martes, 18 de octubre de 2022

SITUACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA Y MUNDIAL A OCTUBRE DE 2022: La inflación y la incertidumbre de la guerra motivada por la invasión de Ucrania siguen campeando por la economía global. Los bancos centrales están reaccionando con importantes subidas en el tipo de interés, motivando el temor que originen recesión en las economías más importantes, sin haber conseguido contener las subidas de precios, al menos, a corto plazo.

 

GLOBAL:

La evolución económica viene marcada por el repunte de la inflación, que ha sido persistente y global.  Las razones del alza de la inflación son muy diversas -combinan factores de oferta y demanda- variando para cada una de las zonas geográficas: Los altos precios de las materias primas en los mercados internacionales, los cuellos de botella en la producción de determinados bienes, y los problemas sufridos en el transporte marítimo. La desaparición de las restricciones por la pandemia, se ha traducido en una intensificación de la demanda de los servicios, provocando una subida de los precios del ocio, la restauración y el turismo. Incluso, podíamos citar al aumento del teletrabajo, que ha determinado un incremento del gasto en equipamiento del hogar, aunque quizá haya sido compensada por un menor gasto en transporte y gastos de comedor fuera de casa.

Por otro lado, el continente europeo está extremadamente expuesta a los efectos económicos de la invasión rusa de Ucrania, dada su cercanía geográfica, sus estrechos lazos comerciales y financieros con Rusia y, especialmente, por la elevada dependencia de las importaciones de combustibles fósiles desde Rusia, siendo limitada la capacidad para su sustitución a corto plazo.

Al comienzo de la guerra, las importaciones de gas desde Rusia suponían aproximadamente un 40 % del consumo de gas en Europa y un 10 % del consumo total de energía. La combinación de la elevada inflación, el endurecimiento de las condiciones de financiación asociado a la reacción de la política monetaria en muchos países, entre otros aspectos, están afectando negativamente a la economía global y han generado una revisión generalizada a la baja de las proyecciones macroeconómicas: en Estados Unidos el PIB real se redujo en los dos primeros trimestres y en China la actividad cayó de manera abrupta en el segundo trimestre como resultado de las medidas aplicadas por las autoridades bajo la estrategia de COVID-0.

Como consecuencia de la situación económica, el comercio internacional se ha desacelerado, aunque se mantienen sus precios tan elevados.

Ha habido una tendencia a la moderación de los precios de la mayoría de las materias primas, que han tendido a moderar sus precios, como respuesta a las perspectivas de desaceleración económica global. 

Por otro lado, ha aumentado la preocupación respecto a los efectos de las subidas de tipos de interés motivada por el endurecimiento de la política monetaria, justificada por las presiones inflacionistas en cada región.

En definitiva, se mantiene una enorme incertidumbre, ya que las economías se enfrentan a retos muy complejos, con una guerra en suelo europeo y un fuerte aumento de las tensiones geopolíticas.

Esta situación motiva que haya cundido el temor de los banqueros centrales respecto a que la inflación se enquiste en la economía. Un aspecto poco tratado es el de las expectativas: si los agentes creen que los precios van a subir mucho, actuarán con arreglo a ello y acabará convirtiéndose en una profecía que se autocumple. La correa de transmisión habitual es la llamada espiral “precios-salarios” o “beneficios-salarios”. Los costes suben, y para mantener los márgenes de beneficio, aumentan los precios, por los que los trabajadores reclaman subidas de sueldos, … los costes vuelven a subir, las empresas subirán de nuevo los precios, volviendo a reclamar los empleados nuevas actualizaciones salariales. Si las tasas de paro son bajas, como en Estados Unidos y muchos otros países desarrollados, el poder negociador de los trabajadores es mayor y el riesgo, por lo tanto, aumenta.

El FMI, sin embargo, no cree que de momento esto esté sucediendo. Ha señalado en su informe Perspectivas de la Economía Mundial, que “hay tres factores que contribuyen a contener los riesgos: las perturbaciones subyacentes de la inflación proceden de fuera del mercado laboral, la caída de los salarios reales contribuye a reducir las presiones sobre los precios y los bancos centrales están endureciendo enérgicamente su política monetaria”.  

El problema es que el endurecimiento de las condiciones monetarias, puede provocar la recesión económica, o caída del PIB en las economías durante dos trimestres consecutivos.

ESTADOS UNIDOS:

Las subidas de precios parecen ralentizarse, aunque preocupa la inflación subyacente (la que excluye a los componentes más volátiles, energía y alimentos frescos) que ha vuelto a subir, situándose en un máximo del 6,3%.

El IPC interanual estadounidenses se ha situado en el 8,3%, prosiguiendo con la tendencia de bajada durante el mes de julio pasado, lo que quizá confirme la postura de algunos analistas que afirman que los precios pudieron haber “tocado techo” durante el mes de junio (el IPC llegó a alcanzar el 9,1%).

La caída del precio de la gasolina este verano, ha influido mucho   en la moderación de los precios durante el mes de agosto.

Aun así, la cesta de la compra sigue encareciéndose. Concretamente, un 11,4%, es decir, medio punto más que el mes anterior. Según Moody´s, el coste medio del supermercado para las familias estadounidenses ha aumentado 460 dólares (452 euros) al mes. En el lado contrario se sitúa el ocio, con los billetes de avión y los hoteles reduciendo precios a medida que las vacaciones de verano llegan a su fin.

Sin embargo, la inflación subyacente se ha incrementado cuatro décimas, alcanzando el 6,3%. Se pone de relieve, ya que la inflación subyacente mide la tendencia, que los precios están lejos de moderarse y seguirán subiendo.

Por esta razón, la Reserva Federal ha acelerado los incrementos de las tasas de interés, endureciendo su política monetaria: ya ha encadenado tres subidas consecutivas de 0,75 puntos en el precio oficial del dinero. Sin duda, asistimos al endurecimiento más fuerte de la política monetaria desde principios de los años ochenta.

Históricamente, para frenar la burbuja inmobiliaria, la Reserva Federal subió los tipos entre 2004 y 2006 un total de 4,25 puntos, pero siempre a saltos de 0,25 puntos, primero con Alan Greenspan y luego con Ben Bernanke al frente. Tardó dos años en un recorrido que ahora se prevé pueda tardar menos de la mitad aquel tiempo.

El actual presidente de la Fed, Powell, ha señalado que dado que el mercado de trabajo está en una buena situación (existen más ofertas de empleo que parados y una tasa de desempleo cerca de los mínimos en medio siglo), y aún mantienen las familias cierta cantidad de ahorro, la actividad económica se mantendrá a buen ritmo. Ahora bien, matizando que “un aterrizaje suave es muy difícil. Por lo que no sabemos, nadie sabe, si este proceso conducirá a una recesión o, de ser así, cuán significativa sería esa recesión”.

JAPÓN:

El Gobierno japonés ha reaccionado muy moderadamente a las subidas de la Reserva Federal. Las consecuencias lógicas han sido la depreciación del Yen (al ser más atractiva la inversión en dólares por el mayor tipo de interés, motiva la demanda de dólares y oferta de Yenes), Por ello, el Banco Central japonés ha tratado de apuntalar la cotización de su moneda.

Ahora bien, no hay razones para subir los tipos de interés en Japón: la inflación está ligeramente por encima de su objetivo del 2%, pero la guerra en Europa y el exceso de estímulos en Estados Unidos, y el crecimiento de su producto interior bruto, del 2,2% en el último trimestre, no lo aconsejan.

Estas son razones, por las que el Banco Central de Japón prefiera esperar al resultado de las negociaciones salariales anuales de las empresas el año que viene antes de extraer conclusiones para su política monetaria.

Por todo ello, se está ampliando aún más la brecha entre las rentabilidades de los bonos de referencia estadounidenses y japoneses, que ya supera ampliamente los tres puntos porcentuales, lo cual ahonda en la depreciación del yen frente al dólar.

Incluso los exportadores japoneses beneficiados por la debilidad de su moneda (favorece sus exportaciones que se ven abaratadas) están, no obstante, preocupados por el peligro de su posible volatilidad.

Estas son las causas por las que Tokio ha decidido utilizar parte de sus 1,3 billones de dólares de reservas para frenar la caída (venderlas en el mercado de divisas, incrementando su oferta). Sin embargo, como se ha señalado, lo único que pueden conseguir es moderar la pendiente de la caída del yen.

REINO UNIDO:

Muchos analistas señalan que los tipos en el Reino Unido podrían alcanzar, llegado noviembre, un nivel del 6%.  La Libra Esterlina se ha desplomado a valores desconocidos desde 1971 en su cotización frente al dólar. Respecto al euro, la libra también veía reducida su cotización a niveles similares a los de septiembre de 2020, una clara señal de que las turbulencias vividas en torno a la divisa británica no responden únicamente a la fortaleza global del dólar, sino a los problemas derivados de la economía británica.

El nuevo Gobierno de Liz Truss anunció la mayor rebaja de impuestos aprobada en el Reino Unido en más de 50 años. Un alivio fiscal que incluye a empresas, particulares con mayor nivel de ingresos, y a las transmisiones patrimoniales, y que, combinado con los más de 150.000 millones de euros comprometidos en ayudas directas a negocios y hogares para hacer frente a la actual crisis energética, anticipa un nivel de endeudamiento que los mercados han considerado insostenible.

La bajada de impuestos es una medida claramente inflacionaria, por lo que se creó cierta sensación de pánico.

Como resultado, la prima de riesgo en los bonos emitidos a cinco años por el Tesoro británico se incrementó 40 puntos básicos, hasta situarse en el 4,503%, el nivel más alto desde octubre de 2008. Una década de austeridad contuvo el valor de la libra, a costa de un serio incremento de la desigualdad en el Reino Unido. Las medidas anunciadas por el nuevo Ejecutivo auguran un largo invierno de conflictividad social.

El nuevo ministro de Economía, Kwasi Kwarteng, había anticipado, a través de varias entrevistas, que mantendría la rebaja de impuestos, calculada ya en unos 50.000 millones de euros, y que añadiría bajadas de otros gravámenes. Pues bien, a los mercados no les gustó en absoluto, debido a su principal inquietud: la insostenibilidad de la deuda.

Ante la reacción de “casi” pánico vivido en la economía británica, Kwarteng ha intentado el difícil equilibrio de reafirmar sus promesas y transmitir calma, aunque rechazando incluso la oferta de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR, en sus siglas en inglés) de elaborar un análisis previo, que calculara el impacto en las cuentas públicas de la rebaja fiscal que se disponían acometer.

De forma que, una medida tan propia del ala dura de Partido Conservador (se trata de una medida que supera las adoptadas por el neoliberalismo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, para favorecer a los más ricos), pretende una rebaja de impuestos de dimensiones desconocidas en más de cincuenta años.

Por todo ello, el ministerio de economía, ha prometido acompañar al nuevo informe de las medidas, rebajando sus pretensiones, con el informe de rigor de la OBR.

Los laboristas se oponen a un mayor endeudamiento público, a fin de mantener los 150.000 millones de ayudas directas a hogares y empresas, para hacer frente a la crisis energética. Por ello, se comprometen a gravar de nuevo, de modo extraordinario, a las empresas gasísticas y eléctricas por sus “beneficios caídos del cielo”.

EUROZONA:

Según Eurostat, la inflación en la zona euro alcanzó durante el pasado mes de septiembre. el 10% por primera vez. La energía le sigue ganando la partida a las subidas de tipos del Banco Central Europeo (BCE): los precios no dejan de subir y añaden presión sobre los hogares sin notar para nada que la economía se esté enfriando y que haya muy pocas dudas de que en este tercer trimestre del año en la eurozona se ha contraído.

La situación apunta, a que en este mes de octubre el BCE subirá de nuevo en 75 puntos básicos los tipos de interés. De la misma forma, se van a intensificar las llamadas a impedir las actualizaciones salariales al mismo ritmo que los precios, aunque existan evidencias de que esa espiral no stá teniendo lugar.

De hecho, el influyente instituto de estudios bávaro IFO ya ha señalado que el anunciado aumento del salario mínimo en su país de 10,45 euros por hora a 12 euros “probablemente exacerbaría la inflación”. Al otro lado, los argumentos se centran en la necesidad de incrementar los impuestos a las empresas (sus márgenes de beneficio, a diferencia de los salarios, no se pueden controlar). Igualmente, para tratar de contener la redistribución de la renta en favor de los más fuertes, y tratar de ayudar a superar la situación a los más golpeados por los aumentos de precios, incrementar las ayudas públicas con mayores impuestos a los ricos. Así lo ha señalado el economista jefe del BCE, Philip Lane.

La realidad, es que cuando se inauguró, ya hace más de dos décadas la eurozona, nadie pudo sospechar que la inflación iba siquiera a acercarse a los dos dígitos. Lo ha hecho de la mano de una crisis energética cuyo final depende mucho más de la voluntad del presidente ruso, Vladimir Putin, que tiene en su mano el grifo del gas y la opción de acabar con la invasión de Ucrania, que del Banco Central Europeo.

Pues bien, en menos de dos meses, los tipos oficiales han pasado del terreno negativo al 1,25% y ya no hay compras extraordinarias netas de bonos. Da igual, el IPC ha subido en un solo mes nueve décimas: ha saltado del 9,1% de agosto a este 10% de septiembre. Muy probablemente no será el techo en esta crisis.

El aumento de los precios en Alemania, ha sido muy importante: del 8,8% al 10,9%. El final de ayudas al transporte y otras medidas de apoyo social ha sido clave para que se produzca este movimiento. La inflación alemana, también la de Italia (cuatro décimas al alza, hasta el 9,5%) ha superado la mejoría en Francia (6,2%) y España (9,35%), países en que los precios han frenado algo su escalada.

A pesar de que las grandes economías son las que sufren el mayor impacto en la inflación, la crisis energética golpea ha golpeado con mucha más fuerza a orillas del Báltico. Las tres repúblicas (Estonia, Letonia y Lituania) superan de largo el aumento anual del 20%. Por detrás de ellos, aparece Holanda (17%), un país que, pese a ello, sigue resistiéndose a cambiar el mecanismo comunitario de fijación de precios en la electricidad y a separarlo de lo que sucede en el mercado del gas.

Este combustible, el gas, es el que se encuentra detrás de buena parte de lo que está pasando con los precios -y, por extensión, con la economía-. La estimación divulgada por Eurostat muestra el impacto en las cotizaciones energéticas, que han vuelto a encarecerse en un año por encima del 40%. Al haberse mantenido en estos niveles durante muchos meses, el contagio a otros productos de la cesta de la compra de los hogares ha sido inevitable (el impacto de los combustibles en el resto de la cadena llega a través del transporte y la logística o como materia prima). Y así, cuando se observa lo sucedido con los precios al eliminar componentes volátiles como la energía, el alcohol o los productos frescos, el incremento es del 4,8%.

La realidad, es que, según los datos de Eurostat, la inflación ha golpeado de lleno a la cesta de la compra más básica en la zona euro: los alimentos. La escalada de precios comenzó por la energía, pero desde ahí se ha ido extendiendo a otros componentes en la medida que la presión de los combustibles no ha aflojado y la gran mayoría de productos precisan de ser transportados. Y así el contagio ha llegado a los alimentos, que en el mes de septiembre se encarecieron un 12,4% en toda la zona euro respecto al mismo mes del año anterior.

Buena parte de lo que sucede con los precios en este 2022 está asociado a la invasión de Ucrania y las decisiones adoptadas previamente por Moscú, hasta hace unos meses principal proveedor de gas para muchos países de la Unión Europea, para preparar la guerra. Estos movimientos han provocado que se dispare la cotización de la energía y los combustibles: solo en agosto el aumento fue del 38,6%, y eso que disminuyó algo la presión respecto a los últimos meses (en marzo llegó al 44,5%). De ahí que los precios energéticos sean los que más contribuyan a que la inflación no se contenga: de ese aumento del 9,1% de agosto, casi cuatro puntos llegan por esta vía. El siguiente componente son los alimentos, el alcohol y el tabaco, 2,25 puntos.

Con los diferentes componentes que integran el IPC sucede lo mismo que con su dato agregado. La diferencia entre Estados es muy grande. En Hungría, por ejemplo, los precios de la comida han aumentado en el último año un 33%, y en Bulgaria, Letonia, Estonia o Eslovaquia superan el 20%. En otros países como Irlanda, Francia o Luxemburgo el aumento es ligeramente superior al 8%, y en Chipre cae hasta el 5%. España, con el 13,8%, se sitúa algo por encima de la media, en un nivel en el que se encuentran Holanda, Austria o Eslovenia.

La inflación, es la principal amenaza para la economía europea. Está íntimamente ligada a la severidad de la recesión que, pocos dudan, va a sufrir la zona euro en la segunda mitad de este año: según el banco de inversión, Goldman Sachs, “se espera una recesión modesta en el segundo semestre de 2022, provocada por los significativos cortes de suministro del gas ruso debido a la guerra en Ucrania y a la ralentización del crecimiento”.  

Según Goldman Sachs, se relajará algo la inflación en 2023, esperando un aumento medio del IPC del 4,8%. Con todo, muy lejos todavía de lo que Europa ha conocido en los últimos años: un 2,9% en 2021, cuando la energía ya se había convertido en un problema y un 1,5% en 2019, justo antes de que llegara la pandemia.

ESPAÑA:

El Banco de España ha anunciado que estima que, frente a la previsión del Gobierno que espera un crecimiento del PIB durante el próximo 2023, del 2,1%, que rebaja en siete décimas esa estimación hasta el 1,4%. La Autoridad Fiscal, que avaló la cifra de crecimiento del Gobierno porque entra dentro del rango de probabilidades, también ha señalado que su proyección para el 2023 es del 1,5%. Y la OCDE vaticinó otro 1,5% de avance del PIB para el mismo periodo.

Las proyecciones del Banco de España mejoran algo el crecimiento de este año 2022, del 4,1% al 4,5%, por el buen comportamiento de la actividad y el empleo durante la primera mitad del año, gracias en buena medida a la robusta recuperación del turismo y la hostelería tras el levantamiento de las restricciones por la pandemia. Este factor compensó holgadamente las consecuencias de la crisis energética desatada por la guerra de Ucrania, según el BdE.

Sin embargo, para 2023 el Banco de España empeora su anterior previsión de junio en torno a un punto y medio, del 2,8% al 1,4%, debido a la persistencia de la inflación, unas condiciones financieras menos favorables, las dificultades de las industrias y empresas afectadas por la crisis energética, el aumento de la incertidumbre y el debilitamiento de la demanda global, con una Europa particularmente afectada por las consecuencias del conflicto bélico en Ucrania. “En los trimestres más inmediatos, los elevados precios del gas y la electricidad afectarán adversamente a la actividad económica”, subraya la institución que dirige Pablo Hernández de Cos. Pese a la interrupción del suministro de gas ruso, el supervisor contempla que en este escenario no serán necesarios racionamientos severos en la Unión Europea.

El informe publicado del Banco de España, señala “la debilidad” de la economía española “en la segunda mitad de este año y en el primer trimestre del próximo”. El banco observa, ya con datos del tercer trimestre, “una ralentización del empleo, una menor facturación empresarial, la persistencia de una inflación que lastra el consumo y el rápido deterioro de las condiciones de financiación y de la confianza”.

De acuerdo con sus estimaciones, el PIB español solo repuntará un exiguo 0,1% entre julio y septiembre. “Este peor comportamiento limitará, por el efecto arrastre, el crecimiento del año que viene, dice el supervisor. Si bien a partir de la primavera vaticina un mayor dinamismo, empujado por el alivio gradual de los precios energéticos, la consiguiente recuperación de las rentas y de la confianza de los agentes, un desatascamiento paulatino de los cuellos de botella globales y una mayor ejecución de los fondos europeos. Esta mejora se plasmaría en un crecimiento del 2,9% en 2024.

En todo caso, como resultado de estos cambios en las proyecciones, se retrasa el momento en el que se recobrarían los niveles de PIB previos a la pandemia hasta principios de 2024. Estas proyecciones se basan en que no hay una resolución temprana del conflicto bélico en Ucrania y en que no se produzca una escalada adicional”.

En cuanto a los precios, señala el supervisor, que “una proporción cada vez más elevada de rúbricas ha ido registrando tasas de inflación muy elevadas”. Destacan las subidas en alimentos, bienes industriales no energéticos y ocio y hostelería una vez terminadas las restricciones de la pandemia. Aunque los precios de los carburantes se han moderado, esta desaceleración se ha visto neutralizada por los fuertes incrementos en los precios del gas y, por tanto, de la electricidad. Además, la acusada depreciación del euro frente al dólar también ha provocado un mayor encarecimiento en Europa de las materias primas compradas en los mercados internacionales.

No obstante, las medidas del Gobierno han contribuido a reducir la tasa de inflación en algo más de dos puntos, de los que la mitad se corresponden con el mecanismo ibérico para limitar el precio del gas en el mercado eléctrico.

La previsión del Banco de España es que la inflación se sitúe este año de media en el 8,7%, y que en los dos años siguientes se moderará hasta el 5,6% en 2023 y el 1,9% en 2024. La persistencia de la inflación es tal que el supervisor ha subido su estimación respecto a la de junio en 1,5 puntos para este año y en 3,1 puntos para el que viene. Estos cálculos se sustentan en que la asunción de que las empresas ya han trasladado buena parte de sus subidas de costes, y en que se han producido, tan sólo, aumentos moderados de los salarios que no retroalimentan la inflación (espiral precios-salarios). Hasta el momento no está habiendo efectos de segunda ronda significativos, “mientras que los salarios en convenio están repuntando un 2,6%, los márgenes de las empresas se mantienen estables, aunque con cierta heterogeneidad por sectores y tipos de empresas. Es decir, el pacto de rentas se estaría produciendo por la vía de los hechos”.

Respecto a los efectos de la inflación en los colectivos más vulnerables, el Banco de España insiste en que las ayudas públicas se concentren en estos grupos.

El organismo recuerda que todas estas previsiones están sujetas a una gran incertidumbre y que hay riesgos de que haya un menor crecimiento y una mayor inflación. Entre estos riesgos, señala que un escenario más desfavorable de precios, con las cotizaciones del gas en los máximos de agosto, podría restar hasta un punto de PIB adicional a la proyección. Si bien también reconoce que la economía podría crecer más en 2023 si se produce un escenario favorable en los precios del gas. El banco ve además riesgos de que se dé una menor ejecución de los fondos europeos y en la posibilidad de que haya un aumento del ahorro por prudencia o precaución. Y alerta de que las subidas de tipos para reaccionar ante la inflación combinadas con un empeoramiento de las perspectivas económicas están provocando un endurecimiento de las condiciones de financiación que podría llegar a provocar “algún episodio potencialmente disruptivo en los mercados de capitales”.

El empleo se desacelerará transitoriamente. Pero el banco no contempla cambios muy sustanciales en el mercado de trabajo y cree que los ajustes se producirán más en las horas trabajadas. Así que la previsión de la tasa de paro se estabilizará en torno al 12,7% el año que viene y el siguiente. La del Gobierno en cambio se sitúa ligeramente por debajo: en el 12,2% en 2023.

Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha revisado al alza el crecimiento de la economía en el segundo trimestre de este 2022. Frente al 1,1% estimado a finales de julio, ahora la institución anuncia que el PIB español aumentó en un 1,5% intertrimestral entre abril y junio. Esto son cuatro décimas más frente al dato adelantado. La razón: el tirón del sector exterior, que compensa con creces un peor comportamiento del consumo de los hogares.

Sin embargo, Estadística también muestra que en el primer trimestre hubo una caída de la actividad. La última revisión apuntaba a un crecimiento entre enero y marzo del 0,2%, prácticamente plano, pero ahora el dato ha sido actualizado de nuevo a la baja hasta registrar una caída del PIB del 0,2% en ese primer trimestre.

En términos interanuales, el crecimiento del segundo trimestre de este año,  fue del 6,8%, muy en línea con el 6,7% del periodo inmediatamente anterior, y que supone cinco décimas más respecto al dato adelantado a finales de julio. La contribución de la demanda nacional es de 1,9 puntos, lo que equivale a 1,9 puntos menos que el trimestre precedente; por su parte, la demanda externa presenta una aportación de 4,9 puntos, lo que son 2,1 más que el trimestre anterior.

Este 1,5% supone un tirón para la economía en términos intertrimestrales, a las puertas de una segunda parte del año que se augura cuanto menos complicada y con el riesgo de la amenaza de recesión en la Eurozona.  

Yendo al detalle del PIB trimestral publicado por el INE, el gasto en consumo final entre abril y junio de este año, fue de un crecimiento del 0,5%, tras apuntarse una caída del 0,9% en el primer trimestre. El consumo de los hogares fue al alza con un 1,2%, mientras que el de las Administraciones Pública se hundió un 1,3%, una caída en este aspecto por tercer trimestre consecutivo. Así, la demanda nacional creció un 0,6%.

Respecto a la inversión, señala el INE, que se registró una subida del 0,8% intertrimestral. Mientras que las exportaciones lo hicieron al 4,9% y las importaciones al 2,8%. Este importante comportamiento del sector exterior español, justifica en buena parte la revisión al alza del PIB del segundo trimestre.

Si nos referimos a las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha mejorado al 4,4% su previsión de crecimiento para la economía española en 2022, tres décimas más que en su anterior previsión de junio, mientras que para 2023 empeoró su pronóstico y situó el crecimiento en el 1,5%, siete décimas menos.

A su vez, ha empeorado también sus augurios respecto a la inflación en España para este año, que señala que acabará en el 9,1% de subida, un punto más que en su previsión de junio. Para 2023 también la ve peor que hace tres meses, y la vislumbra en un repunte del 5,0%, dos décimas más que en junio.

En todo caso, añade la OCDE, existe una "incertidumbre significativa" respecto a las proyecciones. En caso de que haya escasez de combustibles, especialmente del gas, el crecimiento en Europa para 2023 podría reducirse otros 1,25 puntos, provocando una recesión, mientras que el crecimiento global se reducirá en medio punto adicional.

Los principales problemas radican en "la guerra en Ucrania y el aumento de los precios de la energía", circunstancias que "han llevado a reconsiderar los objetivos presupuestarios a corto plazo, a pesar de la mayor deuda acumulada durante la pandemia, el aumento de los rendimientos de los bonos y las presiones de gasto a más largo plazo".

La organización asegura que “casi todos los países han tomado nuevas medidas fiscales para proteger a los hogares y las empresas del aumento de los precios de la energía y los alimentos y varios países europeos, entre ellos España, han anunciado nuevas medidas de socorro a sus economías, pero el impacto sobre la deuda se presenta incierto.

El tope propuesto a nivel de la Unión Europea sobre los precios pagados a los productores de electricidad de bajo costo (energías renovables y nuclear) y un posible impuesto adicional sobre las ganancias extraordinarias de los productores de combustibles fósiles podría proporcionar algunos recursos adicionales para los países que actualmente no imponen tales gravámenes, pero no se incorpora en las proyecciones".

Eso sí, el organismo ha pedido apoyos fiscales para amortiguar el impacto de los costes energéticos en hogares y empresas, aunque ha subrayado que deben ser temporales, centrados en los más vulnerables y preservar los incentivos para reducir el consumo.

Por otro lado, según el Banco de España, la deuda de las Administraciones públicas sigue creciendo. Ha aumentado hasta su máximo histórico: 1,475 billones de euros a final del segundo trimestre (se moderó hasta el 116,1%, 2,1 puntos porcentuales menos que a final del año pasado).  

La tasa de crecimiento del saldo de deuda fue del 3,6% en términos interanuales. Esto supone un incremento en 50.651 millones, como consecuencia de los menores ingresos y los mayores gastos derivados de la crisis.

El escenario que plantea el Programa de Estabilidad español. para el periodo 2022-2025, muestra un descenso del déficit hasta que la ratio de deuda sobre PIB quede en el 109,7% en 2025.

Sobre la evolución de la deuda de los distintos subsectores de las Administraciones públicas, el saldo de la deuda del conjunto de la Administración central se elevó a 1,326 billones de euros en junio, lo que representa el 104,4% del PIB. El crecimiento, en términos interanuales, de la deuda de este subsector en el segundo trimestre fue del 4,1%.

El saldo de deuda de las Administraciones de Seguridad Social se situó en 99.000 millones, con un crecimiento interanual del 8%. Por lo que respecta a las Administraciones territoriales, la deuda de las comunidades autónomas creció hasta los 317.000 millones, un 24,9% del PIB, con un aumento interanual del 1,5%.

La deuda de las corporaciones locales se situó en 23.000 millones en el segundo trimestre, lo que representa un 1,8% del PIB y supone un 0,6% más que el saldo registrado un año antes.

Con referencia a las autonomías, Cataluña (84.486 millones), Comunidad Valenciana (54.260 millones), Andalucía (37.419 millones) y Madrid (34.563 millones) siguen concentrando en el segundo trimestre dos tercios de toda la deuda en manos de los gobiernos de las comunidades, aunque también obedece a una cuestión de población. Le siguen Castilla-La Mancha (15.519 millones), Castilla y León (13.124 millones), Galicia (11.824 millones), Murcia (11.587 millones) y País Vasco (11.395 millones). Cierran la tabla Aragón (9.199 millones), Islas Baleares (9.135 millones), Canarias (6.455 millones), Extremadura (5.093 millones), Asturias (4.246 millones), Cantabria (3.282 millones), Navarra (3.064 millones) y La Rioja (1.647 millones).

No obstante, en porcentaje del PIB, la Comunidad Valenciana, con un endeudamiento que supone el 45,8%, sigue encabezando a las regiones más endeudadas respecto a su economía, seguida de Cataluña, con el 35%, Castilla-La Mancha (34,6%) y Región de Murcia (34,2%).

Por tamaño de ayuntamientos, los de más de 300.000 habitantes acumularon una deuda de 4.852 millones de euros hasta marzo, 49 millones más que en el mismo trimestre del año anterior. En concreto, Madrid, con una deuda de 1.905 millones de euros, sigue en cabeza de las corporaciones locales más endeudadas, seguida de Barcelona, con 791 millones, y Zaragoza, con 638 millones.

Bastantes analistas esperan una leve recesión a principios del año que viene en España. La duda es si a finales de este 2022 y comienzos de 2023, el enfriamiento económico será recesión económica (caída del PIB durante dos trimestres consecutivos), estancamiento o una simple desaceleración económica. Sea del tipo que sea, el enfriamiento de la economía, ayudará a frenar la inflación.

Lo que está claro es que hay un factor clave que es la energía. En este sentido, España no está tan expuesta como los países del norte de Europa a los cortes del gas ruso. Lo más probable será que haya que pagar más caro el gas, pero no hay riesgos de racionamiento, como sí existe en países como Alemania.

Uno de los factores más preocupantes para España. consiste la situación de los socios europeos, teniendo en cuenta que el turismo y demanda externa han sostenido la economía en este verano (el sector exterior aportó 4,9 de los 6,8 puntos porcentuales que creció el PIB en términos interanuales, y seis décimas de los 1,5 puntos que creció sobre el trimestre anterior).

Con respecto a la evolución de los precios, durante el mes de septiembre la inflación ha concedido cierta tregua: la tasa interanual de los precios de 1,5 puntos porcentuales, pasando el IPC del 10,5% al que cerró agosto a un 9%.

En términos mensuales los precios han bajado un 0,6%. Se trata del mayor descenso mensual desde que arrancara la serie histórica del IPC, en 1961.

En relación al empleo, se han mostrado ciertos signos de flaqueza. El paro aumentó en septiembre, casi en 18.000 personas, hasta situar al total de desempleados al borde los tres millones (2.941.919). A pesar de este aumento, se trata del cómputo de parados más bajo habido en este mes desde el año 2008.

Sin embargo, la afiliación a la Seguridad Social se ha mantenido estable, creciendo en 29.000 trabajadores, tras registrarse, por sexto mes consecutivo, más de 20 millones de cotizantes a la Seguridad Social (20.180.287).

El número de afiliados creció hasta los 20.224.355 trabajadores, 51.079 personas más que en agosto; siendo el tercer mes en el que se ha creado más empleo en lo que va de año. Según señala el Ministerio de Seguridad Social en su estadística, “a pesar de la incertidumbre, el promedio de afiliación de los primeros nueve meses de 2022 está en línea con el registrado entre los años 2017 a 2019 (años de gran dinamismo en el mercado laboral)”.

Según ha declarado, Secretario de Estado de Empleo, “estamos en un mes de septiembre que se mueve en la moderación y cuyos datos que se producen en un contexto económico influenciado por una guerra en Europa, un aumento de los costes de la energía y la incertidumbre que deriva de la subida de los tipos determinada por las autoridades europeas”.

Se ha señalado que es habitual que el paro suba durante el mes de septiembre, como consecuencia del final de las vacaciones de verano. Los contratos firmados para cubrir la campaña expiran, y se incrementa el número de demandantes de empleo que se apuntan a las listas.

A la vez que ha aumentado el número de personas inscritas en las oficinas de empleo, durante el mes de septiembre se firmaron 1.660.792 contratos, casi 400.000 más que en agosto, de los cuales 775.856 (el 46,72%) fueron de carácter indefinido; la segunda mayor cifra en lo que va de año. También se inscribieron 281.253 fijos-discontinuos, la segunda mayor cota en el año. Son, además, medio millón más de relaciones laborales de las que acordaron en el mismo mes del año pasado, y tienen en la agricultura y la construcción su principal caladero. El paro ha crecido en agosto por una subida en el sector servicios (24.691 personas) y entre aquellos sin un empleo anterior (5.016).

La afiliación se elevó en septiembre por decimoséptimo mes consecutivo, hasta los 20.224.355 trabajadores, 51.079 personas más que en agosto; siendo el tercer mes en el que se ha creado más empleo en lo que va de año.

Tampoco septiembre ha sido un mal mes para los autónomos, ya que 2.427 trabajadores por cuenta propia se sumaron al RETA (Régimen Especial de Trabajadores Autónomos) hasta alcanzar la cifra de 3.329.863.   

Por otro, lado, un hecho que ha comenzado a preocupar, como consecuencia de la subida de tipos de interés, es como está afectando a las familias que están hipotecados a tipos de interés variables (en especial a aquellos de rentas más bajas).

El Banco de España estima que las familias que destinan más del 40% de sus ingresos al pago de obligaciones financieras se ha disparado en los últimos meses, y desde el comienzo del proceso de endurecimiento monetario son ya 350.000 los hogares nuevos que están en una situación financiera crítica.

Si bien a finales del mes de junio, se estimaban en torno a 175.000 familias, la cifra, como se observa, se ha multiplicado por dos durante el verano, por lo que muchas familias pueden estar en una situación crítica por sus créditos.

De la misma forma, el Banco de España también ha señalado su preocupación por la situación de las empresas y de las cuentas públicas: “el endurecimiento de las condiciones de financiación puede incrementar la presión financiera soportada por algunas empresas. En la financiación bancaria empresarial tienen un peso destacado los préstamos con vencimiento a corto plazo o a tipo variable, por lo que la traslación del aumento de los tipos de interés de mercado al coste medio de la deuda es relativamente rápida”.

MERCADOS:

La Bolsa española negoció en renta variable 24.197,8 millones de euros en septiembre, lo que supone un aumento del 27,1% respecto a agosto y una caída del 25,1% en comparación con el mismo mes de un año antes.

El número de negociaciones en el mes de septiembre fue de 2,8 millones, lo que supone una subida del 23,8% frente al mes anterior y una caída del 24,3% respecto a septiembre de 2021.

Según los datos de Bolsas y Mercados Españoles (BME), en el acumulado del año el volumen contratado ascendió un 4,6%, pero el número de negociaciones se redujo un 9,2%.

En cuanto a la renta fija, el volumen contratado en septiembre alcanzó los 10.022,6 millones de euros, un 52,4% más que en agosto y un 59,8% menos que en el mismo mes de 2021. En el acumulado del año, el volumen negociado cayó un 54,4%.

En todo caso, el mes de septiembre ha sido difícil para los mercados europeos. El Ibex se ha dejado un 6,5% durante el pasado mes.

De la misma forma, las pérdidas del Dax alemán, el Cac 40 francés y el Mib 30 italiano se movieron entre el seis y el cuatro por ciento en septiembre.

El aumento de la inflación, y el miedo a que Europa no cuente con suficientes reservas energéticas para afrontar el invierno, señalan una situación muy complicada para los mercados.

En relación al mercado de divisas, el dólar está siendo el ganador, ya que ha obtenido durante el pasado mes cotizaciones máximas contra el euro en 20 años, y escalando posiciones contra otras divisas como el yen o la libra, viéndose favorecido porque los inversores están buscando refugio en activos con menos riesgo.

El Bank of America fijan un objetivo para el euro de 0,95 dólares por euro al cierre de 2022, y dudan de que las intervenciones que están realizando los bancos centrales vayan a poner fin a la inestabilidad.

Por otro lado, un aspecto muy preocupante, es que la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), liderada por Arabia Saudí y Rusia han anunciado un recorte de la oferta de crudo, de dos millones de barriles diarios, el 2% de la demanda global, a partir de noviembre. El objetivo: contener la cotización del barril de Brent, que acumula un descenso del 25% desde sus máximos de hace cuatro meses.

El tijeretazo a la producción de crudo petrolífero ha sido mayor de lo esperado: las apuestas fluctuaban entre los 500.000 y 1,5 millones de barriles. Para ver una rebaja de esta magnitud en la oferta petrolera hay que remontarse a 2020, cuando la pandemia tenía atenazada toda la actividad productiva.

El mercado petrolero, como la economía mundial en su conjunto, lleva años instalado en la incertidumbre. Si el hundimiento del consumo durante la crisis sanitaria llevó los precios a terreno negativo por primera vez en la historia (el mundo al revés: los productores pagaban por deshacerse de barriles), el levantamiento de las restricciones, la recuperación de la actividad y, sobre todo, la invasión rusa de Ucrania disparó la cotización hasta máximos de casi una década, desatando una nueva fiebre petrolera global.

En los últimos meses, sin embargo, la ralentización de la economía china (primer exportador mundial), y el riesgo de recesión en Occidente, alimentados por la fuerte subida de los tipos de interés, han permitido una relajación de los precios del petróleo, dando un respiro en los precios de los combustibles a los consumidores. Situación que, con este recorte de la producción, puede dar lugar a mayores subidas en los precios.

En otro orden, el índice al que están referenciadas casi el 80% de las hipotecas en España, unos 4,1 millones, avanza a una velocidad sin precedentes y ya marca el 2,156% en tasa diaria (niveles no vistos desde finales de 2011). La media mensual ha escalado al filo del 2% frente al 1,249% de agosto, mes en el que también pulverizó récords. La mayoría de analistas creen que a partir de ahora las subidas no serán tan bruscas y el euríbor a 12 meses finalizará el año en el entorno del 2,5%. Pero el escenario es muy incierto, dependiendo de la variación de los tipos de interés del BCE.

Hace un año, el euríbor era del -0,492%. Esto supone que a los ciudadanos con hipotecas variables a los que les toque revisión este mes les subirán los intereses un 2,5% de golpe. En el caso de un préstamo medio de 150.000 euros con un vencimiento a 25 años y un diferencial del 1% sobre el euríbor, las cuotas se encarecerán unos 179 euros al mes o 2.150 euros al año.

Desde la Asociación Hipotecaria Española (AHE) vaticinan que estas sustanciales subidas puedan traducirse en una ralentización de la actividad inmobiliaria y, en consecuencia, de la contratación de hipotecas, que según el último dato del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondiente a junio todavía aumentan a un ritmo del 12% anual, con 56.700 nuevas firmas sobre vivienda.


miércoles, 14 de septiembre de 2022

SITUACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA Y MUNDIAL A SEPTIEMBRE DE 2022: La inflación, las subidas de los tipos de interés, y el temor a una nueva recesión económica en Estados Unidos y en la Eurozona. Agravados por la amenaza del cierre del suministro de gas ruso, están provocando una intensificación mayor de los riesgos e incertidumbre para los meses que se avecinan.

 

GLOBAL:

Los comienzos de los años veinte de este siglo, están siendo desgraciadamente complicados. Según el Banco Mundial, sólo en el pasado año 2020, la actividad económica mundial se redujo en casi la totalidad de las economías mundiales. La economía global se contrajo en torno a un 3% y la pobreza aumentó en todo el planeta por primera vez en una generación. La pandemia de dos largos años ha disparado la deuda pública en algo más del 25%.

Por si era poco, para la mala situación económica, la invasión de Ucrania ha incrementado tremendamente los riesgos. De forma que los gobiernos occidentales se están viendo obligados a incrementar sus gastos en defensa. De forma que, la gravedad en los sectores de energía, suministros logísticos, y cereales, podrían ser sólo indicios de los problemas que pueden surgir.

La economía mundial se ha endeudado enormemente, tanto en términos absolutos como en porcentaje sobre el PIB. Y es que durante las últimas décadas han crecido todo tipo de productos financieros, créditos y deudas.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Instituto de Finanzas Internacionales, el volumen de deuda mundial existente ha llegado a ascender a 296 billones de dólares estadounidenses. El equivalente a unas 227 veces el tamaño de la economía española (alrededor del 350% del PIB mundial). Los protagonistas más destacados son China y el sector público en cada país.

Actualmente, el volumen de deuda pública emitida equivale, prácticamente, al 100% del PIB mundial. Se trata de una cifra equivalente a la que sumaban la existente en la década de los años 70 del pasado siglo XX, las empresas, las familias y los gobiernos.

Destaca el crecimiento de la deuda de China, que, desde la crisis financiera de 2008, ha duplicado su volumen (a nivel mundial el crecimiento ha sido del 20%). En el gigante asiático, han sido las empresas públicas las que han incrementado enormemente su deuda para financiar sus inversiones. En todo caso, es un rasgo general actual de las economías desarrolladas. Valga como ejemplo, Alemania, que ha vivido un incremento del 14,7%, superando en casi el doble a la media mundial.

En cualquier caso, la paradoja ha sido, y esta es una de las varias razones de su crecimiento, que los tipos de interés reales (descontando la inflación a los tipos nominales) sean más pequeños. Y es que ha crecido la deuda mundial simultáneamente a la existencia de una deuda más barata.

Sin embargo, podemos estar asistiendo a un histórico cambio de panorama: dadas las subidas de precios en prácticamente todo el mundo, las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los banqueros centrales han sido postular la vuelta o regreso hacia la ortodoxia monetaria, “caiga quien caiga”.

Gita Gopinath, consejera económica y directora del Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha solicitado a los bancos centrales, “medidas más agresivas, incluso si eso significa un fuerte enfriamiento de la economía y un aumento del desempleo, si la inflación persiste. Los bancos centrales deberían indicar que mantendrán el rumbo y una política estricta mientras la inflación se mantenga alta”.

Endurecer la política monetaria busca frenar la actividad económica, dificultando el consumo y la inversión de las empresas, y también a la capacidad de gasto de cada Estado, tratando así de contener los precios. Ahora buen, el gran peligro es que, precisamente, ese objetivo puede provocar e intensificar una recesión económica (caídas del PIB). La situación, sería entones aún más compleja, ya que podríamos caer en la temida estanflación o estancamiento económico, coincidiendo con el alza de los precios y el aumento del desempleo.

En todo caso, según la citada economista, “no podemos tener un crecimiento económico sostenido en el futuro sin restablecer la estabilidad de precios “.

Sin embargo, la realidad, es que las medidas ultra expansivas monetarias han sido necesarias y fundamentales para para poder salir de la Gran Crisis Financiera de 2008 (la Gran Recesión), y de su intensificación motivada por el histórico shock de la COVID.

No obstante. Gita Gopinath, ha señalado: “que, aunque había poca sensación de que la inflación pudiera aumentar de manera persistente y sustancialmente por encima del objetivo (alrededor del 2% de subida de precios a medio plazo), la salida de la pandemia y la guerra en Ucrania lo han cambiado todo. Hay buenas razones para preocuparse de que la pandemia y la guerra puedan conducir a una era en la que los shocks de oferta (como los problemas en las cadenas de suministro globales sufridas desde 2020 o los cierres en la industria por el elevado coste de la energía en los últimos meses) sean mayores y en la que las expectativas de inflación estén menos ancladas o controladas”.

En la misma línea, la Reserva Federal de Estados Unidos (la Fed), ya ha realizado varias subidas de las tasas de interés:  comenzó en marzo, (25 puntos básicos desde el 0%); después, 50 puntos más en mayo; otros 75 enteros en junio, hasta el 1,5%. Y, finalmente, otro incremento igual en julio, hasta el 2,25%.

En la eurozona el ciclo va mucho más retrasado. El BCE inició los aumentos el pasado mes de julio, subiendo, desde cero, 50 puntos básicos de una vez, tras finalizar los programas de compras de deuda de Estados y empresas con los que ha garantizado unas condiciones a extraordinarias de financiación en los últimos años.

El presidente de la Fed Powell, ha afirmado que “continuaremos con las subidas de tipos hasta que el trabajo esté hecho. Esta guerra contra la inflación puede ser dolorosa para las familias y las empresas”. Esto implica que, en línea con el FMI, mantendrá un agresivo ritmo de subida de los tipos de interés para hacer frente a una crisis que considera que en Estados Unidos se ha generado en la demanda, por el aumento del consumo como consecuencia de la recuperación tras la pandemia y los estímulos.

En la Eurozona, el origen de la inflación es la energía. Ello hace dudar a muchos analistas sobre la validez de la receta ortodoxa seguida por la Reserva Federal, ya que tiene ningún sentido en la Eurozona. ¿Cómo resuelve una subida de los tipos de interés el problema geopolítico del conflicto ucraniano? ¿Cómo consigue que baje el petróleo? El BCE puede actuar sobre la demanda, pero no sobre la oferta de materias primas industriales, minerales, petróleo o gas.

El BCE debe buscar medidas para no ahogar a los países más sobreendeudados y menos disciplinados fiscalmente, entre ellos Italia y España.  Se debe combatir a la inflación, pero tratando de evitar la caída en la recesión.

A todo ello, hay que añadir, el riesgo latente de un corte del suministro de gas por parte de Rusia (algo que parece que ya ha ocurrido), lo que ocasionaría un tremendo golpe a la economía, sobre todo en Alemania.

Y es que los países del G-7 han pactado imponer un tope al precio del petróleo ruso “para reducir los ingresos y la capacidad de Rusia de financiar la guerra”. De ahí que se hayan comprometido a trabajar para que ese tope esté listo “urgentemente”. Mientras los ministros de Finanzas de las mayores economías occidentales más Japón llegaban a este acuerdo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, daba un paso más al declararse partidaria de incluir el gas: “creo firmemente que es el momento para limitar el precio del gas del gasoducto ruso a Europa”.

La vuelta al curso político y geoestratégico europeo ha comenzado en Praga con el acuerdo para poner en marcha una misión de adiestramiento militar para el ejército ucranio y la restricción de visados para los ciudadanos rusos. Y ha continuado con un gran salto adelante, cuando los ministros del G-7 y el titular de Economía de la Comisión Europea, Paolo Gentiloni, han decidido imponer un tope al petróleo ruso y ponerse a trabajar con urgencia para lograrlo. Además, llaman a otros países a sumarse a sus planes. Horas después Gazprom, la gasista rusa de titularidad estatal, anunciaba que el suspendía el envío de combustible a través del gasoducto Nord Stream.

“Invitamos a otros Estados a introducir el límite que se diseñe e implementar esta importante medida”, apunta el comunicado final del encuentro de los miembros del G-7, donde hay países que renunciaron hace meses a comprar petróleo a Moscú (Estados Unidos, Canadá y Reino Unido) y otros que lo harán en pocos meses (Francia, Alemania o Italia, así como la gran mayoría de países de la Unión Europea). De tener éxito, esta medida puede ser más dañina que otras, ya que el petróleo ruso es su principal fuente de divisas: en 2021 los Estados miembros de la UE más Reino Unido compraron crudo por valor de 88.000 millones de euros.

“El límite de precio inicial se fijará en un nivel basado en una serie de datos técnicos, y la coalición en pleno decidirá el límite inicial antes de su aplicación en cada jurisdicción. El precio máximo se comunicará públicamente de forma clara y transparente. La eficacia y el impacto del límite de precios se vigilarán estrechamente cuando sea necesario”, explica el comunicado.

“El G-7 ha dado un paso fundamental para lograr nuestro objetivo doble de presionar a la baja los precios mundiales de la energía y negarle a Putin ingresos para financiar su brutal guerra en Ucrania. Al comprometerse a finalizar e implementar un tope de precios, el G-7 reducirá significativamente la principal fuente de financiación de Rusia para su guerra ilegal, mientras mantiene los suministros a los mercados energéticos mundiales al mantener el flujo de petróleo ruso a precios más bajos”.

Que la Comisión Europea respalde esta medida no supone que vaya a ser fácil aplicarla en toda la UE, ya que requiere unanimidad y eso supone volver a negociar con el Gobierno húngaro de Viktor Orban, gran aliado de Moscú entre los Veintisiete. 

Lo que si ha ocurrido es que, por ahora, la inflación no se ha trasladado a los salarios, evitando la espiral precios o beneficios – salarios.

ESTADOS UNIDOS:

En la economía estadounidense se ha registrado una inflación del 9,1%, por lo que el Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC, por sus siglas en inglés) ha acordado una subida de las tasas de interés oficiales de, nada menos, que de 75 puntos básicos. Por tanto, los tipos se ha situado entre el 2,25% y el 2,5%.

En solo dos meses, el Banco Central de Estados Unidos ha elevado las tasas en 150 puntos básicos, por lo que, en este año, los tipos han subido 250 puntos básicos, un ascenso distribuido en cuatro reuniones consecutivas. Se trata del mayor aumento desde la década de 1980.

La Reserva Federal ha anunciado que habrá más subidas en los próximos meses. No obstante, se espera que en este mes de septiembre la autoridad monetaria decida subidas de entre 50 y 25 puntos básicos. Es decir, se prevén aumentos más suaves.

Las expectativas es que se sitúen en el 3,4% al final de este año, y en el 3,8% en el próximo ejercicio.

Por otro lado, ya se están sintiendo los efectos del endurecimiento de la política monetaria:  la curva de tipos está mostrando que el mercado está dando como posible la aparición de la recesión económica en la economía estadounidense.

Por otro lado, el mercado de trabajo en Estados Unidos se ha frenado en el pasado mes de agosto, después de haber registrado una importante subida en el mes de julio. De forma, que la tasa de paro ha pasado del 3,5% (el nivel más bajo de los últimos 50 años) al 3,7%. No obstante, el mercado de trabajo se encuentra en niveles máximos, y la creación de empleo ha continuado. En agosto se han creado 315.000 empleos no agrícolas. Siguen existiendo más vacantes que desempleados y las ofertas de trabajo abundan.

Los datos están en línea con las previsiones en cuanto a creación de empleo. En cambio, el repunte de la tasa de paro no se esperaba. Ambas cifras se calculan con encuestas diferentes, una a las empresas, que mide el empleo no agrícola (es la más seguida por los economistas y por los mercados), y otra a las familias, que muestra el número de parados. La subida del paro a alrededor de seis millones de personas se debe íntegramente al aumento de la población activa y no a la destrucción de empleo.  La población activa ha aumentado en un solo mes en 786.000 personas, lo que ha dado a la vez para esos 442.000 nuevos empleados y para 344.000 parados más, según la encuesta realizada a las familias.

El presidente de la Reserva Federal de Estados, Jerome Powell, en el simposio económico de Jackson Hole (Wyoming), ha advertido de “que rebajar la inflación hasta el objetivo del 2% provocará “algo de dolor” a familias y empresas.  Es muy probable que las condiciones del mercado laboral se debiliten”.

Ahora bien, la realidad es, con unas cifras de paro tan bajas, las empresas siguen teniendo dificultades para encontrar y retener trabajadores. Necesitan para ello subir los sueldos y luego repercuten ese aumento de costes, en una espiral precios o beneficios – salarios, que es la que la Reserva Federal pretende cortar para que la inflación no se enquiste. Hasta el momento, los salarios por hora han subido un 5,3% desde hace un año.

EUROZONA:

En la región del euro, los precios han vuelto a subir: dos décimas respecto a la sufrida durante el mes de julio. Han llegado al 9,1%, superando por primera vez desde que se creó la moneda única los nueve puntos.

Se teme que los precios rebasen la cifra de dos dígitos (10%), lo que parece estar en manos de Putin, al tener en su poder cortar o no el suministro del gas ruso. En cualquier caso, la combinación de una energía a precios inimaginables hace un año, y una autoridad monetaria subiendo los tipos de interés para tratar de contener la inflación, nos conducen, desafortunadamente, a una recesión económica durante esta segunda parte del año.

La evolución del precio de los combustibles es la principal responsable de lo que está sucediendo en Europa (casi la mitad del aumento de inflación llega por esa vía). Pero los demás productos que componen la cesta de la compra ya hace tiempo que se sumaron a la escalada: La inflación subyacente (no tiene en cuante los datos más volátiles del índice de precios al consumo: energía y productos frescos), que señala la tendencia futura de los precios, también ha sido considerable (un 5,5%).

El aumento de la inflación, muy en particular en países como Alemania, donde el dato homologable con el resto del continente ha llegado al 8,8%, está ocasionando que los más ortodoxos del consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, hayan ganado al final, de forma que, finalmente, la institución ha aprobado elevar los tipos de interés al 1,25% con un movimiento de 0,75 puntos, (la may9or suida realizada en sus historia por el BCE).

 Los "halcones" (el ala dura, capitaneada por los gobernadores de Alemania, Países Bajos y Austria) ha impuesto su estrategia sobre la del sector más flexible. Ese cambio de dirección de un banco dominado durante casi una década por las "palomas", como se conoce a los más preocupados por el crecimiento económico, entre ellos, Italia, España o Portugal, ha supuesto el triunfo de las tesis de los primeros.

Las grandes diferencias en las subidas de precios en la zona euro, es una de las dificultades que tiene el BCE para decidir una política monetaria más o menos radical: los datos muestran que ocho países ya tienen un IPC que supera los dos dígitos. En cabeza, y con bastante distancia sobre el resto, están las tres repúblicas bálticas, que superan el 20%, en Estonia llega al 25,2%. En el otro lado, también con una inflación alta, pero muy lejos de esas cotas, está Francia (6,5%), Malta (7,1%) y Finlandia (7,3%).

La gran incertidumbre existente está muy vinculada al capricho del presidente ruso, Vladímir Putin. En Europa no está pasando como en Estados Unidos, donde ya ha empezado a bajar la inflación. Allí la Fed apostó rápido por agresivas subidas de tipos de interés, y su presidente, Jerome Powell, ha dejado claro que si tiene que elegir entre enfriar precios o economía se decantará por lo primero. También es verdad que al otro lado del Atlántico las causas detrás de la subida de precios no estaban tan vinculadas a la energía.

Por ello, en el continente europeo, no se espera que comience a bajar ya la inflación. Para algunos analistas, la inflación general de la zona euro se situará en una media del 10,3% en el cuarto trimestre, aunque existe un mayor riesgo de subida de los precios, si los del gas se mantienen en los niveles actuales.

La subida de los tipos de interés afectará al bolsillo de los consumidores: por un lado, con subidas de los costes de financiación, que pueden frenar el gasto. Y también con otros efectos positivos como la vuelta de la rentabilidad de los depósitos. Aunque el gran efecto buscado es que modere una inflación que sigue desbocada en Europa.

El FMI ha publicado que Alemania e Italia recuperarán el nivel de PIB precrisis en la segunda mitad de 2023; Francia lo hará a finales de 2022.

El mayor recorte en la previsión para el año que viene se produce en Alemania, gran locomotora industrial, que es la más dependiente de la energía rusa, que ve reducida su expansión en nueve décimas este año (hasta el 1,2%) y en 1,9 puntos el que viene (hasta un magro 0,8%). En Berlín, la probabilidad de recesión económica (dos trimestres consecutivos en negativo) ya ronda el 25%, según los técnicos del FMI.

Francia, por su parte, ve reducido su crecimiento en seis y cuatro décimas este año y el que viene, respectivamente, hasta el 2,3% y el 1%.

Italia, sorprendentemente, según el FMI cree que su economía crecerá este año notablemente más (siete décimas) de lo previsto hasta ahora, anotándose una expansión del 3%.

En clave comunitaria, sin embargo, la mejora de la actividad en el país transalpino se ve “más que, negativamente, compensada por las rebajas significativas” en el resto de las potencias de la moneda única, “que reflejan tanto el impacto de la guerra en Ucrania como la asunción de que las condiciones financieras serán más ajustadas” tras la retirada de las compras netas de deuda por parte del Banco Central Europeo y la reciente subida de los tipos de interés.

En el lado opuesto, los economistas del Fondo consideran que ¨los fondos europeos seguirán apoyando la actividad económica en un buen número de economías europeas”

ESPAÑA:

España tardará al menos cuatro años en regresar al nivel de PIB anterior a la pandemia. Las últimas previsiones del FMI reducen el crecimiento de la economía española hasta el 4% este año, y el 2% el que viene (ocho décimas y 1,3 puntos menos, respectivamente, que, en su última proyección realizada en abril), retrasando la completa recuperación de la situación creada por la pandemia, hasta el primer trimestre del año 2024.

Para este año, el recorte en la previsión de crecimiento económico español es mayor que en la media de la eurozona (dos décimas), aunque partiendo de un nivel superior (4,8%, frente a 2,8%). Y en el año 2023, según el FMI, España crecerá casi el doble que la media de los países de la moneda única.

Aunque España dispone de una potente red de regasificadoras, y un amplio abanico de suministradores, el frenazo industrial y de actividad en el resto de la Unión Europea le pasaran factura.

El Banco de España ha dejado su pronóstico en el 4,1% de crecimiento del PIB para 2022 y en el 2,8% el de 2023 (cuatro y una décima menos, respectivamente, de lo vaticinado en abril). La Comisión Europea ha pasado de una previsión del 3,4% al 2,1%, si bien ha mantenido su previsión para este 2022 de un 4% (la misma que espera el Fondo Monetario Internacional).

El Gobierno español, por su parte, espera que la economía crezca un 4,3% este año, y un 2,7% en 2023.

Por lo que respecta al paro, según los datos publicados por el Ministerio de Trabajo y Economía Social, el número de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo aumentó en 40.428 personas en agosto, un 1,4% más que en julio. Vuelve a situarse por encima de los 2,9 millones de parados, concretamente en los 2.924.240 desempleados.

En términos desestacionalizados, el paro registrado subió en agosto en 3.184 personas. Trabajo recalca en su comunicado que el total de parados (2.924.240) es el más bajo en un mes de agosto desde el año 2008.

En el pasado mes de agosto, la Seguridad Social perdió 189.963 afiliados, con una caída del 0,93% respecto a los datos registrados el mes anterior, el peor dato desde 2019, según las cifras del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Con este descenso, el número total de cotizantes acabó en 20,15 millones de personas, de los que 10,7 eran hombres y 9,3 millones, mujeres. En términos desestacionalizados, el número de afiliados a la Seguridad Social subió en 62.135 trabajadores, un 0,31% más que en julio. El dato desestacionalizado de agosto también es el más bajo desde el mismo mes de 2019.

La Seguridad Social ha destacado, también, que se han creado 334.174 empleos entre enero y agosto de 2022, descontando la estacionalidad y el efecto calendario. Así, se supera en 687.000 personas el nivel de afiliación previo a la pandemia.

El paro repuntó en agosto en la Construcción un 2,23%, con 5.095 parados más, seguido de la Industria, con 4.974 nuevos parados. También se incrementó en el sector servicios, donde el desempleo aumentó un 1,85%, con 37.546 desempleados. En la Agricultura, el paro disminuyó en 6.693 personas (-4,53%) y en el colectivo sin empleo anterior, con 494 personas menos (-0,2%).

Durante el mes de agosto, el desempleo aumentó en el colectivo de mujeres, hasta sumar 22.613 desempleadas más (1,31%), situándose en 1.751.001, mientras que en el caso de los hombres creció un 1,54%, con 17.815 nuevos parados, hasta 1.173.239.

Por su parte, el desempleo de los jóvenes menores de 25 años subió en agosto en 8.881 personas (4,71%) respecto a julio, mientras que el paro de 25 y más años aumenta en 31.547 (1,17%).

El paro registrado bajó en agosto en cuatro comunidades autónomas, con las caídas más acusadas en Canarias (-1.148), Comunidad Foral de Navarra (-479) y Aragón (-432). El desempleo repuntó en las 13 autonomías restantes, con Andalucía a la cabeza (9.955), seguida de Cataluña (9.554) y Comunidad Valenciana (6.994).

En cuanto a las provincias, el desempleo registrado desciende en 7 de ellas, encabezadas por Huelva (-1.479), Santa Cruz de Tenerife (-686) y Zaragoza (-657) y aumenta en las 45 restantes, entre ellas Barcelona (6.481), Valencia (3.677) y Madrid (3.254).

El paro registrado entre los extranjeros bajó en agosto en 3.388 desempleados (-0,94%) respecto al mes anterior, hasta situarse el total de inmigrantes en desempleo en 356.776.

Respecto a las modalidades de los contratos realizados durante el pasado mes de agosto, el número total de realizados fue de 1.283.791. De esos, 506.731 tienen carácter indefinido y suponen un 39,47% del total, mientras que la firma de contratos temporales se situó en agosto en 777.060, un 60,53% del total.

En el acumulado del año, se han firmado 12.511.212 contratos, un 5,45% más que en los ocho primeros meses de 2021. De ese total 4.474.581 son contratos indefinidos y 8.036.631 son temporales.

De los 506.731 contratos indefinidos firmados en agosto, 217.743 fueron a tiempo completo, 118.941 a tiempo parcial y 170.047 fijos discontinuos. En cuanto a la duración de su jornada, los contratos temporales en agosto se dividen en 520.499 a tiempo completo y 256.561 a tiempo parcial.

En relación al gasto en prestaciones por desempleo alcanzó en julio (último mes disponible) los 1.643,4 millones de euros, un 18,9% menos que en julio de 2021.

El total de beneficiarios de prestaciones por desempleo se situó al finalizar julio en 1.758.496 personas. El gasto medio mensual por beneficiario, sin incluir el subsidio agrario de Andalucía y Extremadura, ascendió a 955,7 euros en julio.

Los datos de prestaciones siempre van con un mes de retraso respecto a los datos de paro, de forma que Trabajo ha publicado las cifras de desempleo de agosto y la estadística de prestaciones de julio.

Por otro lado, respecto a los precios, la inflación se ha mantenido en los dos dígitos, aunque se ha tomado cierto respiro. El Instituto Nacional de Estadística (INE), finalmente, ha informado que los precios subieron en agosto un 10,5% (tres décimas por debajo de la cifra del pasado mes de julio).

Según el INE, el descenso se debe, principalmente, “a la bajada de los precios de carburantes, que subieron en agosto de 2021″. En sentido contrario, cita el aumento de los precios en electricidad, alimentos, restauración y paquetes turísticos, estos dos últimos especialmente demandados en temporada de verano. La inflación subyacente, que, como es sabido es el mejor indicador de la tendencia de los precios, ha aumentado en tres décimas, hasta el 6,4%.

Según el BBVA, “en septiembre y octubre la inflación continuará bajando, aunque que los precios sigan subiendo en torno al 7% ó el 8%. hasta final de año. Lo preocupante es la subida de la inflación subyacente.

Las subidas de los precios han sido el resultado de encarecimientos en múltiples flancos: el precio del petróleo, que acabó trasladándose a los combustibles, y en paralelo, bajo la incertidumbre de la guerra en Ucrania, subieron materias primas agrícolas como el trigo, o imprescindibles para la construcción y la industria, caso del cobre, el aluminio, el acero y el hierro. Pero, actualmente, los precios de todas ellas han vivido en los últimos meses descensos significativos, lo cual, incluso, en los precios de los combustibles (la gasolina lleva nueve semanas consecutivas abaratándose, aunque levemente ya que acusa más rápidamente las subidas que las bajadas del petróleo). También se han relajado las tensionadas cadenas de suministro y los precios de los fletes marítimos, todavía históricamente altos.

Queda, sin embargo, un gran problema: la energía eléctrica. Los cortes en el suministro de gas ruso han disparado el precio en los mercados internacionales, empujando así las tarifas de la luz a nuevos récords en toda Europa. Sin duda, también ha contribuido la menor producción hidroeléctrica por la sequía existente, y la caída de la producción eólica en verano.

En España, el tope al gas, vigente desde mediados de junio, ha suavizado algo la situación, pero nuestra economía no se ha librado: la pasada fue la semana con la energía más cara de la historia, con 376,94 euros el megavatio hora de media, y no hay visos de que la tendencia esté cambiando. Agosto ha acabado con la electricidad más cara desde que hay registros.

El uso de la energía eléctrica es fundamental para el funcionamiento de la industria, sobre todo en sectores como el metalúrgico, químico y siderúrgico, para los que supone hasta un 50% de sus gastos de producción. Su encarecimiento se filtra además a otros artículos y servicios en los que interviene de algún modo, desde negocios cárnicos, a pescaderías, lavanderías o la hostelería en general. Por si fuera poco, el hecho se agrava por la evolución en el mercado de divisas de la cotización dólar – euro, que, por primera vez, supone una fuerte depreciación del euro (apreciación del dólar), lo que implica el pago de una factura del petróleo y del gas en dólares más elevada.  

MERCADOS:

El miedo a la recesión económica está afectando severamente a la Bolsa, y el Ibex 35 encadena sucesivas caídas, sufriendo el peor mes de agosto durante estos últimos años. Acumulando durante este año, una caída superior al 9,5%.

El resto de las Bolsas europeas sufre una situación similar: el Ftse Mib italiano se ha dejado un 3,8%; el Dax alemán, un 4,8%, el Cac francés y el Eurostoxx 50 (que representa a las 50 mayores empresas de la eurozona en términos de capitalización bursátil) un 5%. Londres ha moderado sus pérdidas mensuales a un 1,9%.

El mal dato de la inflación de la eurozona durante el pasado mes de agosto, ha hecho mella en los mercados. La subida de precios, anteriormente citada del 9,1%, hace temer un aumento de los tipos de interés de 75 puntos básicos por parte del Banco Central Europeo durante este mes de septiembre.

Igual ocurre en el mercado de Estados Unidos: el Dow Jones y el S&P 500 se encaminan a cerrar agosto con una caída superior al 3% y el Nasdaq Composite, que engloba las grandes empresas tecnológicas como Amazon, Apple y Netflix, a un 4%.

Por otro lado, el euríbor ha cerrado agosto con un máximo en 10 años, marcando un récord histórico de subida interanual, al llegar al 1,249%.

La subida del euríbor a doce meses (indicador de referencia para la mayoría de hipotecas en España) supone un récord en más de una década ya que no se alcanzaba desde mayo de 2012 cuando se situó en un 1,26%.

Como es sabido, el euríbor tiene suma importancia para las economías domésticas puesto que guía el precio de bastantes servicios que los bancos ofrecen a sus clientes (hipotecas y el ahorro).

Los mayores damnificados de la subida del Euribor son los hipotecados a interés variable: una hipoteca variable de 100.000 euros a 25 años estaría sufriendo en este momento un sobrecoste en torno a los 850€ al año. 

En relación el mercado de bonos, hay que señalar que índice Bloomberg Global Agregate Total Return (incluye todos los bonos corporativos y gubernamentales mundiales con grado de inversión) acumula una caída de más del 20% desde los máximos alcanzados en 2021, lo que implica su entrada en fase bajista. Se trata de su mayor caída desde la creación de este selectivo, en 1990.

Tras años en los que las inyecciones de los bancos centrales, para estimular monetariamente a las economías, provocaron que una gran cantidad de bonos gubernamentales y empresariales cotizaran con rentabilidades negativas, la retirada de estos estímulos y la subida de los tipos de interés ha acabado con esta anomalía. Ha quedado atrás la situación en la que la rentabilidad del bono alemán a diez años se situaba en 2019 en el -0,7%. El bund roza ya el 1,6% tras haber tocado en junio los máximos del 1,8%. En el caso del bono español a una década, su rentabilidad ha llegado a alcanzar este año un máximo del 3,1%, frente al mínimo del -0,017% que registró en diciembre de 2022.

Por otro lado, en relación al mercado de divisas, las expectativas de subidas del tipo de interés por el BCE, no está frenando la depreciación del euro frente al dólar.  La divisa europea se encuentra marcando mínimos de 20 años situándose en este momento en alrededor de 0.99 dólares por euro.  

La caída del euro se ha agudizado desde principios de abril, con un retroceso que coincide con la inquietud de los inversores respecto a que se intensifiquen las políticas restrictivas de los bancos centrales para combatir la inflación a costa del crecimiento económico. Y en ese contexto, en pleno shock energético con el gas en máximos, la zona euro tiene mucho más que perder.

El Banco Central de China ha rebajado los tipos de interés de referencia, un movimiento ya esperado pero que aviva el temor del mercado a que la segunda economía mundial se desacelere, por lo que el yuan se ha depreciado a mínimos de hace casi dos años.

EMPRESAS:

Iberdrola, el mayor grupo eléctrico español, ha obtenido un beneficio récord de 2.075 millones de euros durante el primer semestre de este año. Se trata del mayor resultado semestral conocido, y es un 36% más alto que en el mismo periodo del año pasado.

Según ha comunicado la empresa a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), los resultados se deben a la buena marcha del negocio en Estados Unidos, Brasil y el Reino Unido. Señalando como negativo, en palabras del propio grupo, el “resultado adverso” de su filial en España, que redujo sus ganancias un 26% “afectada por los altos precios de la energía” que no ha podido repercutir a sus clientes con contrato de precio fijo, El flujo de caja operativo generado hasta junio fue de 5.560 millones, otra cifra récord y un 31% más que un año antes.

El beneficio bruto de explotación (Ebitda) de Iberdrola creció un 18% a escala global, hasta los 6.444 millones de euros, sustentado fundamentalmente en el notable avance (+32%) de su negocio de redes, que ya aporta más de la mitad del total, y el de producción, electricidad y clientes (+9%). En esta última actividad, además de los altos precios no repercutidos a sus clientes en España y en el Reino Unido, Iberdrola también menciona como factor negativo la “menor producción eólica e hidroeléctrica” en la península Ibérica.

En España, la electricidad generada por Iberdrola cayó un 5%, mermada por la reducción en la producción renovable (-17%) por el menor recurso disponible y por las paradas en las centrales nucleares en las que participa. Ambos factores obligaron a la eléctrica a recurrir más al mercado mayorista, que en los últimos meses arroja precios históricamente altos, para poder atender toda la demanda de sus clientes. La empresa también menciona, aunque de pasada, el “impacto negativo de las decisiones regulatorias”, en una mención velada a las medidas de detracción de los beneficios caídos del cielo puestas en marcha por el Ejecutivo. A pesar de la enorme apuesta exterior de Iberdrola, España aún supone el 46% del Ebitda de su negocio de Producción de Electricidad y Clientes, cifra que cae hasta el 19% en el caso de la división de Redes.

Sus expectativas positivas para la segunda mitad del año, “permiten a Iberdrola reafirmar sus perspectivas de alcanzar un beneficio neto de entre 4.000 y 4.200 millones de euros para el conjunto del ejercicio¨”. Todo ello, según Iberdrola.

Las inversiones ascendieron a 4.741 millones en el periodo, un 5% más. Un 23% fue a parar a España (1.100 millones), frente a los 1.246 millones de Estados Unidos, los 837 millones de Brasil, los 801 millones del Reino Unido, los 153 millones de México. El resto, 619 millones, se invirtieron en el resto de países en los que opera la compañía.

Ha tenido un incremento del 14% en la deuda neta financiera de Iberdrola, que se elevó hasta superar los 47.700 millones de euros, casi 5.140 más que en junio del año pasado. A ese aumento también contribuyó la debilidad del euro frente a las divisas de los países extracomunitarios en los que opera Iberdrola. La empresa, no obstante, cuenta con una liquidez de 25.000 millones de euros, una cifra que le permitiría “cubrir 27 meses de necesidades financieras sin recurrir al mercado”. El 75% de sus deudas es a tipo fijo.