lunes, 29 de abril de 2019

SITUACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA Y MUNDIAL A ABRIL 2019: tensiones comerciales y debilitamiento económico



La mayoría de organismos multilaterales apuntan a un debilitamiento del crecimiento mundial, en buena parte, debido a las tensiones comerciales existentes.

GLOBAL:

El presidente Trump impuso aranceles del 25% al acero, y del 10% al aluminio durante marzo de 2018. Se desencadenaron las fuertes tensiones comerciales a partir de ese momento: impuso gravámenes por valor de 50.000 millones de dólares anuales a China y, posteriormente, otros 200.000 millones más. China, al igual que Europa, reaccionó rápidamente, de forma que este “fuego cruzado” está afectando a toda la economía global.
En mayo del año pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló que el crecimiento mundial sería del 3,9% en este año 2019. Posteriormente, rebajó esa previsión en dos décimas, y de nuevo en enero de este año, ha rebajado su previsión al 3,5% de aumento del PIB.
Por su parte la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), se ha pronunciado en ese mismo sentido, aunque prevé mayores recortes para el crecimiento económico, al situarlo en el 3,3% de aumento. Lo anterior en un contexto de frenazo económico en la Unión Europea, con la economía alemana casi en el filo de la recesión.
Y es que los mensajes de Twitter, que tanto gustan al presidente Trump, se ya están mostrando sus efectos en la economía real.
Ahora bien, el FMI al anunciar su crecimiento del 3,5% para la economía mundial este año, ha precisado que se trata de una "desaceleración sincronizada". Sin embargo, no precisó en qué consiste esta definición de desaceleración.
Sin duda, todo ello ha influido en las decisiones de política monetaria más laxa: el Banco Central Europeo ha avanzado que inyectará más liquidez a la banca, manteniendo los tipos de interés oficiales intactos, al menos, hasta el año 2020.
De la misma forma, la Reserva Federal también ha descartado adoptar nuevas subidas en las tasas de interés este año 2019.
Otro factor de riesgo apuntado por el FMI, es la incertidumbre que genera la salida del Reino Unido de la Unión Europea ante la falta de acuerdo para el Brexit.
También existen otros aspectos o factores de riesgo: elevado nivel de endeudamiento en algunos sectores económicos y países; las tensiones derivadas de la política comercial; y la intranquilidad de los mercados financieros.
Todo ello, ha conducido el FMI a señalar que “la economía global se encuentra un momento delicado”.
El FMI ha seguido postulando “una mayor integración comercial, ya que se trata de un aspecto fundamental para el crecimiento económico, la inversión, el empleo y de la productividad. Por el contrario, las barreras comerciales claramente perjudican”.
Ha señalado el FMI, que hay que conseguir “evitar errores que contribuyan a alimentar aún más la incertidumbre, dando los pasos adecuados. Se deben adoptar políticas equilibradas que refuercen las economías al tiempo que garanticen que sean más inclusivas.
La directora gerente del FMI, ha expresado “la necesidad de proceder a modernizar el sistema de tributación internacional de las empresas, para evitar que las corporaciones desvíen sus beneficios a países con impuestos más bajos. El sistema está desfasado”.
También la institución se ha referido a la economía digital. En concreto a las grandes empresas tecnológicas dominantes, al señalar que: “no tenemos un problema de monopolio, pero se deberían adoptar las medidas apropiadas para que no lo sea”.
Los técnicos del FMI trazan varios escenarios para ilustrar los efectos de la guerra comercial y de la incertidumbre que genera. El informe no cita directamente a Donald Trump pero sí incluye una simulación del impacto de una eventual escalada en el choque. EE UU y China sufrirían básicamente todo el daño. Los intercambios entre los dos países podrían caer un 30% a corto plazo si se elevara un 25% el arancel a todos los bienes. El desplome sería del 70% si se prolonga.
Volviendo al tema de las tensiones comerciales, el Fondo ha señalado que la caída de la demanda externa por el declive de las exportaciones lastrará a las economías de Estados Unidos y de China. Aunque la economía de China lo notará antes, y que en el caso de la economía estadounidense sus efectos se mantendrán a más largo plazo.

CHINA:

De nuevo resalta la preocupación económica mundial de la desaceleración del crecimiento económico de China: tras décadas de crecimiento, a menudo superiores al 10%, su economía incrementó su PIB durante el pasado 2018, según las cifras oficiales, un 6,6% (la tasa más baja desde 1990). Algunos economistas chinos señalan que ese 6,6% exagera la realidad y que el verdadero crecimiento económico chino ronda el 4%.
Sin dejar de imputar como causas de la deceleración a factores coyunturales (un enfriamiento de la economía mundial, y a la guerra comercial con Estados Unidos), existen otras importantes causas:
Una de ellas, es lo que algunos analistas llaman el agotamiento de las “ventajas del atraso”: cuando una economía de bajo desarrollo se libera de rigideces que impiden su desarrollo, esta crecerá, durante décadas, a tasas muy elevadas, ya que acumula capital rápidamente, e importa tecnología extranjera (ocurrió en España con el Plan de Estabilización de 1959 al renunciar a la “Autarquía Económica”). China está sufriendo la misma desaceleración que todas las otras economías asiáticas experimentaron una vez que las “ventajas del atraso” se agotaron.
Otra causa de la desaceleración de China, es la transformación demográfica: durante el año 1963, con 682 millones de habitantes, China tuvo 29,6 millones de nacimientos. En 2018, con 1.395 millones de habitantes, casi el doble que, en 1963, China tuvo 15,2 millones de nacimientos, casi la mitad que en 1963. Esta brutal reducción de la fertilidad, que ha continuado incluso después de la eliminación de la política del hijo único, hace que la población activa en China ya esté cayendo en 2019 (la población total empezará a contraerse hacia 2029). Esta caída irá reduciendo puntos adicionales de crecimiento de la economía (aunque el efecto será menor en términos per cápita) tanto directamente, al bajar el insumo de trabajo, como indirectamente, al debilitarse la innovación tecnológica y la creación de nuevas empresas. Poblaciones más envejecidas son poblaciones que innovan y emprenden menos.
Otra posible causa, según los analistas, es el deterioro institucional sufrido en China desde la llegada al poder de Xi Jinping en 2012. Más nacionalista y autoritario que sus predecesores, Xi se ha lanzado a una agresiva campaña de recentralización política y revigorización del intervencionismo estatal en la economía.     
El Partido Comunista ha sobrevivido gracias a la aquiescencia de una clase media urbana que ha disfrutado de unos incrementos inusitados de bienestar. Olvidando esa clase la ausencia de libertades políticas, la corrupción y la ineficiencia de los servicios públicos a cambio de continuas subidas de ingresos. Por lo que otro factor de riesgo, es el hecho de que la experiencia señala que esa aquiescencia con las dictaduras se disuelve rápidamente en cuanto el crecimiento económico cae.
Frente a las anteriores dificultades, China ha pivotado de un modelo basado en las exportaciones, a otro centrado en el consumo interno.
Las estadísticas chinas hay que tomarlas con cierta prudencia, debido a las dimensiones de su economía y por el caos burocrático que padece, pero las que realmente preocupan más son, paradójicamente, las de su enorme deuda.
Según el Banco Internacional de Pagos, al final del tercer trimestre del año pasado, la deuda total de China ascendía a una cifra equivalente al 252,7% de su PIB. Incluyendo los créditos al sector público y al privado, formado por empresas y hogares, eran unos 32,5 billones de dólares (28,6 billones de euros), por debajo de los 50,1 billones de dólares (44,1 billones de euros) de Estados Unidos, pero por encima de los 17,9 billones de dólares (15,7 billones de euros) de Japón.
La mayor parte de la deuda de China es de las empresas privadas: 19,7 billones de dólares (17,3 billones de euros) alrededor del 153,0 % de su PIB. (casi el doble de la estadounidense).
Pero el gran problema de China está en los gobiernos locales, fuertemente endeudados, y en la denominada “Banca en la Sombra” (técnicamente nos referimos a las entidades financieras no bancarias pero que actúan como tal concediendo crédito, como puede ser el caso de ciertos fondos de inversión), un sistema de financiación privada que opera al margen de los bancos e instituciones de crédito y es difícil de cuantificar.
En el primer trimestre de 2017, la agencia Moody´s estimaba que dicha “Banca en la Sombra” podía suponer el 80% del PIB de la economía de China.
En ese mismo año, Goldman Sachs cuantificaba la deuda total del país en una cifra equivalente al 317% de su PIB. Las autoridades de Pekín están intentando poner orden en sus cuentas para reducir su excesivo endeudamiento.

ESTADOS UNIDOS:

Se mantienen dos importantes dudas respecto a la primera potencia económica mundial: ¿cuándo subirá de nuevo los tipos de interés la Reserva Federal, y qué va a hacer con los activos de deuda que acumuló en su balance para salir la crisis? La mayoría de los analistas apuntan a que no habrá nuevas subidas en este 2019, y se dejará de reducir la cartera de títulos, resultado de las medidas de expansión cuantitativa, en septiembre.
Por tanto, los tipos de interés, desde diciembre pasado, han quedado situados en una banda que va del 2,25% al 2,5%. Y es que el Banco Central estadounidense es menos optimista: si bien afirma que la expansión económica continua, lo está haciendo a un ritmo menos fuerte del esperado.
Las previsiones son de un crecimiento del 2,1% para todo el año 2019 (dos décimas menos de lo anticipado), y que caiga al 1,9% en el próximo 2020.
Se espera una subida de precios del 2%, por lo que existe margen de maniobra para mantener invariables los tipos de interés. También la Reserva Federal espera a ver, finalmente, la evolución de la economía global.
Powel, presidente de la Reserva Federal, ha señalado que siguen estudiando cómo reducir los títulos que esta fue adquiriendo en las excepcionales medidas de política monetaria, y reducir de esa forma su balance.  Lo que pone de relieve, que aún no se ha determinado la composición de títulos que la Fed desea seguir manteniendo en su, denominada, Cartera de Mercado Abierto.
Las cifras record de política monetaria adoptadas durante la Gran Recesión, llevaron a esta cartera a los 4,5 billones de dólares a la existente a finales de 2014.
Frente a la circunstancia de que el crecimiento de la economía estadounidense se está moderando –aunque aún no es preocupante- podría acelerar su caída en el segundo semestre de este año, lo que llevará a tener que virar su política monetaria de su estrategia neutral actual, hacia otra de nuevo expansiva. No existe, por tanto, urgencia en subir las tasas de interés oficiales.
Por otro lado, la revolución del “fracking” ha llevado a la Agencia Internacional de la Energía (AIE) a anticipar que Estados Unidos ya ocupa la cúspide de la producción mundial de petróleo. El organismo señala en un informe que el país que, hasta hace poco era un importador neto de petróleo, superará dentro de cinco años al segundo productor mundial (Rusia), acercándose mucho al primero (Arabia Saudí). 
La AIE asegura que “Estados Unidos lidera cada vez más el crecimiento en la oferta de productos petrolíferos, con un importante crecimiento de países no miembros de la OPEP como Brasil, Noruega y Guyana”.
Califica de “inédito” cómo se ha convertido en menos de una década en un gran exportador de crudo. Esto se debe a la capacidad de su industria de fracking de responder rápidamente a los movimientos de precios impulsando la producción.

UNIÓN EUROPEA:

La economía de Alemania depende en un 50% de sus exportaciones. Por lo que su ministro de economía, Peter Altmeier, se ha mostrado preocupado por las guerras comerciales desatadas.
El PIB germano, que había sido capaz de remontar lo peor de las crisis y seguir tirando de la economía de la región de euro, sufrió en noviembre pasado su peor contracción de los últimos cinco años, de forma que en el último trimestre de 2018 estuvo a punto de entrar en recesión técnica (caídas del PIB).
Pues bien, el Gobierno alemán ha rebajado reiteradamente sus previsiones de crecimiento, hasta apenas el 0,8% anteriormente citado, argumentando especialmente la debilidad de su sector automovilístico. La realidad, es que la industria automotriz ha tenido problemas con la introducción de las nuevas pruebas de emisiones, pero incluso sin ese efecto, el PIB alemán apenas habría crecido debido a la disminución de la demanda china.
En el pasado, China era para Alemania su principal mercado de exportación de maquinaria y tecnología, pero progresivamente esa economía se ha ido convirtiendo en el socio principal en la relación existente entra ambas economías. Con el agravante de que China no compra productos “todo a un euro”, sino que compra empresas alemanas con patentes de alta tecnología. Por esta razón, Alemania en diciembre, introdujo una nueva ley para reducir la participación de capital extranjero en las empresas alemanas.
Ahora, los operadores germanos de teléfonos móviles están particularmente interesados en la oferta de 5G de la china Huawei porque ya utilizan el hardware de la compañía en sus redes, y las exportaciones alemanas necesitan evitar cualquier desaire por parte de Berlín al Gobierno chino, pero el presidente Trump no está dispuesto a permitir ese acercamiento y el embajador estadounidense en Alemania, Richard Grenell, ha enviado una carta al ministro Altmeier amenazando con reducir la cooperación en seguridad e inteligencia, si Huawei entra en la estructura 5G de Alemania.
En ese sentido desairar a Trump, la opción alternativa del 5G a la de Huawei, tendría igualmente consecuencias devastadoras sobre la balanza comercial alemana. El presidente estadounidense. ya ha demostrado que no le tiembla el pulso y ha amenazado con imponer aranceles del 20 al 25% a los automóviles de la UE. Los fabricantes alemanes envían 494.000 coches cada año a Estados Unidos, casi la mitad de las exportaciones europeas a ese país. Hay que recordar, que las autoridades estadounidenses han llevado a empresas emblemáticas alemanas como Deutsche Bank o Volkswagen a situaciones insostenibles en los tribunales, atando indirectamente de pies y manos al Gobierno de Berlín, y por extensión a la zona euro, paralizados por la disyuntiva y en shock ante el retroceso posible.
La situación de la economía alemana se ve reflejada en los informes de los institutos alemanes que confirman la peor caída de los últimos siete años: el Informe de Primavera de los Institutos Económicos alemanes, hace una previsión de crecimiento para este año de solamente el 0,8% del PIB. Los expertos apuntan que el enfriamiento no solo ha afectado a la industria automotriz, sino al conjunto del sector manufacturero, algo que en parte puede atribuirse a los riesgos relacionados con la imposición de aranceles, pero también, advierten, a que Alemania no se está subiendo a tiempo al tren de la digitalización y de la inteligencia artificial.
El Informe de los institutos alemanes señala que la economía experimentará una expansión algo más fuerte el resto de 2019, a medida que surten efecto las medidas aplicadas en China, y siempre que Estados Unidos mantenga su ritmo de crecimiento económico.
En otro orden de problemas, refiriéndonos al Brexit, el Banco de Inglaterra ha remitido un informe al Parlamento del Reino Unido, dónde considera cuatro escenarios: en el primero, para el caso de una negociación exitosa para el Reino Unido, señalaba, triunfalmente, un 1,75% más de crecimiento adicional para el PIB de la economía británica. Algo, completamente inviable.
Los otros escenarios “pintan mal” para la economía británica:  uno sería un acuerdo comercial al estilo del CETA de Canadá con un periodo transitorio, y quitaría unos 0,75 puntos de PIB a los británicos.
Otro, consistiría en una salida ordenada, pero sin acuerdo y en el que los aranceles se establecerían por defecto según las reglas de la Organización Mundial de Comercio. Esta posibilidad arrojaría una contracción de la economía de Reino Unido del 4,75%.
Y, por último, un Brexit por las bravas, desplomaría el PIB en 7,75 puntos porcentuales. Este último supondría una recesión de la magnitud que ha sufrido España y provocaría "disrupciones de las cadenas productivas e inestabilidad financiera", según señala el propio Banco de España. 
En el primer escenario negativo habría una apreciación de la libra del 2%. Y en los otros dos habría depreciaciones de la libra del 15% y el 25%, respectivamente. A estos escenarios y sus posibles impactos sobre las relaciones comerciales con España, se añade el cálculo de un shock de crecimiento en el resto de la zona euro, calibrando caso por caso con el objetivo de conocer mejor cuáles serían las consecuencias totales para la economía española. Según el FMI, la UE perdería entre un 0,5% en el escenario optimista y un 1,5% si no hubiese acuerdo. Irlanda, Alemania, Holanda, Bélgica y Francia serían los países más afectados por ese orden. España e Italia se encontrarían entre los menos perjudicados.
Por otro lado, para toda la región, el FMI ha declarado que la desaceleración que sufre la economía europea está durando más de lo previsto, de forma, que es posible que el crecimiento esté por debajo de su potencial durante varios trimestres.
Por su parte el Banco Central Europeo no vislumbra, por ahora, una recesión económica, señalando que la probabilidad de que tal cosa ocurra es relativamente baja. Sin embargo, no todos los miembros del BCE se han mostrado partidarios de aplazar las subidas en los tipos de interés, por lo que según señalan las actas de las reuniones, “se expresó cierta precaución en torno la idea de comprometerse con un horizonte más amplio, que fuera hasta bien entrado el próximo año, en una situación de alta incertidumbre en la que los datos que van llegando podrían evolucionar de muy distintas formas”.
La realidad, es que, ante este panorama, el mercado apuesta por el año 2021 como la fecha más probable para la primera subida de tipos desde 2011. Los últimos datos de inflación, que en marzo cayó en la eurozona al 1,4%, y los malos resultados industriales de Alemania alimentan la idea de que este calendario sigue alejándose progresivamente.
En todo caso, según las Actas de sus reuniones, el BCE ya ha dejado claro que se toma muy en serio la preocupación de los bancos por el daño que les está causando la situación de tipos súper reducidos, que incluso están en niveles negativos del 0,4% para los fondos que las entidades dejan aparcadas en el eurobanco. “Se expresó la preocupación de que a lo largo del tiempo los efectos de unos tipos persistentemente bajos podrían deprimir los márgenes de los bancos y su rentabilidad, con efectos negativos en la intermediación de los bancos y la estabilidad financiera a largo plazo”.
Para algunos analistas, la situación de la región del euro tiene similitudes con la “situación a la japonesa” que vive esa economía desde hace décadas: bajo crecimiento, muy poca o inexistente inflación, y una sociedad envejecida.
Según las previsiones del BCE, el PIB de la eurozona subirá este año solo un 1,1% (casi la mitad de lo que pronosticaba unos meses antes), y tiene bajas subidas de precios (el mes pasado cayó al 1,4%, alejándose una vez más del objetivo oficial del 2% del eurobanco). Con estos datos, ningún dirigente de la política monetaria sensato se arriesgaría a subir los tipos de interés.
Ahora bien, la idea de alargar en el tiempo los intereses súper reducidos, no sólo tiene a la banca en “pie de guerra” por la escasa rentabilidad de su negocio, sino porque apunta a muchos economistas a señalar un fantasma, cada vez más cercano, “la japonización de la economía europea”. 
Como ya hemos comentado, desde hace muchos años, se trata de un escenario en el que se conoce como se entra, pero, realmente, no sabemos cómo se sale. Japón está atrapado en esta situación de estancamiento, desde los años noventa del siglo pasado.  
Es evidente, el riesgo para la economía europea de una situación similar: una mezcla de atonía en el crecimiento y en la inflación, aderezada además con un acelerado envejecimiento de la población y una productividad incapaz de tirar del crecimiento económico.
Los planes de Mario Draghi, que, tras seis años de crecimiento económico ininterrumpido en la eurozona, pretendía dejar el cargo el próximo 31 de octubre subiendo el precio del dinero, demostrando que él también sabía ser ortodoxo, han quedado en irrealizables.
La situación comenzó a complicarse en el segundo semestre de 2018. Además de los riesgos globales ligados al comercio y a los problemas de los países emergentes, la economía alemana daba muestras de agotamiento. Italia, lanzada hacia una recesión de largo alcance, preocupaba aún más. Y la inflación seguía empecinadamente baja.
¡Qué gran paradoja! Hace una década que el BCE no logra su objetivo de mantener de forma sostenida un crecimiento de los precios ligeramente inferior al 2%. La situación empezaba a preocupar. Pero desde entonces solo ha ido a peor.
Algunos analistas, como el jefe de ING Alemania, declaran que la eurozona deberá acostumbrarse a unos tipos de interés en niveles mínimos durante mucho tiempo: “veo muy, muy difícil escapar de este escenario en los próximos cinco años” ha declarado.
Japón, un país que lleva más de 20 años con los tipos por debajo del 1% (desde 2016, en territorio negativo), que ha pasado la mitad de los últimos 25 años con leve deflación (caída de los precios), tuvo que esperar a 2016 para recuperar el PIB nominal que tenía en 1997.  Pues según el responsable de ING de Alemania, “el bajo crecimiento y la baja inflación de la eurozona, unidos a una política monetaria aún laxa, ofrecen un parecido notable con la situación japonesa, lo que despierta preguntas sobre el manual de herramientas del banco central y las opciones a su disposición”.
El debate sobre este asunto, desborda los objetivos de este artículo, y además conduce a una serie de actuaciones de muy difícil o, quizá, imposible, aplicación en las economías actuales.
La situación, desde luego apunta, a que las economías tendrán que acostumbrarse a que la nueva normalidad ya está aquí: unos intereses mucho más bajos de los que eran habituales hasta la crisis de 2008.
Al margen de si el modelo nipón encaja a la perfección en el europeo o no, los tipos en la franja que va del 0% al 1% han llegado para quedarse en la eurozona. Otra novedad es que su subida o bajada va a dejar de ser la principal arma con la que cuenta el BCE. Las medidas extraordinarias ensayadas en los duros años de la Gran Recesión van a pasar a formar parte del manual de herramientas de los grandes bancos centrales para combatir las próximas crisis. Porque si no fuera así, quedarían desarmados. El precio del dinero ya no será la clave para apagar los incendios del futuro.
Ahora bien, la inquietante pregunta es: si bien al arranque de la crisis de 2008, lo tipos estaban en torno al 3,25%, ¿Qué herramientas le quedan a los Bancos Centrales, frente a una eventual nueva crisis, con unos tipos de interés tan próximos a cero, y unas carteras de títulos de los Bancos Centrales tan, extremadamente, abultadas?... ¿la Política Fiscal?... ¿Las medidas, menos ortodoxas, habrán vuelto a ser ortodoxas?…
Ahora bien, lo anterior, no tiene por qué suponer automáticamente unos menores niveles de bienestar. La renta per cápita nipona ha ido creciendo pese a los fantasmas de la deflación y el estancamiento secular. Y el país disfruta de unas tasas de paro mínimas, que en febrero cayeron al 2,3%.
La caída de la población en Japón (las previsiones oficiales apuntan a que de sus 127 millones de habitantes actuales podría pasar a 100 en 2049) contribuye a este mantenimiento del bienestar: la producción se mantiene estancada, pero cada vez hay menos entre los que repartir. Pero esta demografía supone una amenaza para las pensiones del futuro.
Sin embargo, este escenario de débil, o bajo crecimiento, es muy indeseable en el ámbito europeo: el escaso crecimiento impedirá cerrar la brecha entre los países más ricos de la eurozona y los más pobres.
Así las cosas, con una política monetaria que no da ya mucho más de sí, parece llegado el momento de la política fiscal: el margen de maniobra del BCE para responder a la próxima crisis va a ser mucho más reducido. Así que sería extremadamente bueno que los miembros de la eurozona acordaran nuevos instrumentos sobre la política fiscal, como el presupuesto europeo que propone el presidente Macron. Pero esto es muy difícil. Así que al final todo dependerá de que las autoridades nacionales quieran impulsar el gasto con inversiones productivas o no.
La tarea de impulsar la política fiscal se presenta como titánica. Con las reglas europeas actuales, países como España e Italia tienen un margen de maniobra prácticamente nulo para tirar de gasto público endeudándose más. Y los países que sí podrían hacerlo, encabezados por Alemania, no están dispuestos a dar ese paso. Solo un susto importante, en forma de recesión, parecería capaz de hacerles cambiar de opinión.
El responsable de la eurozona de Oxford Economics, Ángel Talavera, apuesta por el tirón al crecimiento que podría llegar de los presupuestos públicos: “países como Alemania no deberían tener miedo a emitir deuda. Cuando te puedes financiar a coste cero o incluso negativo, no hay ninguna razón económica para no aprovechar esa oportunidad e invertir para aumentar la productividad. Países como España no se pueden permitir por ahora este debate, pero los que pueden deberían acabar ya con la obsesión por los ajustes fiscales”, concluye.
ESPAÑA:
El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha revisado al alza el crecimiento de la economía española en 2018. En lugar del 2,5% inicialmente estimado, el organismo ha calculado que el Producto Interior Bruto (PIB) avanzó un 2,6%, una décima más debido sobre todo a que las importaciones restaron menos de lo que se detectó en un principio. Sin embargo, se trata del menor crecimiento en cuatro años. Y, además, la composición de la segunda mitad del año empeora. En vez de los crecimientos trimestrales del 0,6% y el 0,7% que se dieron respectivamente en el tercer y el cuarto trimestre, ahora se corrigen y se registra un 0,5% y un 0,6%. Es decir, en la primera mitad del año la economía creció más de lo que se estimó en el dato adelantado. Y en la segunda mitad se está produciendo una desaceleración de la actividad algo más pronunciada de lo que se esperaba, tal y como ya vaticinó el Banco de España. 
Otros indicadores de coyuntura sobre el consumo y las exportaciones parecen confirmar que la economía española sigue debilitándose. Este decaimiento puede significar que el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año estará por debajo del registrado en el trimestre anterior.
El Banco de España ha publicado datos sobre la evolución del sector exterior español durante el mes de enero de 2019: el año ha arrancado mal, ya que, en el mes de enero, el saldo por cuenta corriente arrojó un valor negativo de 1.472 millones de euros. La razón ha sido que las exportaciones de bienes, han caído un 1,3% anual. Este descenso supone que se lleven ya tres meses seguidos de caídas y que, por primera vez desde 2006, las exportaciones españolas hayan crecido por debajo de la media de la zona euro. Además, el déficit comercial se situó en los 4.483 millones en enero, casi un 14% más que hace un año. Por último, la balanza de bienes y servicios del mes de enero por primera vez en mucho tiempo arrojó un saldo negativo (641 millones de euros).
Debajo de la situación descrita, se encuentran “demasiados aspectos negativos”: el menor crecimiento de la Eurozona; la incertidumbre de la política económica de Italia; la debilidad de la economía alemana; las elecciones españolas y al Parlamento Europeo; el Brexit y la política comercial proteccionista de Estados Unidos.
El IPC (Incremento de Precios al Consumo) se aceleró en marzo, colocándose en un 1,3% interanual (dos décimas más que en el mes anterior). De nuevo, la energía es el principal contribuyente a la subida de los precios. Con este dato de marzo, la tasa interanual del IPC acumula 31 meses en positivo.
Según el INE, la subida de los precios, se debe a la de los combustibles, que el año pasado en el mismo mes bajaban en términos mensuales. Aunque el INE no detalla las subidas de gasóleo y gasolina para transporte o para calefacción, hay que señalar que llevan una tendencia alcista desde que comenzó el año. Así, el gasóleo subió un 0,8% en enero y un 4% en febrero, acumulando una subida interanual ese mes del 6%. La gasolina también acumula dos subidas mensuales seguidas, aunque más leves.
Por lo que se refiere al mercado de trabajo, el pasado mes de marzo, podía haber confirmado que la desaceleración golpeaba al empleo. La Semana Santa cae este año muy entrado abril y eso alejaba las muchas contrataciones que suelen traer aparejadas estos días festivos. Pero la afiliación a la Seguridad Social, uno de los medidores más fiables del empleo, ganó 155.104 cotizantes, el tercer mejor dato de la serie estadística, y ha elevado la cifra total de afiliados a 19.043.576, desde agosto de 2008 no había tantos ocupados inscritos en el instituto previsor. También el dato de paro registrado fue positivo, bajó en 33.954 demandantes, aunque fue la menor caída en un marzo desde 2014.
Comparado con marzo de 2018, el mes pasado había un 2,93% más de ocupados cotizando. En enero y febrero este porcentaje había bajado. En marzo esta tendencia se detuvo al aumentar el dato en unas centésimas y prolonga el alto ritmo de creación de empleo que ya acumula más de cuatro años ganando afiliados en torno al 3%. Si se mantiene este rumbo, es probable que en los próximos meses España supere su máximo histórico de afiliados marcado en julio de 2007.
Sí que se ha superado ya ese máximo histórico entre las mujeres (8,84 millones de afiliadas). La incorporación de mujeres al mercado de trabajo es una tendencia de fondo que apenas se interrumpió en algunos momentos de la crisis.
La nota negativa de marzo hay que buscarla en la contratación indefinida. En el pasado febrero ya hubo menos contratos fijos que en el mismo mes del año anterior. Ahora en marzo la caída es mayor, al llegar al 7%. A pesar de este retroceso el empuje de los contratos temporales ha provocado que siga aumentando la contratación en conjunto. Los 5,14 millones de contratos hasta marzo suponen un incremento de casi el 4% en el primer trimestre del año.
Por lo que respecta a las repercusiones del Brexit para la economía española, según los cálculos del Banco de España a partir de las proyecciones que hizo el Banco de Inglaterra en 2018, se estima que un Brexit sin acuerdo y desordenado podría restar a la economía española más de 9.000 millones de euros en un plazo de cinco años. Esto es, unos 0,82 puntos porcentuales de PIB a razón de entre una y dos décimas al año,
En el caso de que la salida de Reino Unido de la UE sea ordenada, pero sin acuerdo, el coste superaría los 6.000 millones, un 0,5% del PIB. En este segundo supuesto se considera que los planes de contingencia funcionan y que la voluntad de las partes es que el problema no vaya a mayores.
Por el contrario, un desenlace con un acuerdo comercial tendría una factura casi inexistente: poco más de 200 millones, un 0,02% del PIB gracias a que la apreciación de la libra compensaría buena parte de las pérdidas. 
Las exportaciones de España a Reino Unido se han resentido desde que se celebró el referéndum a favor del Brexit en 2016. Pero los costes podrían multiplicarse si se produce una salida desordenada y sin acuerdo. En términos de empleo, el mercado laboral español perdería un 0,77%, es decir, unos 150.000 puestos de trabajo en un periodo de cinco años. Las exportaciones retrocederían un 2,65%, y las importaciones un 1,78 %.
En otro orden, la Sareb (Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria), donde se trasladaron 51.000 millones en créditos con un 90% de morosidad y los peores pisos que tenían las cajas de ahorros en 2012 (los conocidos como activos tóxicos), no ha conseguido recuperarse: en el año 2018 registró unas pérdidas netas de 878 millones de euros, un 55% más que un año antes, por la caída en un 41% del margen que obtiene vendiendo créditos y los mayores costes financieros de su deuda, que se elevaron un 22%.
El presidente de la Sareb, preguntado por si las pérdidas de 2018 obligarán a los bancos y aseguradoras privadas que tienen el 54,1% del capital a realizar nuevas provisiones, como sucedió en ejercicios pasados, comentó: "supongo que los socios apuntarán en sus libros la situación de la compañía". No obstante, descartó que, pese a las pérdidas, tuvieran que pedir más capital a los accionistas. El más relevante de ellos es el Estado, que tiene el 45,9% de la Sareb. Su presidente aseguró que tanto las entidades privadas como el Gobierno, han apoyado el cambio de estrategia de la firma y conocen sus planes de futuro. 

MERCADOS:

La ganancia trimestral del Ibex se ha logrado en dos meses. En marzo, tras llamar a la puerta de los 9.500 puntos, se frenó en seco con volúmenes bajo mínimos, con una media diaria de negociación que ronda los 1.720 millones, frente a los 2.324 millones del primer trimestre de 2018.
Y si el Ibex ha subido en el trimestre el 8,2%, el mejor desde 2017, el S&P 500 el 12,77% y el Eurostoxx 50 el 11,67%, la mayor alza desde 2015.
Dentro de un ánimo optimista, si el PIB español crece el 2,2%, con un Bolsa tan barata, para los más optimistas, sólo sería posible mejorar… pero como siempre, hay que extremar la prudencia.
Por lo que respecta al mercado de divisas, el euro ha vuelto a marcar dos mínimos muy señalados respecto al dólar. Aumentan los riesgos sobre el desempeño de la divisa comunitaria, que se negocia por debajo del importante nivel psicológico de los 1,13 dólares y que podría ver atacada la zona de soporte que presenta en los mínimos de 2018 en los 1,1214 dólares.
En esta tendencia, que parece ir ganando peso, influye el impulso que Donald Trump se ha empeñado en insuflar a la moneda estadounidense. El dólar también se ve fortalecido por los mensajes de altos cargos de la Administración de Washington sobre los progresos en las negociaciones con China y por informaciones publicadas en el Reino Unido sobre la posibilidad de que el proceso de salida de la Unión Europea, previsto para el mes de marzo, sufra un importante retraso al no haber alcanzado Londres un acuerdo con Bruselas. Esas mismas informaciones están debilitando a la libra esterlina y al euro.
Europa, por otra parte, está demostrando que se basta y se sobra para presionar a la baja su propia moneda. Los inversores están optando por moverse a monedas refugio como el yen, el franco o el propio dólar ante la acumulación de datos económicos procedentes de la UE. 
Por su parte, el mercado de automóviles ha perdido protagonismo: durante el pasado marzo, se vendieron 122.664 coches, un 4,3% menos que en el mismo periodo del año anterior. Ya van siete meses seguidos de caídas, según las tres patronales del sector, Anfac, Faconauto y Ganvam. Desde finales de 2012 y comienzos de 2013 no había un periodo de caídas igual de prolongado. Aunque esta vez las explicaciones no hay que buscarlas tanto en la coyuntura económica como en el cambio que las restricciones medioambientales.

EMPRESAS:

Según datos de la Central de Balances Trimestral del Banco de España, las grandes empresas registraron un “crecimiento muy elevado” de sus resultados finales en 2018. Es más, los duplicaron gracias sobre todo a operaciones extraordinarias de ventas que generaron cuantiosas plusvalías.
La encuesta del Banco de España, recaba información de 960 sociedades y se considera que presenta un sesgo hacia las compañías de mayor tamaño.
En un contexto de mayor demanda en España, la cifra de negocios aumentó un 7,2% el año pasado. Y el llamado valor añadido bruto (las ventas de la empresa menos las compras) subió un 3,3%. Aunque esta cifra encierra mucha heterogeneidad, se elevó de forma generalizada en todos los sectores salvo en la industria.

lunes, 11 de marzo de 2019

SITUACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA Y MUNDIAL A MARZO 2019: riesgo de ralentización económica e incertidumbre


Respecto al crecimiento de la economía global, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha empeorado sus pronósticos para 2019, en dos puntos porcentuales.
La expansión global continúa perdiendo impulso en medio de la incertidumbre política y la resistente tensión comercial.

ECONOMÍA GLOBAL:

A nivel internacional, la OCDE vislumbra un panorama económico menos expansivo. La institución ha reducido nuevamente sus pronósticos para la economía global en 2019 y 2020, al advertir que las disputas comerciales y la incertidumbre sobre el Brexit, podrían afectar el comercio y los negocios a nivel mundial.
La OCDE acaba de señalar, que la economía mundial crecerá un 3,3 por ciento en 2019, y 3,4 por ciento en 2020.
Esos pronósticos representan una reducción de 0,2 puntos porcentuales para 2019, y 0,1 puntos porcentuales para 2020 en comparación con las últimas previsiones de la OCDE divulgadas en noviembre. 
Señala que: “la gran incertidumbre política, las actuales tensiones comerciales y una mayor erosión de la confianza empresarial y del consumidor están contribuyendo a la desaceleración. La sustancial incertidumbre política se mantiene en Europa, incluyendo al Brexit. Una salida desordenada del Reino Unido de la Unión Europea, elevaría sustancialmente los costes para las economías europeas".

Para Alemania, la mayor economía de Europa, la OCDE ha reducido en más del 50% su pronóstico de crecimiento del PIB para 2019 (a un 0,7 % desde el 1,6%), esperando una leve recuperación con un aumento de su PIB del 1,1% en el año 2020.
Por otro lado, la propia OCDE no ha dejado de señalar los peligros para la economía mundial de las tensiones comerciales.  Washington es, sin duda, el destinatario principal de estos avisos: los intercambios comerciales con China, la Unión Europea, y otros vecinos norteamericanos, se tambalean y los precios estén aumentando. Afirma la economista jefa de la OCDE, que “el comercio sigue siendo lo que más nos lastra”.
Según la OCDE, Estados Unidos ya ha comenzado a sufrir las tensiones que ella misma ha propiciado: “tarifas más altas han comenzado a influir en los costes empresariales y precios, y el crecimiento de la inversión empresarial y las exportaciones se ha moderado”.
Aunque los efectos son aún bajos, la OCDE insiste en pedir a Washington que se siente a dialogar en una mesa multilateral “porque esto es lo que ha sostenido un crecimiento económico elevado hasta el año 2017”.

ESTADOS UNIDOS:

El PIB de la economía de Estados Unidos creció durante el pasado 2018 a un ritmo del 2,9%, sin duda, gracias al impulso de los estímulos fiscales. Ahora bien, pese a la solidez del dato, (el aumento es mayor en siete décimas al registrado en 2017, igualando al conseguido durante 2015) pero es inferior al objetivo prometido por el presidente Trump.
El dato anterior correspondiente al año 2018, se ha publicado con retraso de un mes, como consecuencia del cierre parcial del Gobierno, que afectó a la agencia que lleva a cabo la realización y seguimiento de estas estadísticas.
El consumo privado, que representa las dos terceras partes del crecimiento del PIB estadounidense, creció a una tasa anualizada del 2,8% en los tres últimos meses del año (ocho décimas menos que en el tercer trimestre). Las exportaciones, aumentaron un 1,6% (habían caído un 4,6% en los tres meses anteriores).
Lo cierto, es que las rebajas fiscales impulsaron el crecimiento económico, pero su efecto comenzó a disiparse en el final del año pasado, por lo que se espera que durante este 2019, siga diluyéndose.
El Banco Central de Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed), ha señalado en su último informe de expectativas para 2019, un aumento del PIB estadounidense del 2,3%.  La realidad, es que se trata de una cifra importante dentro del crecimiento normal de una economía desarrollada, pero que se encuentra alejada de las promesas de Trump, una vez que ya era presidente de la primera potencia mundial.
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, ya indicó en su intervención semestral ante el Congreso, que el crecimiento económico será más moderado que el del pasado año 2018.
Igualmente, Powell, señaló la existencia de, en sus propias palabras, “señales conflictivas” y “corrientes cruzadas” que obligan a “ser pacientes y prudentes” en el proceso de normalización de la política monetaria (las tasas de interés oficiales se encuentran en estos momentos entre el 2,25% y el 2,5%).
El presidente de la Reserva Federal, indicó que la Fed se encuentra preparada para poner “en pausa” el programa de reducción del balance (venta del enorme volumen de bonos que, como consecuencia de las medidas de expansión cuantitativa monetaria, se encuentran en poder del Banco Central estadounidense, y que se sitúan, en nada menos que, cuatro billones de dólares).
Powell citó como factores de incertidumbre, el Brexit, la moderación del crecimiento económico de la economía global, y las tensiones comerciales por el litigio entre China y Estados Unidos.
Algunos analistas afirman que el pasado 2018 ha sido el año en el que Trump ha tenido y tendrá un mayor crecimiento económico, ya que en 2020 el producto estadounidense volverá a moderarse, y se situará algo por debajo del 2%. Incluso, algunos anticipan que podría tener lugar cierta contracción económica cuando se pierda todo el efecto de los estímulos fiscales. Y es que la economía de Estados Unidos está teniendo un comportamiento totalmente irregular desde la Gran Recesión iniciada en el año 2008.
La mayoría de analistas económicos, coinciden en que para que la economía de Estados Unidos alcance un ritmo de crecimiento sostenido del 3%, es preciso incrementar la productividad (algo bastante alejado en este momento).
En definitiva, la oficina presupuestaria del Congreso, al igual que la Reserva Federal, ve así el crecimiento potencial al largo plazo en un nivel que está más cerca del 2% de aumento del PIB estadounidense.

UNIÓN EUROPEA:

Los países de la Unión Europea han adoptado medidas para incentivar a sus economías. Ante las tensiones políticas y sociales y el impacto en las exportaciones de las guerras comerciales, Bruselas constata que, junto con la creación de empleo, unas políticas más expansivas permitirán que los socios de la Unión Europea sigan creciendo a un ritmo del 1,5%, y los del euro, del 1,3%.
Alemania, Francia y Holanda, con una posición fiscal más que cómoda, lideran esos planes, mientras que Italia sigue con unas medidas que rayan el incumplimiento de la normativa comunitaria.
Los tiempos en los que la Unión Europea crecía más que Estados Unidos han pasado. Por lo que el presidente del Eurogrupo, Mario Centeno, ha señalado como prioridades, “reducir los riesgos políticos, e impulsar la expansión de la demanda interna gracias al crecimiento del empleo, los salarios y la expansión fiscal”.
En el mismo sentido, la Comisión Europea ha constatado que los presupuestos de la zona euro para este 2019, han adoptado un “ritmo ligeramente expansivo”: un incremento global del gasto y un deterioro del déficit estructural (aquel que no incluye al déficit derivado del ciclo económico) de 0,3 puntos, sobre todo en Italia, Alemania y Holanda. Fuentes del Ejecutivo comunitario, no obstante, han señalado que estos datos pueden ser mayores ya que aún no recogen las medidas adoptadas por Macron en Francia para intentar atajar la crisis de los chalecos amarillos.
La economía germana aumentará su gasto público en una cifra equivalente al 0,5% de su PIB, fundamentalmente, en educación, vivienda, e incentivos y reducciones fiscales.
En Holanda, las medidas consisten en rebajar el impuesto sobre la renta, y destinar 8.000 millones de euros a innovación, defensa, seguridad e infraestructuras.
Ya la Comisión Europea había pedido a ambos países, Alemania y Holanda, que aprovechasen sus superávits fiscales para invertir. “la política fiscal en la eurozona debería ser idealmente anticíclica (déficit en depresión económica y superávit en etapas de expansión). El problema es que muchos planes de gasto no tienen en cuenta esa orientación. Más bien, son el resultado de la presión política.
España también incrementará el gasto y ha decidido una subida del salario mínimo que supondrá mayores ingresos para las familias.
Italia es un caso aparte: su plan, aceptado a regañadientes por Bruselas, podría quedar anulado por la desconfianza de los mercados.
Las últimas previsiones de la Comisión también identifican hasta 18 países de dentro y fuera de la zona euro que han adoptado medidas para apoyar el crecimiento, desde el Reino Unido hasta Estonia. Entre ellos también están los países del Este, de los que se espera que aceleren las inversiones gracias a un uso más intensivo de los fondos comunitarios.
Analistas cualificados señalan que “algunos países, como Alemania u Holanda, tienen muchas más posibilidades fiscalmente. Pero hay otros países en los que, en caso de que hubiera una recesión, sería más complicado que pudieran seguir con esas políticas”.
Ahora bien, existen dudas respecto a la eficacia de estos planes de expansión económica. Bruselas opina que muchos de esos planes van a tener un efecto temporal y limitado. Y, en el caso de los aumentos salariales, considera que el deterioro de la confianza del consumidor puede llevar a que el aumento de la renta disponible lleve a ahorrar en lugar de gastar más.
Además, esos planes se han realizado sin coordinación entre Estados, lo que ha llevado al presidente del Eurogrupo, Mario Centeno, a solicitar que sean “diseñados con mucha prudencia” y en coherencia con las políticas de la zona euro.
Por otro lado, la OCDE ha alertado de que no queda nada del aterrizaje suave al que se refería respecto a la Eurozona. La región, está en un continuo estado de turbulencias, entre otros motivos por el Brexit, que pagará este año con un crecimiento de solo el 1%, (el inicialmente previsto en noviembre era el 1,8%).
Italia, según la OCDE prevé que continuará en recesión técnica (crecimiento negativo del PIB durante dos trimestres consecutivos).
Pero la incertidumbre generalizada en la eurozona, advierte la OCDE, es una de las causas de que las empresas “planean emplear menos”. Lo que ya es un hecho desde hace un tiempo en Reino Unido a causa del Brexit, empieza a suceder también en la eurozona, donde “la creación de empleo podría reducirse a la mitad, a dos millones, entre 2019 y 2020”.
De forma que, para la Eurozona, la OCDE rebaja el crecimiento del PIB en 0,8 puntos, hasta un aumento previsto para 2019 de un 1%, que llegará escasamente al 1,2% en el 2020.
Sobre todo, preocupan dos países: Alemania, para la que la OCDE prevé ahora un crecimiento de 0,7% en 2019 (hace solo tres meses todavía preveía 1,4%) y de 1,1% el año próximo. También Italia, economía que como hemos señalado se encuentra en recesión técnica.
Una de las principales causas, según la OCDE, es una débil producción industrial.  También una leve caída de la demanda externa y, lo que llama, “factores excepcionales”, como la “perturbación del sector del automóvil tras nuevos test de emisiones para vehículos”. Además, señala como peligro para que se prolongue la situación, “un debilitado crecimiento del comercio en la eurozona, una alta incertidumbre política y una confianza moderada que apuntan a una ralentización subyacente de la demanda, que podría persistir”.
Según la OCDE, se precisa actuar urgentemente y coordinadamente, de forma que aquellas economías que tengan cierto margen fiscal, deben “aprovechar las bajas tasas de interés para realizar más inversiones públicas, continuando con las reformas estructurales”.  
Por otro lado, la realidad es que todos los países se están preparando para lo peor: una salida dura del Brexit. De forma que el BCE y el Banco de Inglaterra han anunciado una línea de liquidez mutua: Londres tomará prestados euros que podrá inyectar cada semana en las entidades financieras británicas si les hiciera falta. A cambio, Fráncfort recibirá libras esterlinas. La operativa sigue el modelo de crisis anteriores. Los bancos centrales tratan así de alejar el riesgo de tormentas financieras ante la posibilidad, que nadie se atreve a descartar de la salida dura del Reino Unido de la Unión Europea.
Las líneas de liquidez que ahora se activan forman parte de unos acuerdos ya antiguos, firmados en octubre de 2013, no solo por el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, sino también por los bancos centrales de Estados Unidos, Canadá, Japón y Suiza.
Tal como ocurrió durante crisis como la de los ataques yihadistas del 11-S, o la caída de Lehman Brothers en 2008, los banqueros centrales tratan de eliminar factores de riesgo, ahuyentando los temores a un escenario de falta de liquidez.
El Banco de Inglaterra adopta la decisión de conceder préstamos en euros a partir del 13 de marzo a las entidades que requieran liquidez pese a que, como señala la entidad, “el sistema bancario británico es lo suficientemente fuerte para hacer frente a los shocks económicos que podrían acompañar al peor escenario de un Brexit desordenado”. Así lo aseguraba el Comité de Política Financiera de la autoridad monetaria británica en su reunión del pasado 26 de febrero, cuyas actas acaban de ser publicadas. La estabilidad financiera no es lo mismo que la estabilidad de los mercados. Y es previsible una volatilidad significativa en estos mercados en el caso de un Brexit sin acuerdo, añadía ese organismo.
La fecha de salida de Reino Unido de la UE está fijada oficialmente para el próximo 29 de marzo, y los esfuerzos realizados por la primera ministra, Theresa May, por ahora, han resultado fallidos.
Por su lado, el Gobierno español ha aprobado un decreto con el que persigue asegurar que, de consumarse el Brexit duro, se mantendría el funcionamiento normal de los flujos comerciales entre los dos países y, sobre todo, garantizar los intereses de los españoles en Reino Unido.

ESPAÑA:

Según el Ministerio de Trabajo, el empleo creció en 69.172 afiliados a la Seguridad Social, y elevó la cifra total de cotizantes hasta los 18,9 millones.  Se trata del menor incremento de los últimos tres años. Aunque la recuperación continúa, están reflejándose los síntomas de desaceleración. Además, el paro volvió a crecer: las oficinas públicas contaron 3.271 desocupados más. Aunque este es el peor dato desde 2013.
En un solo año ha aumentado el número de cotizantes (un 2,86% más). Creación de puestos de trabajo que se da en pocas economías de la UE, pero es menor al que se venía manteniendo hasta la fecha.
También ha habido cierta ralentización en la reducción del Paro Registrado (aquellos que acuden a las oficinas de empleo, a inscribirse como desempleados demandantes de empleo). El número de parados registrados ha aumentado en 3.279, a diferencia de lo que pasó en los años 2017 y 2018, cuando ser redujo. El dato del pasado febrero es el peor desde 2013, cuando en los últimos meses de la recesión, el desempleo aumentó casi 60.000 personas.
Por otro lado, si bien el resto de economías europeas se ralentiza, y el consumo de las familias españolas se ha moderado, la economía española, por ahora, está resistiendo. Entre octubre y diciembre arrojó un crecimiento trimestral del 0,7%, muy por encima del 0,2% que se registraba en la zona euro.
Una de las razones que justifica ese comportamiento, ha sido el fuerte incremento del gasto de las Administraciones: ya que de no ser por el consumo público, el PIB habría crecido un 0,5% y no un 0,7%. Es decir, a ritmos anuales del 2% y no del 2,8%.
En definitiva, casi un tercio del crecimiento del último trimestre de 2018, se explica por un mayor aumento del gasto público, que ha pisado el acelerador mientras el resto de rúbricas perdía impulso.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el último trimestre de 2018 el consumo público avanzó al 1,2% trimestral, un ritmo que, salvo por un trimestre de 2015, no se daba desde 2008. Además, estos datos de consumo público no incluyen el aumento de la inversión.
El reciente tirón del sector público se ha visto, igualmente, confirmado por la Encuesta de Población Activa (EPA), que ha señalado cómo entre octubre y diciembre, el sector público creaba 43.400empleos, mientras que el privado destruía 6.900 empleos.
Es probable que el Déficit Público acabe el año 2018 en el 2,7% del PIB.
Por otro lado, en relación al sector exterior, hay que señalar que se ha reducido el superávit de España con el exterior. Según los datos publicados por el Banco de España, en diciembre de 2016 la diferencia entre pagos e ingresos alcanzó los 28.000 millones de euros a favor de la economía española. Dos años más tarde, al cierre de 2018, el saldo de flujos con el extranjero se sitúa en un superávit más pequeño, de 14.000 millones, justo la mitad. Solo en el acumulado de 2018, este excedente con el exterior se ha desplomado un 53%, desde los 24.000 millones hasta esos 14.000 millones, un significativo empeoramiento por valor de 10.000 millones de euros. 
Y respecto a la deuda con el exterior (una cifra equivalente al 84% del PIB) hay que señalar que se trata de un importante factor de vulnerabilidad de la economía española. 
El turismo ha mantenido en 2018 su importante contribución a la balanza de pagos a pesar de la recuperación de otros destinos competidores. En parte porque han subido los desembolsos de los visitantes. Gracias a los ingresos del sector turístico, la economía española consigue compensar los déficits en mercancías y rentas que se van al exterior, sobre todo remesas de inmigrantes. De modo que lo que ha hecho disminuir la capacidad de financiación con el extranjero ha sido el comportamiento de las ventas de bienes y servicios no turísticos.
Una parte de ese deterioro se corresponde al encarecimiento del precio del petróleo. Pero otra parte sustancial se debe al peor comportamiento de la cuenta de bienes y servicios no energéticos y no turísticos. Según se desprende de datos de aduanas, las exportaciones solo de bienes crecían un 2,9%. En cambio, las importaciones avanzaban mucho más: un 5,6%. De ahí que el saldo comercial se deteriore.
El déficit comercial en mercancías no energéticas se duplicó desde los 4.000 a los 8.700 millones. Y el energético empeoró en cerca de 4.000 para situarse cerca de los 25.000 millones. La ralentización de los principales socios comerciales de España está pesando bastante. Por países, están lastrando mucho las ventas a Alemania, Reino Unido, Italia o Turquía. 
Por otro lado, según datos del Banco de España, la inversión extranjera directa en España aumentó desde los 6.700 millones registrados en 2017 hasta los 38.200 millones de 2018. Se trata del mejor dato desde 2008, cuando justo antes del estallido de la burbuja entraron en España unos 52.000 millones. La buena noticia puede explicarse por el mayor crecimiento de la economía española respecto a la media de la zona euro. También se han elevado las inversiones de España fuera: desde los 23.600 millones de 2017 hasta los 29.100 millones de 2018. 
Por el contrario, la inversión extranjera de cartera, aquella que es puramente financiera y más volátil, ha caído desde los 60.400 millones hasta los 36.800 millones. De hecho, el Ibex 35 arrojó una caída superior al 10% en 2018. Y la de los españoles fuera, retrocedió desde los 78.600 millones hasta los 42.100 millones.
En total, la balanza cuenta financiera obtuvo en 2018 un saldo favorable de 38.427 millones de euros. "Lo que significa que las inversiones españolas en el exterior superaron a las de los extranjeros en España. Es decir, hubo una salida neta de fondos, aunque inferior a la de un año antes (53.601 millones de euros).  
Con respecto al turismo, en el pasado año 2018 terminó con un nuevo récord de llegada de turistas (82,7 millones) y de gasto desembolsado (89.856,4 millones de euros), gracias al tirón del último tramo del año. El comienzo de 2019 sigue la inercia de ese tirón y en el mes de enero se batieron los récords históricos de llegadas y de gasto turístico para un primer mes del año. En total, visitaron España casi 4,2 millones de turistas, un 2,2% más que en el mismo mes de 2018, y gastaron un total de 4.689,3 millones de euros, un 3,6% más.
Según los datos publicados por el INE, visitaron España 4.196.939 turistas extranjeros, 90.000 más que en enero de 2018, anterior récord histórico. De hecho, el de este año es el sexto año consecutivo en que se supera el máximo de la serie histórica. Reino Unido ha sido el país que más visitantes ha enviado, 807.347, apenas un 1% más que el año pasado. El colectivo, además, que más ha aumentado su nivel de gasto, un 7,88% más que un año antes, hasta 811,6 millones de euros.
También ha crecido ligeramente el número de alemanes, el siguiente mayor mercado español, con más de medio millón, aunque aumentaron el gasto más levemente (1,24%). Mientras, cae con fuerza el número de turistas franceses, el tercer mercado, un 8,7%, hasta 446.307, con una caída del gassto del 8,2%. Pero el mayor impulso es el de los turistas estadounidenses, un mercado en fuerte alza para los destinos españoles. En enero llegaron 149.000, un 25,5% más que un año antes. También creció mucho el mercado portugués, un 21%, hasta 141.000.
Como suele ser en esta época invernal, el destino preferido de los turistas ha sido Canarias, que recibió a 1,16 millones de extranjeros, un 27,6% del total. No obstante, fueron un 2,1% menos que los llegados en enero de 2018. Cataluña fue el siguiente destino preferido, con 910.000 visitantes, un 5% más. Madrid y Andalucía superaron el medio millón de visitantes, con crecimientos robustos del 9 y el 6,6%, respectivamente.
La mayor parte de los turistas, tres millones, se alojaron en establecimientos de mercado (en los que hay transacción monetaria), mayoritariamente en hoteles (2,4 millones), cuya demanda crece más (4,9%) que la de las viviendas de alquiler de mercado (2,4%, hasta 378.467 turistas). Por el contrario, cae un 3,2% la demanda de alojamiento de no mercado (vivienda en propiedad, vivienda de familiares o amigos y otro alojamiento de no mercado). Los hoteles, además de alojar a la mayor parte de los turistas, también atrajeron la mayor parte del gasto, con 2.668 millones de euros, un 4,8% más. El gasto en establecimientos de no mercado ascendió a 1.228,1 millones, un 4,4% más.
El gasto que realizaron los turistas para visitar España también marcó un nuevo máximo histórico, con 4.689 millones de euros, un 3,6% más que en el mismo mes del año anterior. Aunque esta cifra no supone exactamente lo que los turistas dejan en España, puesto que incluye gastos como el billete de avión, que pagan en origen, la ecuación de mayor crecimiento del gasto que del número de visitantes es la que busca el sector para rentabilizar más cada visita sin que los destinos se vean saturados.
El gasto diario por turista, que sí refleja algo mejor el desembolso en destino, crece un 5%, hasta los 138 euros al día. Sin embargo, la estancia media volvió a descender hasta situarse en una media de 8,1 días, 0,3 días menos que en enero de 2018. Solo en cuatro de los últimos 40 meses se han registrado tasas positivas de crecimiento de la estancia media.

MERCADOS:

En la Bolsa, un total de 86 compañías, cierran el pasado febrero con ganancias, y más del 50% de ellas, con incrementos de dos dígitos.
Los resultados empresariales correspondientes al cierre del ejercicio 2018 han sido buenos y los síntomas de desaceleración de la economía europea no se trasladaron a la economía real de un día para otro.
Según analistas destacados, “las Bolsas son en cada momento lo que son quienes invierten en ellas”. Y el sentimiento optimista o pesimista de los gestores de fondos y grandes carteras da lugar a mercados alcistas o bajistas.
Para marzo el entorno, salvo imprevistos, es propicio: la guerra comercial entre EEUU y China ha entrado en un periodo de calma. Los tipos no van a subir, Los bancos centrales echarán, si hace falta, dinero a paladas y hay predisposición a ver la situación con optimismo.
Respecto al Euribor, ha cerrado el mes de febrero con cifras récord:  el indicador, referencia para el cálculo de los préstamos variables, ha cumplido tres años en tasas negativas. En concreto, ha cerrado en el -0,108%, un 0,008% más que en enero de 2019, cuando se situó en el -0,116%.
Hace un año, el euríbor tocaba fondo con el -0,191% por lo que la tasa interanual ha aumentado 0,083 puntos en estos doce meses, el crecimiento más alto registrado desde 2014. En este caso, los ciudadanos que tengan que revisar su hipoteca este mes pagarán más cuota que hace un año.
Aunque se va acercando a cero, el euríbor seguirá en negativo los próximos meses y es muy difícil que a corto plazo veamos un cambio drástico. La tendencia seguirá siendo creciente, pero no será hasta finales de 2019 cuando se llegue a esa cifra de cero.
En el caso de un ciudadano con una hipoteca de 130.000 euros a 20 años con un diferencial de euríbor +0,99% ahora pagará 591,04 euros cada mes, 4,53 euros más que hace un año. Por lo que, en el total de 2019 pagará 54,30 euros más por su hipoteca. Si el importe de la hipoteca fuera de 300.000 en lugar de 130.000, el hipotecado pagará gasta 125,64 euros más en este año, según indica el comunicado remitido a los medios de comunicación por iAhorro.
Para una hipoteca de 130.000 euros a un plazo de 30 años y con un diferencial de 0,99%, el cliente pagará 411,12 euros al mes, 56,76 euros más al año comparado con lo que ha pagado durante el 2018. Si la hipoteca fuera de 300.000, el nuevo importe a pagar se dispararía a 130,92 euros más al año.
La diferencia a la hora de pagar la hipoteca ahora o hace un año comienza a crecer poco a poco.

EMPRESAS:

Según ha informado la compañía a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Iberdrola obtuvo un beneficio neto récord de 3.014,1 millones de euros en 2018, con un incremento del 7,5 % con respecto al ejercicio anterior.
El resultado bruto de explotación (EBITDA) de la energética se situó al cierre de 2018 en los 9.349 millones de euros, con un crecimiento del 27,7 % frente al año anterior, gracias al buen comportamiento de todos los negocios.  El 78 % de este importe procedió de áreas reguladas o con contratos a largo plazo, de acuerdo con el enfoque estratégico del grupo.
El grupo señaló que este resultado se vio impulsado por las inversiones de cerca de 200.000 millones de euros realizadas en los últimos cuatro años, de las cuales 5.320 millones de euros correspondieron al ejercicio pasado, la expansión internacional, la normalización de las condiciones operativas en España y la buena marcha de todos los negocios.
Por su parte, la energética aumentó su flujo de caja un 13,1 % hasta los 7.328 millones de euros, mejorando la ratio entre caja operativa y deuda neta hasta el 21,5 %.
Mientras, las compras del grupo, excluyendo los aprovisionamientos energéticos, alcanzaron los 8.000 millones de euros a miles de suministradores en 2018, siendo un 85 % empresas locales.
En lo que respecta a la plantilla, tras incorporar a más de 1.600 profesionales en el ejercicio, supera los 34.000 trabajadores -el 99 % con contratos indefinidos- y genera un total de 425.000 puestos de trabajo.