen forzados a intensificar medidas restrictivas como consecuencia de del alza de los precios.

Durante 2021, la Bolsa española se ha situado en el último puesto de rentabilidad respecto a los mercados de su entorno. El Ibex 35 arroja una ganancia en el año del 7,4%, frente al 20,8% del índice Euro Stoxx50 o el 22,9% que ha subido Italia, el 27% de París o el 27,6% del S&P 500 de Estados Unidos.

Más de una década lleva el mercado español comportándose peor que sus colegas y son numerosas y variadas las causas de esta tendencia. El valor conjunto del mercado apenas se mueve pasados los años. Al cierre de 2012, la Bolsa española valía 945.000 millones de euros y terminó 2020 con una capitalización de 948.000 millones de euros.

Para algunos analistas, se explica la circunstancia anterior por el fuerte peso del sector bancario en el índice, y las dos crisis financieras que han afectado a estas compañías en 2008 y 2012. Otro sector que vivió un mal año en Bolsa, pese a la brutal escalada de la energía, fue el eléctrico por las novedades normativas.

En relación al mercado inmobiliario, el precio medio de la vivienda nueva en España cerró el año 2021 con un incremento del 3%, según ha publicado la consultora Sociedad de Tasación. Un año antes, con la pandemia en su punto más duro, los precios se estabilizaron: se anotó entonces una subida del 0,9%. Pero con la mejora de la emergencia sanitaria, el ahorro embalsado por los españoles y unos tipos de interés históricamente bajos el mercado ha vuelto a coger ritmo. Con este dato, se encadenan siete ejercicios consecutivos de alzas de precios.

El metro cuadrado alcanzó un precio medio de 2.551 euros en España. El incremento además se produce de forma generalizada en todas las comunidades autónomas, sin que haya ninguna a la baja. Aunque siguen existiendo diferentes velocidades: por un lado, está el caso de Extremadura, donde la subida fue del 1,9%, y por otro Baleares, que lidera las alzas con un incremento del 4,1%.

Respecto al Euribor, desde que en febrero de 2016 entró en terreno negativo, no ha dejado de satisfacer a los que tienen hipotecas a tipo variable.

El Banco de España ha confirmado que el Euríbor a un año, el índice al que se encuentran referenciadas la mayoría de las hipotecas españolas a tipo variable, cerró diciembre en el -0,502%, lo que supone un ligero descenso respecto al -0,487% de noviembre pasado. En 2021 este índice se ha mantenido relativamente estable, experimentando una caída desde el -0,303% de media de 2020, el -0,21% de 2019 y el -0,17% de 2018.

El dato de diciembre supone que las hipotecas de 120.000 euros a 20 años con un diferencial de Euríbor más un punto porcentual y que hayan sido revisadas en diciembre, habrán experimentado un abaratamiento de 3,72 euros en su cuota anual respecto al mismo mes de 2020. 

Igualmente, el Banco de España ha informado que el tipo medio de las hipotecas a más de tres años para la adquisición de vivienda libre concedido por entidades financieras, ha seguido una variación similar al Euribor, de forma que hasta noviembre pasado se situó en el 1,412%, frente al 1,727% de media en 2020, el 1,935% del 2019 y el 1,921% de 2018.

EMPRESAS:

Pfizer, BioNTech, Moderna, AstraZeneca y Johnson & Johnson prevén cerrar 2021 con 65.600 millones de euros facturados por sus inyecciones contra la covid-19, más del doble que todo el sector de las vacunas antes de la pandemia. Estas farmacéuticas han vendido al menos 5.850 millones de dosis en un auténtico “año de oro”, experimentado crecimientos vertiginosos. La multinacional Pfizer ha facturado el doble que en 2020 mientras que su socia alemana, la startup BioNTech, ha multiplicado su caja casi por cien durante el último año. Ambas concentran el 71,2% de las ventas.

La Federación Europea de la Industria y Asociaciones Farmacéuticas (EPFIA, en sus siglas en inglés) pronostica, en declaraciones a este diario, que al acabar el año se habrán fabricado 12.000 millones de dosis.

Según Bloomberg, las acciones de Pfizer en la Bolsa de Nueva York crecieron un 23% hasta los 47,46 euros en noviembre (el mejor mes de la compañía en 30 años).

Los valores de las farmacéuticas que desarrollan las vacunas vivieron una subida generalizada en las Bolsas a finales de noviembre, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) mostró su preocupación por la variante ómicron del virus.

La farmacéutica norteamericana Pfizer acumula un retorno anual del 46,33% y la empresa de biotecnología alemana BioNTEch un 170,43% (Nasdaq). Pfizer, con una previsión de 32.000 millones facturados en 2021 por su vacuna Comirnaty (un 44,17% de sus números totales), es la compañía que más dosis habrá distribuido este año, 3.000 millones, junto a BioNTech, que prevé facturar entre 14.000 y 15.000 millones. La biotech Moderna, con un retorno del 75,40% en el Nasdaq, prevé ingresar entre 13.000 y 14.000 millones por su inyección, de la que ha distribuido 800 millones y ha multiplicado sus ingresos totales por 65 en comparación con 2020. Las dos vacunas diseñadas con ARN mensajero, que han mostrado mayor efectividad, concentran un 93,6% de la facturación mundial de las cinco compañías con autorización en Europa. AstraZeneca, que estuvo marcada por el temor a sus efectos secundarios y los incumplimientos de entrega a la Unión Europea, tiene previsto facturar 2.000 millones, similares a los 2.230 que, según Reuters, estima Janssen, la farmacéutica de Johnson&Johnson, para su producto. Las ganancias hasta septiembre publicadas por las compañías abarcan la totalidad de su negocio. Las más pequeñas obtienen un mayor porcentaje de beneficio neto sobre facturación total: Moderna (65,1%) y BioNTech (52,8%). Pfizer se lleva un 32%, Johnson&Johnson un 23,3% y AstraZeneca un 17,9%.

El gran reto de las vacunas es continuar siendo efectivas ante las nuevas mutaciones del virus. El pasado lunes un estudio de la aseguradora Discovery Health Ltd., que da servicio a 3,7 millones de personas en Sudáfrica, apuntó que la pauta completa de la vacuna de Pfizer ofrece un 70% de protección ante la posibilidad de ser hospitalizado por covid.

lunes, 13 de diciembre de 2021

SITUACIÓN ECONÓMICA A DICIEMBRE DE 2021. Una recuperación con incertidumbres: el tapering, la inflación y la estanflación

 

Las primeras evidencias científicas de la nueva variante ómicron, han desencadenado la incertidumbre y el miedo a que naufrague la recuperación iniciada. Para España el riesgo de volver a perder nuestro principal activo, el turismo, es muchísimo más grave que la inflación, aunque esta fuese estructural (no temporal).

GLOBAL:

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha confirmado en su último informe del año, el robusto crecimiento mundial de la economía, que llegará al 5,6% este 2021 y a 4,5% en 2022. Pero advierte al mismo tiempo de que esa recuperación ha perdido “impulso” y es “cada vez más desigual”.

Los riesgos siguen siendo múltiples, (eso sin que el informe mencione la ómicron, la nueva variante de la covid), y la situación requiere que se vigile de cerca tanto la evolución de la pandemia como la inflación, más persistente de lo inicialmente estimado, o los problemas de suministro que impiden, pese al crecimiento económico, hablar de una vuelta al statu quo prepandémico. En ese punto, el organismo multilateral advierte de que “el fracaso a la hora de garantizar una vacunación rápida y eficaz en todos los países está resultando costoso, y subsiste un elevado grado de incertidumbre ante la incesante aparición de nuevas variantes del virus”.

Señala el informe, que “la recuperación es real, pero la tarea para los políticos es dura. Tienen que equilibrar prudencia, paciencia y persistencia mientras desarrollan nuevos y mejorados planes para transformar la economía de forma tal que se construya una resiliencia mucho mayor ante el riesgo de desequilibrios crecientes”. El propio informe titula este aspecto como “Acto de equilibrismo”.

La revisión de la OCDE es pequeña para la eurozona: la sitúa en un crecimiento de 5,2% este año (también una décima menos que en septiembre) y en 4,3% en 2022.

Algo más hacia la baja varían las últimas previsiones para Estados Unidos, país para el que ahora prevé que cerrará el año con un crecimiento de 5,6% (frente al 6% que estimaba en septiembre) que bajará a 3,7% en 2022. De igual modo, China crecerá este año a un robusto 8,1%, pero cuatro décimas menos de lo que calculaba hace solo tres meses. Para 2022, la expectativa es que el gigante asiático crezca 5,1%.

Señala la institución, que “la recuperación global sigue avanzando, pero ha perdido impulso y es cada vez más desigual, lo que hace que algunos países estén en peligro de quedarse atrás”. Advierte la OCDE de que “hay un número creciente de factores que amenazan con una mayor incertidumbre sobre la evolución del futuro: los atascos en las cadenas de aprovisionamiento, el aumento de los gastos de producción y, por supuesto, los continuados efectos de la pandemia con la amenaza (más evidente ahora con la ómicron) de nuevas variantes del virus.

Además, la inflación, que en los primeros informes del año se consideraba algo pasajero y sin grandes consecuencias, empieza a preocupar seriamente a los economistas. La OCDE estima que el “pico inflacionario” se alcanzará entre finales de este año y comienzos 2022 (un 3,5 y 4,2% respectivamente) antes de estabilizarse en torno al 3% en 2023.

No se descartan “sorpresas” al alza, si persisten las presiones sobre los suministros o aumentan y/o se mantienen los altos costes de energía, lo que tendría efectos negativos, señala el organismo, en momentos en que muchos países están aumentando su deuda.

La subida de los precios nos lleva a estar expectantes ante las posibles medidas que van a adoptar los bancos centrales. Existe una gran preocupación ante una posible retirada de estímulos (compra de deuda privada y pública) y posible subida de los tipos de interés.

Esa inquietud es, sin duda, mayor entre los más endeudados: familias, empresas y Estados. La Reserva Federal de Estados Unidos ya ha reaccionado reduciendo su programa de compras de deuda. El Banco Central Europeo (BCE) mantendrá su política de emergencia de compra de bonos por el momento, pero Lagarde, su presidenta, ha precisado que, en este mes de diciembre, probablemente, vaya a revisar sus medidas.

Los bancos centrales, desde hace años, son los principales gestores de la economía. Su papel y medidas salvaron a muchas economías de la Gran Recesión de 2008. Aunque la realidad es que las históricas medidas adoptadas, la llamada “expansión cuantitativa” con records de bajadas de tipos de interés e ingentes compras de deuda, que parecían transitorias, se han convertido en permanentes, por lo que se mantiene el debate respecto al tiempo que deben seguir vigentes.

No cabe duda, que es preocupante las subidas de precios que están teniendo lugar en todo el mundo, pero lo más inquietante, por sus efectos, es la incertidumbre que estamos viviendo respecto a los nuevos brotes del covid y las nuevas variantes que amenazan con truncar la recuperación económica. Habrá que esperar para ver, pero las primeras noticias no parecen alentadoras.

Por otro lado, por si fuera poco, la subida de costes es, sin duda, otro aspecto muy negativo. El aumento del precio de transportar un contenedor cargado de las mercancías de todo tipo desde Asia a Europa o Estados Unidos ha desencadenado una enorme preocupación de los agentes (exportadores e importadores), que ven reducirse a sus márgenes en un entorno que debía ser de fuerte recuperación.

La realidad, es que lo que para algunos es una crisis de suministro, para otros es una oportunidad de incrementar sus ganancias, que están sabiendo aprovechar: las navieras, dueñas de los barcos responsables de hasta el 90% del tránsito global de bienes de consumo, han visto dispararse sus ganancias a niveles sin precedentes. Se trata de las, casi únicas, ganadoras de los cuellos de botella en el comercio global y están utilizando la mayor caja derivada de la escalada de los fletes para crecer mediante compras, diversificar su negocio y ampliar sus flotas.

La danesa Maersk, que en el tercer trimestre del año ganó 5.440 millones de dólares (4.700 millones de euros), más de cinco veces más que en el mismo periodo del año pasado y casi tanto como la suma de Amazon (la cuarta empresa más valiosa del mundo) y UPS (la mayor empresa del Reino Unido). Con una plantilla de 83.000 empleados y una flota de más de 700 barcos, el valor de sus acciones en Bolsa se ha disparado un 80% en el último año. Actualmente vale alrededor de 50.000 millones de euros (lo mismo que Telefónica, IAG y Endesa juntas).

Otro grupo, el francés CMA-CGM ha pasado de perder más de 150 millones de euros en los seis primeros meses de 2020 a ganar casi 200; el beneficio operativo de la taiwanesa Evergreen se ha multiplicado, por 30 en la primera mitad del año; y el de la hongkonesa Cosco casi se cuadruplicó. La japonesa NYK ha septuplicado sus ganancias en el último trimestre y acaba de revisar al alza en cerca de un 40% su previsión anual de beneficio.

El sector se ha convertido en una especie de oligopolio, ya que el 85% del tráfico marítimo internacional está en manos de 10 empresas, donde la empresa líder fija o sube los precios y las demás le imitan.  

Frente al posible cambio cuando varie la situación, las navieras están diversificando su actividad por dos vías para generar beneficios adicionales: transitando desde un modelo de transporte “puerto a puerto” por el “de puerta a puerta”, y ampliando sus capacidades aéreas reforzando su flota de aviones.

La conversión de aviones de pasajeros a cargueros de mercancías, ha aliviado su situación durante los meses más duros de la pandemia, como única alternativa a mantener las aeronaves en tierra.

JAPÓN:

La economía de Japón volvió a arrojar números rojos en el tercer trimestre de 2021, tras un ligero crecimiento en el segundo. Los datos oficiales, hechos públicos, muestran que el Producto Interior Bruto (PIB) nipón se contrajo entre julio y septiembre mucho más rápido de lo previsto, con una caída del 0,8% con respecto al trimestre anterior.

Según las estadísticas de Japón, entre los meses de abril y junio, su PIB avanzó un 0,4% con respecto al trimestre anterior y un 7,6% interanual, impulsado por el aumento del consumo y de la inversión corporativa. Sin embargo, la variante delta del virus con el repunte en el número de contagios de covid-19, obligó a la administración a decretar medidas muy restrictivas, que, aunque finalizaron el 1 de octubre, acarrearon una caída del 1,1% en el gasto de los consumidores durante el tercer trimestre (tras un ascenso del 0,9% en el trimestre anterior) y un desplome del 3,8% en el gasto de capital (después de crecer un 2,2% en el segundo trimestre).

Además, las exportaciones de Japón retrocedieron entre julio y septiembre un 2,1% con respecto al trimestre previo, impactadas por la escasez de chips, la reducción en la producción de coches y los recortes en la cadena de suministros.

El Gobierno japonés ha aprobado el tercer paquete de estímulo económico desde el inicio la pandemia, el más cuantioso de su historia y valorado en 55,7 billones de yenes (unos 429.000 millones de euros, más del 10% de su PIB). El nuevo conjunto de medidas representa casi el doble de la cuantía prometida por el primer ministro nipón, Fumio Kishida, poniendo de relieve su determinación de centrarse en la recuperación económica y redistribuir la riqueza entre los hogares y las pequeñas empresas.

El plan de estímulo aprobado en Japón incluye gastos para mejorar la respuesta a la crisis sanitaria, así como otras medidas que no están directamente relacionadas con la pandemia.

El gasto previsto podría aumentar hasta los 79 billones de yenes (616.000 millones de euros) si se tienen en cuenta otros elementos, como los préstamos a fondos privados. La cuantía supera el plan de gasto que activó la administración de Shinzo Abe en abril del año pasado (de unos 375.000 millones de euros) y el que aprobó el Gobierno de Yoshihide Suga el pasado diciembre (309.000 millones de euros).

El proyecto incluye grandes medidas de financiación para los sectores que más han sufrido los estragos de la pandemia y los colectivos sociales más vulnerables. La mayor parte de los fondos se destinará al desarrollo de vacunas y a mejorar las condiciones de los hospitales: se aumentará el número de camas, se ampliará la disponibilidad de pruebas PCR, y se administrará la tercera dosis de la vacuna de forma gratuita.

Igualmente destaca la entrega de un cheque de 100.000 yenes (765 euros) a las personas con ingresos bajos y otro de una cantidad similar por cada hijo menor de 18 años a los hogares con pocos recursos, con el objetivo de fomentar el consumo de productos básicos y cubrir los gastos de educación. También se han aprobado subidas salariales para el personal sanitario, empleados de residencias de ancianos, maestros de guarderías y preescolar y trabajadores sociales.

La partida también comprende una inversión de 3.855 millones de euros en industrias estratégicas para la nación, como el de los semiconductores o la inteligencia artificial, y cerca de 5.400 millones de euros para equipamiento de seguridad y defensa.

A pesar de que la mayoría de inversores han aprobado las nuevas medidas, para algunos, empeorará aún más el problema de la deuda pública de Japón, la mayor del mundo, ya que se encuentra por encima del 200% de su PIB.

CHINA:

Frente a todos los debates respecto a la energía nuclear, China es el último defensor de la misma. De forma que planea generar una cantidad, realmente, ingente de energía nuclear, rápidamente y a un coste relativamente bajo con el telón de fondo de un futuro sin emisiones de carbono.

China, el mayor emisor del mundo en contaminantes, planea construir al menos 150 nuevos reactores en los próximos 15 años, más de los que el resto del mundo ha construido en los últimos 35 años, y que podrían costar 440.000 millones de dólares.

El gobierno de China ha señalado que la energía nuclear es la única forma para lograr sus objetivos futuros: 200 gigavatios para 2035, suficientes para abastecer a más de una docena de ciudades del tamaño de Pekín.

Las autoridades del país estiman que sus planes podrían evitar unos 1.500 millones de toneladas de emisiones anuales de carbono, más de lo que generan el Reino Unido, España, Francia y Alemania juntos.

Sin embargo, aunque China pretende sustituir casi todos sus 2.990 generadores de carbón por energía limpia para 2060, con reactores más rentables, seguros y flexibles del mundo, para muchos analistas, es poco probable que Estados Unidos, India y Europa den facilidades a su mayor adversario mundial en sus suministros de energía.

Veremos…, alrededor del 70% del coste de los reactores chinos está cubierto por préstamos de bancos estatales, a tipos de interés mucho más bajos que los que pueden conseguir otras naciones.

LATINOAMERICA:

La subida de precios deja a América Latina muy perjudicada, con dos grandes salvedades: Brasil y Argentina. Brasil, un país en el que, aunque beneficiado en lo macro (exporta mucha más comida de la que importa), el gasto alimentario de los hogares ha aumentado alrededor de un 12% en el último año. Su IPC supera el 10%, lo que le ha obligado a subir 1,5 puntos de golpe (la mayor subida en dos décadas). México, donde las cuatro últimas reuniones de su banco central han decidido incrementos en las tasas de interés. El índice general de precios sube empujado por la energía y la comida.

Las expectativas no son halagüeñas: la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ha pronosticado, con un 90% de probabilidades, que se repita por segundo invierno consecutivo el fenómeno climatológico de “La Niña”, que suele agravar las sequías y merma las cosechas en el Cono Sur americano.

ESTADOS UNIDOS:

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha anunciado que el Departamento de Energía estadounidense liberará 50 millones de barriles de petróleo de la Reserva Estratégica de Petróleo (unos 620 millones de barriles) con la finalidad de reducir los precios y abordar el desajuste entre la demanda y la oferta. Se trata de un movimiento coordinado con otros grandes consumidores de crudo como China, Japón, el Reino Unido o Corea del Sur.

De esos millones de barriles que se ofertan, más de la mitad, 32 millones, estarán disponibles durante los próximos meses a través del mecanismo de intercambio, liberando así un volumen de petróleo que eventualmente regresará automáticamente a la Reserva Estratégica en los próximos años. El resto, 18 millones, se pondrán en circulación de forma acelerada en los próximos meses como parte de una venta que el Congreso estadounidense había autorizado con anterioridad.

El anuncio de la Casa Blanca -un abierto desafío a la OPEP-, ha tenido lugar una vez que los demócratas de la Cámara de Representantes urgiesen a Biden a liberar petróleo de la Reserva Estratégica y a restablecer, al menos temporalmente, una prohibición de las exportaciones de crudo para ayudar a reducir los precios y garantizar “energía asequible para las familias estadounidenses”. La decisión se ha adoptado cuando la inflación ha registrado su nivel más alto (6,2%) de los últimos 30 años, un incremento que se hace notar especialmente en dos gastos básicos como los alquileres y la factura de la luz y el gas.

La Casa Blanca en un comunicado, ha señalado que “el presidente está dispuesto a tomar medidas adicionales, si es necesario, y está dispuesto a utilizar todos sus poderes trabajando en coordinación con el resto del mundo para mantener un suministro adecuado a medida que salgamos de la pandemia. Los consumidores estadounidenses están sintiendo el impacto de los elevados precios de la gasolina en el surtidor y en las facturas de calefacción de sus hogares, y las empresas también lo están porque el suministro de petróleo no se ha mantenido a la altura de la demanda a medida que la economía mundial emerge de la pandemia. Por eso el presidente Biden está utilizando todas las herramientas disponibles para trabajar a fin de reducir los precios y abordar la falta de suministro”.

Para algunos analistas, estos intentos para resolver abordar los problemas en el suministro de petróleo, pueden resultar fallidos como consecuencia de las prácticas anticompetitivas de las empresas dominantes del mercado, que impidan que los consumidores se beneficien de la caída de los precios del petróleo. Según señala la propia administración estadounidense, “existe una creciente evidencia de que la caída de los precios del petróleo no se traduce en precios más bajos en el surtidor”.

EUROZONA:

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha reiterado que no prevé subidas de tipos al menos hasta 2023. Ha sugerido que un cambio de este tipo en su política monetaria, en respuesta a una escalada de la inflación que considera de carácter transitorio, supondría un endurecimiento prematuro de las condiciones financieras y añadiría un lastre injustificado a la recuperación de la Eurozona, por lo que no cree que a lo largo de 2022 se den las circunstancias necesarias para tomar esta decisión: “es muy poco probable que se cumplan las condiciones para subir tipos el próximo año. Incluso después de que finalice la situación de emergencia de la pandemia, será importante para la política monetaria, incluido el ajuste de las compras de activos, apoyar la recuperación y la vuelta sostenida al objetivo del 2%”.

“Esta inflación es inoportuna y dolorosa y hay naturalmente preocupaciones sobre cuánto tiempo durará. Tomamos muy en serio estas preocupaciones y observamos la evolución con cuidado”. A la vez, reconocía que “una inflación más elevada reduce los ingresos reales, especialmente de aquellos más desfavorecidos en la distribución”.

La dirigente ha argumentado que restringir la política monetaria prematuramente no abordaría las causas de la inflación, porque los precios de la energía se utilizan de forma global y la política monetaria del BCE no puede remediar los cuellos de botella de la oferta. En este sentido, ha defendido que, para devolver la inflación de manera sostenible a esa meta, cuando las tasas de interés están cerca del límite inferior efectivo, el BCE debe ser “persistente en su política monetaria, y no debe apresurarse a un endurecimiento prematuro empujado por shocks inflacionarios transitorios o impulsados por la oferta. En un momento en que el poder adquisitivo ya se está viendo reducido por el aumento de las facturas de la energía y el combustible, un ajuste indebido representaría un viento en contra injustificado para la recuperación. Solo empeoraría esta presión sobre los ingresos”.

Por el contrario, el presidente del Bundesbank alemán, Jens Weidmann, se apresuró a corregir en público el discurso de la presidenta, señalando que el BCE debería evitar cualquier compromiso que mantenga abierto el grifo del dinero. Ha señalado que “unas expectativas de inflación más altas y un mayor crecimiento de los salarios reforzarán las presiones sobre los precios a medio plazo y será entonces más difícil poner palos en la rueda de la inflación”.

La realidad, es que según Eurostat, los precios siguen subiendo. El IPC en la zona euro ha subido hasta el 4,9% en noviembre. Es la cifra más alta, desde 1977, en la serie histórica de la oficina europea de estadísticas. Esta subida estaba anunciada. Analistas y bancos centrales lo habían advertido. Pero no por eso es menos sorprendente ver la inflación en unos niveles que Europa no ha conocido en varias décadas.

En países como Alemania, con una opinión pública y política siempre sensible a los movimientos de los precios, el incremento de los precios ha sido en un solo mes de 1,4 puntos al llegar su IPC anual al 6%. Bélgica se sitúa en algo más del 7%, y le superan los tres países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia). Los únicos países de la zona euro en los que podría hablarse de una inflación más moderada son Francia (3,4%) y Portugal (2,7%).

Esta subida ha seguido disparando las peticiones de quienes piden al Banco Central Europeo (BCE) que empiece a retirar los estímulos económicos para tratar de contener los precios.

Sin embargo, por ahora, los máximos responsables del BCE se mantienen firmes en las decisiones anunciadas para los próximos meses, Luis de Guindos ha señalado que: “dejamos claro que comenzaremos a subir los tipos poco después de haber finalizado nuestras compras netas de activos. Confío en que esas compras netas continuarán durante el próximo año”.

El cambio en la política monetaria expansiva que ha mantenido el BCE en los últimos tiempos podría enfriar la economía, justo en un momento en que las incertidumbres se han disparado con la aparición de una nueva variante de la covid-19 sobre la que se sabe muy poco. Entre lo que no se conoce de esta mutación del virus está la eficacia de las vacunas. Esta nueva incógnita, en consecuencia, complica mucho más el objetivo de alcanzar una política económica que mantenga los estímulos para consolidar una recuperación vigorosa e incierta a la vez, y que intente contener unos precios desbocados en los últimos meses.

Los bancos centrales siguen apostando a que la subida es coyuntural y que entrado 2022 la inflación perderá fuelle, aunque también han empezado a admitir que el aumento del IPC es más vigoroso de lo que esperaban en principio. Por ahora, los efectos de segunda ronda (que la inflación se traslade a los salarios) son muy pequeños.

Analizando el aumento de precios en la zona euro, destacan los habidos en estos recientes meses: electricidad e hidrocarburos (los precios de este epígrafe han subido algo más del 27,4%). Muy por encima de otros productos básicos de la cesta de la compra, como los productos de comida frescos (1,9%) o la comida procesada 2,6%.

Lagarde, igualmente, ha soportado las quejas de la banca privada, ahogada por los bajos tipos de interés y convencida, según los bancos de que “el BCE no actúa con fidelidad a su mandato, sino como un agente político que trata de sostener artificialmente a los países del sur del Europa que se encuentran en quiebra técnica. La inflación durará más y las tasas de inflación se mantendrán más altas de lo que muchos piensan en este momento. Por lo tanto, una reacción de los bancos centrales debería ser más rápida de lo planeado”.

ESPAÑA:

Comencemos por lo positivo: según las cifras de paro registrado a fínales de noviembre, por noveno mes consecutivo el paro sigue disminuyendo en España, una situación bajista sin precedentes en la estadística laboral. Con mayor brillo, si cabe, por extenderse a lo largo de meses, como el de noviembre, tradicionalmente malos para el empleo.  

De nuevo los datos del empleo siguen siendo buenos (según las afiliaciones a la Seguridad Social, tenemos más ocupados que nunca en España) y el histórico contable suma la cifra más alta.  En noviembre el paro bajó respecto a octubre (-74.381) hasta situarse en 3.182.687 personas desempleadas, el dato más bajo para este momento del año desde 2008. Los sectores que capitalizan este recorte son la Agricultura (-6.072, un -3,89%) y la Industria (-7.689, un -2,91%); por delante de los Servicios (-48.528, un -2,11%) y la Construcción (-4.336, un 1,70%).

Las afiliaciones a la Seguridad Social suben por tercer mes consecutivo hasta situarse en 19.752.358 (+61.768), nuevo máximo, situándose de nuevo por encima de los datos previos a la aparición del coronavirus. También los datos son buenos por el lado de las contrataciones: se han formalizado 2.021.546 contratos, la cifra más alta para este mes en toda la serie histórica; siendo 282.981 de ellas de carácter indefinido (14%), de nuevo el dato más alto para esta categoría desde que se tienen registros.

Igualmente, destaca que, respecto a los ERTE, los datos de finales de noviembre reflejan que al amparo de la recuperación el colectivo de trabajadores afectados todavía sigue siendo cada vez menor. En noviembre se contabilizaron 125.632 personas, la cifra más baja desde que allá por abril de 2020 se reunieran más de 3,6 millones.

La inesperada consistencia del empleo no parece haberse inmutado por alteraciones como la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), a pesar de los pronósticos del propio Banco de España. Los 15 euros en los que se incrementó desde septiembre hasta situarse en 965 mensuales en 14 pagas, auguraban reducciones en las contrataciones que no se están produciendo. Y ya son tres meses en los que el efecto de la subida no se ha hecho notar.

La no correspondencia de este repunte y las estadísticas de la marcha del PIB, que, aunque el producto siga creciendo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para 2021, ha rebajado el crecimiento económico del 6,8% al 4,5%, y en 2022, del 6,6% al 5,5%.

Esta circunstancia unida al aumento de la recaudación, en cierta medida, supone cierta distorsión en las cifras.

Y es que la OCDE ha rebajado las previsiones de crecimiento para España para 2021, del 6,8% al 4,5%, y en 2022, del 6,6% al 5,5%. Para 2023, augura una expansión del 3,8%. El organismo con sede en París sigue la estela de otras instituciones internacionales, entre ellas el FMI y la Comisión Europea, que recortaron sus pronósticos para España después de que el Instituto Nacional de Estadística (INE) diera una drástica rebaja a su estimación inicial del crecimiento del PIB del segundo trimestre, del 2,8% al 1,1%.

La recuperación económica es clara, pero más modesta que la augurada en anteriores informes, por lo que el Producto Interior Bruto (PIB) español no recuperará el nivel que tenía antes de la pandemia hasta el primer trimestre de 2023.

Según la OCDE, “la demanda doméstica será el principal motor del crecimiento, ya que una mayor confianza, la mejora de las condiciones del mercado laboral, las condiciones de financiación favorables y los fondos Next Generation de la UE impulsaran al consumo y a la inversión privados”.

La OCDE prevé que la tasa de ahorro vaya recuperando los niveles anteriores a la pandemia a medida que los hogares vayan consumiendo y atendiendo las necesidades que pospusieron, pasando del 10,8% de sus ingresos disponibles en 2020 al 6,9% en 2021 y el 4,8% en 2022.

Igualmente, señala el Informe de la OCDE, que han sido decisivos los ERTE que el documento señala “que han permitido limitar la destrucción de empleo y allanar el camino a la recuperación económica. El aumento de las afiliaciones a la Seguridad Social y la reducción del volumen de trabajadores que se hallan en esos mecanismos de protección temporal están devolviendo al mercado laboral a niveles casi similares a los de antes de la pandemia”. En concreto, la OCDE prevé que la tasa de paro regrese en 2022 a una tasa del 14,2% y siga cayendo en 2023 hasta el 13,6%. Sin embargo, el informe señala los dos grandes agujeros del mercado laboral español: la elevada tasa de parados de larga duración (32%) y jóvenes (30%).

La crisis ha tenido un impacto en las finanzas públicas, tanto por las dimensiones del desplome (la economía cayó un 10,8% en 2020) como por el gasto en el que incurrieron las Administraciones para hacer frente a la emergencia sanitaria y económica. España cerró el año pasado con un desfase presupuestario equivalente al 11% del Producto Interior Bruto (PIB). Las Administraciones irán drenando ese déficit hasta el 8,1% del PIB en 2021, el 5,4% en 2022 y el 4,2% en 2023. La deuda pública, que escaló del 95,5% de 2019 al 120% de 2020, también irá reduciéndose hasta llegar al 115,9% del PIB en 2024.

Por otro lado, la posibilidad de que los precios den una tregua en la recta final del año se desvanece. La inflación subió en noviembre un 5,6% respecto al año pasado, dos décimas por encima de la registrada en octubre, y su nivel más alto desde septiembre de 1992, hace casi tres décadas. Los datos preliminares, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), marcan nuevos máximos anuales para la inflación en España, que ha crecido sin interrupciones desde marzo. El organismo achaca el avance a las subidas de los precios de la alimentación y, en menor medida, de los carburantes y lubricantes para vehículos. Como noticia más positiva, detecta una caída de los precios de la electricidad.

Las cifras elevan la inquietud por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, y coloca nuevos obstáculos a la recuperación al desviar parte del ahorro embalsado que debía ir a consumo hacia partidas como el sobrecoste en la cesta de la compra, llenar el depósito del coche, y la factura eléctrica situada en umbrales históricamente elevados.

La inflación subyacente, sin duda el indicador más fiable para medir la evolución y tendencia de los precios, ya que no tiene en cuenta los precios de la energía y de los alimentos frescos (los elementos más volátiles), también ha subido, pasando del 1,4% al 1,7%.

Con el dato de noviembre ya puede calcularse la inflación media de diciembre de 2020 a noviembre de 2021 (sirve de referencia para la subida de las pensiones). Como resultado, las pensiones aumentarán un 2,5% a partir de enero. La vinculación de las pensiones con el índice de precios de consumo (IPC) aprobada en la primera parte de la reforma de las pensiones provocará ese incremento.

Junto a ese aumento, será necesario otro ajuste más en 2022, como consecuencia de un aumento de los precios superior al estipulado por el Gobierno para 2021: por ello, habrá otra paga para los pensionistas con la que compensar el desfase de las previsiones.

Según los últimos datos del Ministerio de Seguridad Social, en noviembre se contabilizaron 8,9 millones de beneficiarios, cuya asignación media fue de 1.038,49 euros; mientras que la cuantía media para las jubilaciones alcanzó los 1.194,94 euros.

La realidad, es que la inflación lleva meses en el debate económico. Los bancos centrales repiten que es transitoria, una fórmula intencionadamente ambigua que nadie sabe traducir en meses. Países muy endeudados, como España, temen que se acelere la retirada de estímulos monetarios para evitar el sobrecalentamiento y se encarezca así su financiación en los mercados. Los inversores hacen cábalas sobre el impacto en Bolsas, divisas y materias primas de las futuras subidas de tipos de interés. Los trabajadores reclaman, en casos como el del sector del metal en Cádiz, adaptar sus salarios a la nueva realidad del coste de la vida. Y los consumidores ya han detectado el golpe al acudir a los supermercados, con importantes alzas en productos tan utilizados como el aceite de oliva, y otros muy importantes en la cesta de la compra.

Sin embargo, mucho más preocupante que el comportamiento de los precios, es la amenaza de la recién descubierta variante Ómicron del coronavirus que puede propiciar un cambio de prioridades. Si el riesgo sanitario vuelve a un primer plano acompañado de confinamientos, restricciones a la movilidad y limitaciones horarias a los negocios, la preocupación virará desde la inflación hacia la debilidad de la recuperación económica en marcha, y la caída de los precios llegaría, previsiblemente, no por la deseada vuelta a la normalidad, sino por un fuerte retroceso del consumo y de las cotizaciones de gas y petróleo, muy ligadas al crecimiento económico.

Según Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI), existe una enorme incertidumbre: “si la variante sudafricana cobra personalidad, la inflación no sería la principal preocupación, sino la cuantía y la calidad de la recuperación. Es un momento complicado, porque, aunque veamos indicadores sanitarios aceptables aquí, en Europa empezamos a ver países en situación complicada. Si la variante complica la vida a Europa y vuelven restricciones serias en movilidad, la Semana Santa y el verano se irán al traste. Y eso son malas noticias: una parte muy significativa de la recuperación española depende de volver a los 83 millones de visitantes extranjeros de 2019”.

Por ahora, ya se está notando su incidencia negativa, ya que la subida de la incidencia de la pandemia del coronavirus impacta ya en las reservas hoteleras y hosteleras. Las cancelaciones que está sufriendo el sector está inquietando a los empresarios, que temen que la situación acabe con la campaña de invierno. En los destinos más dependientes del turismo extranjero, el impacto es mayor que el nacional.

Algunos hoteles están empezando a sufrir un aluvión de cancelaciones por las restricciones de la pandemia. En la Costa del Sol las reservas de los hoteles se han reducido un 25%. La variante sudafricana ómicron se suma al retroceso del turismo que sufre Canarias, siempre dependiente de la llegada de extranjeros a sus islas desde países como Alemania y Reino Unido.

Además dentro de la elevada incertidumbre general (no existen análisis que puedan prever cuál va a ser la evolución de la crisis económico-sanitaria), las subidas de precios y sus causas siguen latentes: los problemas de las cadenas de suministro en el comercio global se mantienen en forma de cuellos de botella en los puertos por la falta de camioneros y una carencia de chips que está obligando a las fábricas de automóviles a efectuar parones por retrasos en su llegada de hasta 25 semanas, y mantiene en vilo a casi 40.000 empleados de las factorías de Volkswagen, Stellantis, Renault, Ford y Mercedes en España.

Por otro lado, la revalorización de las pensiones con el IPC ha sido uno de los hitos principales de la primera parte de la reforma de las pensiones que han acordado Gobierno, sindicatos y patronal en el seno del diálogo social, y con la que se daba cumplimiento a la recomendación segunda del Pacto de Toledo.

Durante la tramitación parlamentaria de la reforma de las pensiones el Gobierno aprobó también la equiparación de las parejas de hecho con los matrimonios en cuanto a las pensiones de viudedad, y la elaboración y remisión a la Comisión de Seguimiento y Evaluación de los Acuerdos del Pacto de Toledo “un informe relativo a los ingresos provenientes de cotizaciones sociales y a los gastos de naturaleza contributiva y no contributiva”.

Volviendo a la subida de los precios, el aumento refleja que los alimentos se han sumado a una tendencia tan preocupante para el bolsillo de los consumidores (especialmente para los de menores recursos) como para los bancos centrales. La pandemia ha trastocado todas las variables económicas, y el sector primario no es ni mucho menos ajeno: un inusual y peligroso cóctel de menor oferta y mayor demanda ha elevado en un 30% los precios en origen en solo un año, su nivel más alto en una década, según los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO).

Los precedentes son escasos, y no admite paralelismos con nuestros días.

Lo más alarmante ha sido la velocidad a la que se han disparado los precios de los alimentos. Según el Centro de Investigación de Economía y Desarrollo Agroalimentario (CREDA), “con los cuellos de botella en el transporte, la subida de precios parece coyuntural y no debería ir para muy largo. Pero es una tormenta perfecta en la que confluyen muchas cosas a la vez”.

Aunque el alza es generalizada, hay importantes diferencias por grupos de productos: el mayor aumento, es el que afecta a los aceites vegetales, que suben un 75% desde octubre del año pasado, seguidos a gran distancia por el azúcar (+40%) y los cereales (+22%). La escalada de estos últimos es especialmente significativa: además de ser la clave de bóveda de la dieta a lo largo y ancho del mundo, tienen un significativo efecto arrastre sobre otros subgrupos de productos, como la carne (son la base de la alimentación del ganado) que se encarece un 22%.

Existe una extraordinaria confluencia de factores que influyen en el comportamiento de los precios. Entre ellos se encuentra el fortísimo estirón de las compras del país más poblado del planeta, China, que en la primera mitad del año pugnó con fuerza en los mercados para reconstruir sus reservas estratégicas. También por un aumento en la demanda de biocombustibles (etanol, biodiésel), que son mucho más atractivos con la energía en máximos (tal como se encuentra en estos momentos) y que presionan al alza tanto al azúcar como a los aceites. Y por una menor oferta de lo habitual en algunos de los mayores productores de alimentos del mundo por factores climáticos: inundaciones en Asia, sequía en Brasil, Rusia y en varios Estados de Estados Unidos. El reciente encarecimiento de los fertilizantes, un elemento clave en los costes agrícolas ha terminado de contribuir al comportamiento de los precios.

En todo caso, la especulación ha crecido con fuerza en los mercados alimentarios. Este fenómeno de “creciente financiarización”, según Brigit Busicchia, profesora de la Macquarie University de Sídney (Australia), “está perturbando los fundamentos tradicionales de la oferta y la demanda en el sector primario, y está amplificando las fluctuaciones de precios”.

Para que el análisis sea completo, hay que sumar a la tremenda subida en los costes de transporte derivada del atasco global en los puertos, y del igualmente brutal encarecimiento del petróleo en los últimos tiempos.

Según técnicos del FMI, la subida de los precios de los precios citados, tardará entre seis y 12 meses en llegar en toda su extensión a la factura que recae sobre el consumidor. Así “que el incremento, que empezó la primavera pasada solo empieza a notarse ahora en los lineales de los supermercados. En los próximos tiempos seguiremos viendo subidas en la factura que pagamos por la comida”.

Los efectos de la inflación alimentaria son muy regresivos: afectan más a quienes menos tienen, y es asimétrico en lo geográfico. En el mundo rico, las capas más pobres de la población tienen las de perder. La comida supone una fracción mayor de sus gastos y, por tanto, su encarecimiento resta un mayor poder de compra. Los más acaudalados, mientras, apenas notarán el alza: para ellos la factura del supermercado tiene una importancia residual sobre sus gastos totales. Con todo, el problema fundamental está en las naciones de renta media, donde la dependencia de las importaciones es mayor y gran parte de la población se ve severamente golpeada por cualquier aumento en la cesta de la compra.

Esta divergencia, además, surge en un momento crítico, tras una pandemia que ha agravado la desigualdad en todas sus vertientes: entre individuos, pero también entre países y bloques.

Como consecuencia de la pandemia, se han provocado grandes vaivenes en la economía. Ello ha agudizado los cambios en las estadísticas con la consiguiente dificultad de su interpretación.  Ello explica la controversia vivida con la revisión a la baja del crecimiento del PIB del segundo trimestre realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Igualmente ha surgido dudas sobre la brecha que existe entre el empleo y el PIB: a pesar de la buena marcha del mercado laboral, la economía no avanza al mismo ritmo y la productividad se hunde. Los técnicos del INE han manifestado que usan más de 700 indicadores y que siguen al pie de la letra el manual del Sistema Estadístico Europeo, lo que ha supuesto un esfuerzo ímprobo durante la pandemia. Además, anticiparon que a la luz de las últimas cifras podría haber una revisión al alza del tercer trimestre, que en la estimación avanzada por el organismo a finales de octubre contabilizó un crecimiento trimestral del 2%.

Una de las razones, según los técnicos del INE, es el comportamiento del turismo internacional. Lo que está afectando negativamente al consumo.

Respecto al distanciamiento señalado entre el empleo y el PIB, el INE indicó que lo importante es tomar las horas trabajadas, dado que ha habido muchos empleados en ERTE. En un momento de grandes cambios sectoriales, el PIB parece recuperarse más en ramas de baja productividad como el sector público, la rehabilitación de vivienda, la hostelería o el transporte. Es decir, por más que se recobre el empleo, las ventas no mejoran en la misma medida porque se trata de actividades poco productivas. Muchas empresas han podido recuperar a sus trabajadores del ERTE antes de haber recobrado la demanda.

Sin embargo, las exportaciones han recuperado los niveles previos a la pandemia, e incluso alcanzando niveles récord. Aunque la realidad, es que esta evolución se explica por la subida de precios de las mismas. En todo caso, hasta septiembre las ventas españolas al exterior se situaron en los 229.962 millones, un 22,1% más que hace un año y un 6% más que en 2019.

En ese periodo, las exportaciones de productos no energéticos crecieron un 14,9% interanual en volumen, mientras que los precios aumentaron un 5%. En el caso de los productos energéticos, los precios subieron un 33,2% y en volumen crecieron un 11,3%.

Solo en septiembre las ventas crecieron un 21,9%. Pero en ese mes se vio todavía de manera más evidente el peso de los precios: por volumen, el aumento de ventas fue del 8,9%, ya que los precios por índice de valor unitario repuntaron un 11,9%.

Según datos publicados por el Ministerio de Industria, los principales sectores en términos de peso sobre las exportaciones de los tres primeros trimestres del año fueron los bienes de equipo (18,8% del total tras aumentar un 17,8%), el sector agroalimentario más tabaco (18,2%), los productos químicos (16,9%) y la automoción (15,4%). Pero la actividad que mayor está aportando al crecimiento de las ventas al extranjero es la química, que aporta 4,6 puntos del crecimiento general del 22,1%. Las ventas de petróleo y derivados a Italia, Países Bajos, Marruecos y Estados Unidos fueron las que más contribuyeron al repunte.

Por lo que respecta al ritmo de las importaciones, estas registran un nivel similar que el de las exportaciones. Crecieron un 21,9% entre enero y septiembre, pese a que al ser un valor superior (243.229 millones de euros), el saldo comercial aumentó un 19,5%. Mientras el saldo no energético tuvo un superávit de 3.125 millones (un año antes fue de 116 millones), el déficit energético creció un 46% (16.392 millones).

Por otro lado, según datos del Banco de España, la banca ha efectuado provisiones para cubrirse de futuros impagos, por un valor de 103.000 millones de euros a finales del pasado junio.

El sector bancario ha cesado la venta de carteras de activos improductivos, tanto de inmuebles como de préstamos dudosos, desde la crisis sanitaria. Solo una reactivación de estas operaciones rebajaría la mora en los balances de las entidades. De hecho, la banca realizó transacciones de créditos dudosos en 2020 por 6.900 millones de euros, muy lejos de los traspasos por 21.000 millones de euros de 2019.

Sólo los mayores bancos, Santander, CaixaBank y BBVA, alcanzarán una ratio de mora a 2023 que rozará o alcanzará el 5%. No obstante, esta cifra aún no supera la tasa de morosidad que alcanzaron estas entidades en la última gran recesión, especialmente en 2013, el año en el que los impagos se situaron en su pico más alto, llegando a superar el conjunto del sector el 13%. Por entidades, Santander alcanzó ese ejercicio una tasa de mora del 5,64%; BBVA la situó en el 6,8% y CaixaBank, la incrementó hasta el 11,6%.

Todo ello, ha llevado a que el Banco de España haya alertado, en la presentación de su informe de Estabilidad Financiera, que hay entidades que tienen que realizar más provisiones ante el riesgo del deterioro crediticio, puesto que el 40% de los bancos no cubrirían todas sus pérdidas.

MERCADOS:

La nueva variante de coronavirus detectada en Sudáfrica, bautizada como Ómicron por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el ritmo creciente de contagios ha hecho saltar la alarma en los mercados. El Ibex 35 se desplomó durante un “viernes negro”, no precisamente por el Black Friday. Como resultado, el Ibex 35 se ha convertido de nuevo en el peor índice de todo el continente. El selectivo español sufrió una caída de 4,96%, (la mayor desde junio de 2020) y perdió el nivel de los 8.500 puntos En estos momentos, se ha situado algo por encima de los 8.300 puntos. En definitiva, ha tenido lugar el mayor hundimiento del índice español en casi un año y medio.


Y es que el mes de noviembre ha sido un mes nefasto para la Bolsa española, que ha perdido un 8,31 %. Se trata de la mayor caída en un mes desde que comenzó la pandemia el año pasado. El Ibex 35, principal índice del mercado, se ha dejado 752 puntos y ha cerrado en 8.305,1 puntos. No se había visto una caída tan intensa desde marzo de 2020, cuando estalló la pandemia y la Bolsa se hundió 1.937 puntos, un 22,21 %.

El resto de los parqués europeos también han apuntado pérdidas considerables: Fráncfort, Milán, París y el Eurostoxx 50, que agrupa las 50 empresas más importantes de la zona del euro, se han derrumbado siguiendo la estela iniciada por los mercados asiáticos. Lo mismo ha ocurrido en Wall Street.

El miedo a la vuelta a la fase más aguda de la crisis sanitaria ha teñido de rojo a casi todos los valores del selectivo español. Los más penalizados son aquellos relacionados con el turismo y los viajes. Pero los bancos también han sufrido fuertes caídas.

La amenaza de una nueva variante puede retrasar la retirada de estímulos por parte de los bancos centrales si perciben que la recuperación está en riesgo. La fecha clave es mediados de diciembre, cuando tanto la Reserva Federal de Estados Unidos como el Banco Central Europeo se reunirán.

Por otro lado, el precio del barril de petróleo Brent, el de referencia para el Viejo Continente, se ha situado algo por encima de los 70 dólares, y el Texas en alrededor de 68 dólares.

Entre las materias primas, destaca también la revalorización del oro hasta casi 1.600 euros por onza, un valor refugio para los inversores ante los retrocesos experimentados en el mercado.

Por otro lado, en relación al mercado de divisas, la divergencia en el tono de la política monetaria a ambos del Atlántico (con la inflación al alza en todo el mundo, la Reserva Federal ha anunciado que empezará a retirar estímulos este mes mediante la reducción de sus masivas compras de deuda) ha llevado a la moneda única a mínimos de un año y cuatro meses frente al dólar.

A finales de noviembre, un euro barato se cambiaba por 1,13 dólares, frente a los 1,23 de principios de año. Se trata de una excelente noticia para los exportadores españoles que ven como sus productos se abaratan frente a sus competidores de fuera de la eurozona, pero también una mala nueva desde el punto de vista energético, dado que tanto el petróleo como el gas natural cotizan en la divisa estadounidense y su fortalecimiento encarece las importaciones.

Respecto al mercado inmobiliario, según datos del Índice Inmobiliario Fotocasa, en España el precio de la vivienda en alquiler descendió en octubre un 0,5% respecto al mes anterior y un 6,1% en el último año, situando su precio en 10,09 /m2 al mes.

La caída interanual del alquiler (-6,1%) fue la mayor registrada en 10 años, desde noviembre de 2011 (-6,4%).

Según el INE. la compraventa de viviendas se disparó un 40,6% el pasado mes de septiembre en relación al mismo mes de 2020, hasta sumar 53.410 operaciones, su mayor cifra en un mes de septiembre desde el ejercicio 2007. Pero es que, además, el número de compraventas de viviendas de septiembre es además la mayor cifra de operaciones efectuada en cualquier mes desde abril de 2008, cuando las compraventas alcanzaron las 54.801.

Según los datos publicados, la compraventa de viviendas ya ha encadenado siete meses consecutivos de tasas positivas tras las subidas del 32,4% y del 65,9% registradas en marzo y abril, respectivamente, del 107,6% en mayo, del 73,5% en junio, del 53,5% en julio y del 57,9% en agosto.

Finalmente, las ventas de coches continúan en caída libre a causa de la escasez mundial de microchips. Según cifras facilitadas por Anfac, la Asociación Nacional de Fabricantes de Automóviles y Camiones, en el mes de noviembre se han matriculado en España 66.399 turismos, lo que supone una reducción del 12,3% respecto al mismo mes de 2020, un año marcado por el inicio de la pandemia. Si la comparación se hace con el 2019, el desplome es del 28,7%.

Con este dato de noviembre, las matriculaciones acumulan ya cinco meses de caídas, aunque en el conjunto del año las ventas de coches se mantienen en positivo, con un crecimiento del 4% respecto a 2020, con un total de 773.396 unidades (una tercera parte menos que el mismo periodo de 2019).

EMPRESAS:

El consejo de administración de Inditex, a petición de su presidente, Pablo Isla, de 57 años, ha aceptado la salida del ejecutivo tanto de la presidencia como del consejo y su comisión ejecutiva. Se trata de una desvinculación de “mutuo acuerdo”, según ha informado la compañía a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Tomará el relevo como presidenta, aunque con carácter no ejecutivo, Marta Ortega Pérez, de 37 años, hija de Amancio Ortega, fundador del grupo, en un nombramiento que será efectivo a partir del 1 de abril del próximo año. Hasta entonces, Isla seguirá al frente de la compañía.

Como suele ocurrir con cambios de tal calado en las grandes empresas, los mercados son los primeros en reaccionar. Y en este caso no han recibido con agrado el anuncio de salida de Isla, un directivo muy bien valorado por los analistas que no ha querido adelantar qué hará cuando deje el grupo. La cotización de Inditex llegó a caer en el momento de conocerse la noticia, a finales de noviembre, nada menos que un 6.10%.