martes, 22 de enero de 2019

SITUACIÓN ECONÓMICA ESPAÑOLA Y MUNDIAL A ENERO 2019: se va confirmando la desaceleración, aunque la economía española seguirá creciendo.


Los informes, de la mayoría de analistas, apuntan a 2019 con cierto temor a posibles turbulencias en la desaceleración económica esperada a nivel mundial, ya que, aunque se espera que las economías sigan creciendo, previsiblemente lo hagan a un ritmo más suave.

GLOBAL:

La previsión de crecimiento del PIB mundial para el año que acabamos de comenzar, señala estimaciones que oscilan desde el 2,9% hasta el 3,7% que augura el Fondo Monetario Internacional (FMI).
A pesar esto, desde luego, no se prevé una recesión económica (caídas del PIB) a corto y medio plazo. En Estados Unidos, superada la Gran Recesión, se ha vivido el ciclo de crecimiento más largo de la historia (aunque de forma más moderada que en ciclos anteriores).
Tanto en Europa como en Japón queda aún recorrido para seguir creciendo Y es que, tras un par de años de crecimiento mundial sincronizado, parece que se volverá a producir una divergencia en el grado de desarrollo de los diferentes países: Estados Unidos seguirá siendo la locomotora que tire de la economía mundial (en el pasado 2018 el crecimiento estadounidense casi ha llegado al 3%, gracias a los estímulos fiscales, y en este año 2019 se espera que se sitúe en alrededor del 2,5%).
Algunos analistas señalan que, la inversión y la demanda interna se apoyarán en la rebaja fiscal realizada, y en unos tipos de interés que, aunque estén subiendo, continúan siendo históricamente bajos. A todo ello, hay que añadir algunos planes de infraestructuras presentados al inicio de la presidencia de Trump que pueden ser activados para incentivar el aumento de la demanda interna desde el sector público.
Por lo que corresponde al gigante asiático, China, deberían confirmarse las expectativas mantenidas respecto a su economía desde hace unos años, con un crecimiento previsto del PIB en 2019 próximo al 6%, medio punto porcentual menos que lo que se espera para 2018.
De todas formas, la evolución de la economía de China estará muy condicionada por el grado que puedan alcanzar las tensiones desencadenadas por la Guerra Comercial de Trump. En todo caso, se espera que sea una desaceleración suave.
En relación al peso de la economía de Europa, en particular de la región del euro, el crecimiento del PIB global regional podría caer por debajo del 2%, como consecuencia del menor crecimiento del resto del mundo, y a propias “debilidades políticas y económicas internas”. Durante este 2019, es posible que su PIB total se desacelere hasta un aumento del 1,4%.
Según muchos analistas, sin embargo, España seguirá siendo uno de los alumnos aventajados en la eurozona, aunque el ritmo de crecimiento también se resentirá. La última previsión del FMI para España, sitúa el avance del PIB de nuestra economía en 2019 en el 2,2% frente al 2,7% del 2018.  La demanda interna (Consumo, Inversión y Gasto Público) continuará propiciando el crecimiento español. Si bien, la incertidumbre política en Cataluña y el posible “barullo político” como algunos le llaman, pude actuar en contra (habrá que ver el resultado de las próximas elecciones autonómicas).  
No obstante, a nivel global, sigue generando incertidumbre el desenlace final de la Guerra Comercial entre EE UU y China, que podría frenar el crecimiento económico global. La realidad, es que parece vislumbrarse cierta mejoría.
Todo lo contrario, ocurre con el Brexit, ya que, tras el bloqueo de los acuerdos alcanzados, coge más fuerza el “Brexit duro”: si se lleva a cabo una salida sin acuerdo, el daño a la economía británica sería considerable, ya que su PIB podría caer un 5% de media, e incluso un 8% si otros socios comerciales como Estados Unidos se retrasan en la firma de los necesarios nuevos acuerdos.
Respecto a la retirada de las medidas de monumental aumento de la liquidez (la política del “Quatitative Easing”), los bancos centrales han preparado una retirada muy gradual de la liquidez para no causar un cortocircuito en una economía que se ha acostumbrado a la barra libre del dinero barato, que se ha podido cumplir gracias a la ausencia de tensiones inflacionistas. Pues bien, los pronósticos para este 2019 apuntan a un ligero repunte de los precios en las principales economías, impulsados por revisiones al alza de los salarios, aunque no mucho más allá del 2%, umbral que haría subir los tipos de interés a los bancos centrales: la caída de los precios energéticos (el precio de crudo de referencia, el Brent, se ha abaratado casi un 40%) está contribuyendo a contener los precios.
Esperemos que los tipos de interés puedan continuar bajos (si los precios no repuntan excesivamente), ya que el endurecimiento de las condiciones financieras sería nefasto y muy peligroso, tanto para Gobiernos, empresas y economías domésticas, como consecuencia de sus niveles de endeudamiento (la deuda total acumulada en el mundo es un 60% superior a la que había en 2007, justo antes del estallido de la crisis financiera, y equivale a 182 billones de dólares).

ESTADOS UNIDOS:

El proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos se acerca a un punto de inflexión respecto a mayores subidas: la Reserva Federal de Estados Unidos decidió subir los tipos de interés un cuarto de punto, situándolo en una banda comprendida entre el 2,25% y el 2,5%. Son ya nueve incrementos desde que se inició el nuevo ciclo hace justo dos años. Pero el banco central estadounidense se lo tuvo que pensar y ha mostrado mayor flexibilidad al indicar que se irá con más calma, al anticipar solo dos incrementos en 2019, frente a los cuatro de este año.
La última vez que los tipos estuvieron en el 2,25% fue en marzo de 2008, tras decidirse ese mes una rebaja de tres cuartos de punto. Frente a la oposición frontal de Trump, el presidente del banco central de Estados Unidos, Jerome Powell, señaló que “subir los tipos es lo mejor que se puede hacer para lograr que la economía no se recaliente y sostener la expansión”.
Ante la presión política, Powell, dejó claro que nada va a disuadir a la Reserva Federal para que no haga lo que es correcto.
El presidente de la Reserva Federal, se ha seguido declarando optimista respecto a la marcha de la economía estadounidense, aunque habla de "corrientes cruzadas" al exponer la situación. Eran, por tanto, las nuevas proyecciones y el lenguaje que iba a utilizar parta justificar la decisión lo que va a determinar el curso que va a seguir. La previsión que hace la Fed es de un crecimiento del 2,3% en 2019, frente a un 3% este año. Jerome Powell declaró que “vemos que se modera algo el crecimiento, pero el desempleo bajará del 3,7% y al 3,5%, y la subida del nivel de precios rondará el 1,9%. Esta situación nos señala que hemos de ser pacientes”.
La Reserva Federal quiere recuperar cierta munición de la política monetaria frente a una crisis que hiciera preciso bajar de nuevo los tipos de interés (quiere salir, en cierta medida, de lo conocido como trampa de la liquidez). Powell ha afirmado que “algún incremento más, aunque gradual, será necesario”.  
Encuestas señalan que la mayoría contempla dos posibles nuevos aumentos de las tasas de interés oficiales en Estados Unidos durante este 2019. Simultáneamente, la Reserva Federal está vendiendo parte del fortísimo volumen de los activos de deuda (Bonos) que adquirió durante la crisis. El balance llegó a tocar los 4,5 billones. Se redujo durante el último año en casi medio billón de dólares.
No obstante, fiel a su estilo, el presidente Donald Trump sigue presionando para que no se suban más los tipos y se suspendan las ventas de activos del balance, ya que implican una medida de reducción y contracción monetarias.

EUROZONA:

Con el final de año, se ha llegado al final del programa de compra de bonos del Banco Central Europeo. No obstante, la institución ha señalado que, durante 2019, volverá a inyectar en el sistema monetario unos 200.000 euros, ya que se pretende evitar bruscas disminuciones de la cantidad de dinero en circulación.
En esa línea, este año el BCE adquirirá alrededor de 202.772 millones de euros en bonos por ese procedimiento (cada vez que compra bonos inyecta dinero creando base monetaria), garantizando así unas condiciones monetarias muy expansivas que todavía considera muy necesarias para poder conseguir manteniendo la inflación de la zona euro por debajo del 2% de manera consistente.
El BCE ha señalado que el importe medio mensual de las compras será de casi 17.000 millones de euros durante el primer año. Una cifra que supera los 15.000 millones mensuales del último tramo del programa ya realizado entre octubre y diciembre de 2018.
En relación al final del periodo del dinero, tan históricamente, barato, se pretende no crear problemas en los mercados. Mientras los bancos alemanes están deseando que suban los tipos de interés, las entidades de las economías periféricas podrían tener problemas de liquidez, debido al consiguiente incremento de su coste de financiación.

ESPAÑA:

El Banco de España ha rebajado en una décima, su previsión de crecimiento para el año finalizado al 2,5%. Y ha mantenido su previsión de crecimiento para 2019 en el 2,2%, disminuyendo en una décima la del año 2020, hasta situarla en el 1,9%. Asimismo, incorpora por primera vez proyecciones de crecimiento para 2021, que sitúa en el 1,7%.
Por su parte, el Gobierno calcula que la economía española crecerá un 2,7% este año, un 2,4% en 2019, un 2,2% en 2020, y un 2,1 en 2021.
En comparación con las proyecciones anteriores, el crecimiento del PIB se revisa ligeramente a la baja, en una décima en 2018 y otra en 2020. En 2018 se debe, con los datos más recientes, a que el avance del producto en el primer semestre del año fue menor del estimado anteriormente.
El estudio de las anteriores cifras del Banco de España, muestra una caída de medio punto de la contribución de la demanda exterior al crecimiento. Esta caída se compensa por la mayor contribución de la demanda nacional (3,1 puntos, cuatro décimas más) ante las mejores perspectivas del consumo privado y público y, sobre todo, de la inversión, que crecerá un 6,2% por el empuje tanto de los bienes de equipo (7,8%) como de la construcción (6,1%).
El Banco de España espera que la economía española siga creciendo por encima de su potencial impulsada por la política monetaria, la mejor situación patrimonial de las empresas y familias y el descenso del precio del petróleo, lo que permitirá reducir el desempleo hasta situar la tasa de paro en alrededor del 12,2% en el año 2021.
El aumento de la demanda se verá favorecido por los mejores datos de empleo y salarios, aunque tenderá a desacelerarse, advierte, por la recuperación de la tasa de ahorro y porque el aumento de la renta disponible de los hogares procederá del incremento de los salarios y no de la generación de empleo, como ocurre ahora.
De acuerdo a las proyecciones, la inversión residencial "continuará mostrando ritmos de crecimiento elevados" gracias a la mejoría del empleo y el acceso a la financiación, y también la inversión empresarial tendrá "un notable dinamismo".
Desde el ejercicio de 2015, la economía española ha ido mostrando síntomas de agotamiento, El Instituto Nacional de Estadística (INE), ha señalado que, durante el tercer trimestre de 2018, el PIB creció un 2,4%. En todo caso, la economía española está creciendo más que la media de los países europeos de su entorno (ocho décimas más si se compara con la eurozona).
Otras instituciones, como la Cámara de Comercio, enumeran las dificultades que atraviesa la coyuntura internacional (desaceleración de la economía, escalada proteccionista, endurecimiento de la política) y las propias de España (problemas territoriales, incertidumbre política y previsible aumento de la presión fiscal) para justificar sus pronósticos de crecimiento más bajos que los de años anteriores (2,5% en 2018 y 2,2% en 2019).
Por otro lado, respecto a la evolución de los precios en la economía española, según ha adelantado el INE, el IPC de diciembre se situó en el 1,2% (cinco décimas menos que la tasa registrada en el mes de noviembre). De esta forma ha disminuido consecutivamente: se trata de la segunda caída de la tasa tras mantenerse por encima del 2%.
Una de las causas de la bajada es la habido en el precio de los combustibles: el precio del barril petróleo, que comenzó a desplomarse en octubre desde máximos de 86 dólares, comenzó a trasladarse a los surtidores en noviembre (la gasolina y el gasóleo bajaron en términos mensuales un 3,7% y un 2,5%, rebajando sus tasas anuales). En noviembre y buena parte de diciembre, el precio del crudo ha seguido a la baja, hasta 53 dólares, con lo que el IPC en España, un país muy dependiente del petróleo, se ha desplomado al 1,2%, su nivel más bajo desde abril.
En relación al mercado laboral, se ha cerrado un nuevo año creando empleo: El mes de diciembre pasado ha acabado mostrando una media de 563.965 afiliados más a la Seguridad Social que en el mismo mes del ejercicio anterior. Por primera vez desde 2007, un año acaba con más de 19 millones de cotizantes, según las cifras divulgadas por el propio Ministerio de Trabajo.
En el último lustro se han creado casi 2,7 millones de empleos a un ritmo de 1.461 al día. Son otras tantas cifras las que explican por qué la crisis todavía está presente en España y sus heridas aún no han suturado: entre 2008 y 2012 se destruyeron 2,9 millones de puestos de trabajo (tres millones si se añade 2013), 1.605 al día.
2018 ha acabado con algo más de 19 millones de afiliados. Desde 2007 no sucedía nada parecido, aunque esa cifra todavía está lejos del máximo histórico de afiliación, que se alcanzó en verano de ese mismo año (19,5 millones).
Respecto al Paro Registrado, también hay que remontarse al comienzo de la crisis. El actual de 3,2 millones de inscritos como desempleados demandantes de empleo en las supone el dato más bajo desde el año 2008.
Estos buenos datos del pasado diciembre implican que el crecimiento anual del empleo ha vuelto a superar el 3%. Concretamente se situó en el 3,06%. Este porcentaje es la mejor prueba de que la recuperación ha vuelto a ganar fuerza, ya que durante el pasado mes de noviembre se situó en el 2,87%.
La mejora del empleo es generalizada en casi todas las actividades. Prácticamente en todas ellas se cerró el año con ganancias de afiliación. Una de las diferencias entre 2018 y los años de recuperación anteriores es que ahora se ve con más claridad en las estadísticas que se crea empleo de mayor calidad que el que se venía creando hasta ahora. Según los números de la Seguridad Social, el año pasado entre los asalariados se crearon 423.072 empleos a jornada completa por 70.967 a jornada parcial, y 484.072 indefinidos por 9.966 temporales.
No obstante, si en lugar de tomar como referencia la afiliación, se observan los contratos, el optimismo queda bastante matizado: en 12 meses se firmaron casi 22,3 millones, pero de esta cifra, algo más de 20 millones son temporales (prácticamente el 90%) pese al significativo repunte que han tenido los contratos indefinidos en el último ejercicio.
El año pasado acabó con 8,8 millones de mujeres afiliadas a la Seguridad Social. Sin embargo, la igualdad de género todavía está lejos a la vista de las cifras publicadas: los hombres con empleo superan los 10 millones; hay 1,86 millones de mujeres paradas por 1,34 millones de hombres; y la reducción del desempleo entre estos últimos duplicó a la de ellas (-8,39% frente al 4,51%).
Por lo que respecta al déficit público, el aumento habido en la recaudación de impuestos alivió al déficit público del Estado entre enero y noviembre pasados. La diferencia entre los ingresos y los gastos llegó a una cifra de 12.378 millones de euros, un 31,6% menos, tras registrar un aumento de los ingresos impositivos del 8,4%, hasta los 157.259 millones de euros.
Según el Ministerio de Hacienda, los impuestos directos y cotizaciones sociales alcanzaron una cifra de 104.996 millones, un 8,8% más, debido fundamentalmente al aumento del 7,9% del IRPF, hasta 77.834 millones y por el incremento de las retenciones del trabajo, que se situaron en 68.106 millones tras repuntar un 6,5%.
El impuesto sobre Sociedades, o impuesto sobre el beneficio, aumentó un 12,4%, hasta 21.947 millones, y la recaudación por impuestos especiales se elevó un 1,2%, hasta 18.923 millones. Cifras que permitieron al Estado contrarrestar un incremento del gasto del 4,6% de los gastos no financieros, que se situaron en 193.353 millones tras los once primeros meses del año. El déficit del conjunto de las administraciones públicas, excluyendo la administración local, se redujo por su parte un 34,9% entre enero y octubre, hasta los 12.924 millones de euros, lo que equivale al 1,07% del PIB excluyendo la ayuda financiera. En el desglose de los datos, la Administración central alcanzó un déficit de 9.077 millones en los diez primeros meses del año (el 0,75% del PIB) mientras que las comunidades autónomas cuadriplicaron su superávit, que se situó en 2.066 millones de euros.
En relación al turismo, España recibió más de 78,4 millones de turistas extranjeros hasta el pasado mes de noviembre. La cifra supone un incremento del 0,7% con respecto al mismo periodo de 2017 y sitúa a España, salvo anomalía en los datos de diciembre, muy cerca de rebasar, ya por sexto año consecutivo, la de entrada de visitantes extranjeros, que en 2017 se situó cerca de los 81,9 millones.
Por países de origen, el Reino Unido sigue siendo el principal país de procedencia de las personas que nos visitan. Más de 17,6 millones de británicos visitaron España en los 11 primeros meses del año. La cara negativa de la moneda es que ese dato supone un descenso del 2% respecto al mismo periodo de 2017, lo mismo que sucede con el segundo país emisor, Alemania (10,9 millones de turistas, -4,7%). También los procedentes de Francia con casi 10,8 millones de turistas (un aumento del 0,7% respecto al año 2017).
Por comunidades, Cataluña lidera las visitas (18,1 millones de turistas), seguida de Baleares (13,7), Canarias (12,5), Andalucía (11,1) y Comunidad Valenciana (8,8). La que mayor variación anual presenta es sin embargo la sexta, Madrid, cuyos 6,6 millones de turistas representan un 6% más que en los once primeros meses de 2017. Las tres primeras en importancia presentan sin embargo variaciones interanuales negativas lastradas en parte por los malos datos veraniegos.
Según la encuesta que publica Egatur, los turistas extranjeros que visitaron España entre enero y noviembre de 2018 gastaron 84.811 millones de euros, el 2,8% más que en los once primeros meses de 2017. Solo en noviembre los viajeros internacionales se dejaron 4.890 millones de euros, el 5,3% más que un año antes.
De forma que, en el mes de noviembre pasado, el gasto medio por turista se incrementó un 1,7% y se situó en 1.075 euros, mientras que el gasto medio diario se disparó un 12,4% hasta los 155 euros, según los datos del INE, que revelan que la duración media de la estancia se situó en 6,9 días, lo que supone un descenso de 0,7 días con respecto al mismo mes de 2017.
Por otro lado, en el año finalizado las exportaciones españolas han aumentado, pero tan sólo una tercera parte de lo que lo hacían durante 2017. Por primera vez desde el inicio de la crisis, las exportaciones perderán peso en el conjunto de la economía tras haber estado elevándose ininterrumpidamente desde el 23% del PIB que suponían en 2009 hasta el 34% que suponen en la actualidad.
En su último informe trimestral, el Banco de España detecta “un posible agotamiento de los efectos positivos de ganancia de competitividad observado tras la crisis”. Aunque las exportaciones no dependen solo de los precios (la subida de precios española ha superado ligeramente la europea durante 2017 y 2018, lo que implica cierta pérdida de competitividad).
Al menor ritmo de las exportaciones hay que añadir que las importaciones crecen casi el doble que las exportaciones españolas, de modo que el saldo positivo con el exterior empeora significativamente durante el último año, desde el 2,1% al 1,4% del PIB. El Banco de España lo atribuye al pasado encarecimiento del crudo, la apreciación del euro, la atonía de la demanda externa y la recuperación de destinos turísticos competidores.
No obstante, el Banco de España observa, además, otros factores: “las ganancias de competitividad respecto al exterior han tendido a frenarse, ya que las empresas españolas experimentan una necesidad menos imperiosa de buscar nuevos mercados en un contexto de fortaleza de la demanda interna”.
Un aspecto preocupante es, sin duda, la deuda exterior española (una de los principales riesgos de nuestra economía). Entre los meses de julio y septiembre pasados, el conjunto del endeudamiento público y privado en manos extranjeras solo registró un leve aumento de 9.000 millones de euros, un 0,4% más sobre todo por las obligaciones del Estado. Pero bastó para superar por poco los dos billones de euros, un umbral jamás alcanzado. (la cifra fue, nada menos, que de 2,004 billones de euros (el 167,4% del PIB al cierre del tercer trimestre de 2018) según datos facilitados por el Banco de España.
Otras economías, como es el caso de Japón o Italia, sufren un problema de deuda. Pero se trata de un dinero que se deben entre italianos y japoneses. Otros países también presentan un endeudamiento elevado con el extranjero. Pero a la vez han prestado mucho fuera y neutralizan esa posición deudora en términos netos. No es el caso de España, que en términos netos posee una de las mayores deudas del mundo, un 84,1% sobre PIB una vez se restan las deudas que le deben más allá de sus fronteras. Incluso si ha caído en 15 puntos, sigue estando disparada: por culpa de este dato los españoles se encuentran en el pelotón de cola de Europa junto a Grecia, Portugal y Chipre (la Comisión Europea considera un desequilibrio excesivo superar una cifra al equivalente el 35% del PIB). 
A pesar de haber tenido siete años de superávit con el exterior y cinco de crecimiento económico, la deuda externa se ha venido reduciendo de una forma más lenta de lo deseable. Es más, todo lo contrario, ha seguido aumentando si la valoramos en euros.
En sus últimos informes, el Banco de España y el FMI en relación a este problema han señalado: España padece un problema de alta deuda pública y externa. Y para seguir haciendo frente a esos pagos tiene que generar continuos superávits con el exterior (significa disponer de capacidad de financiación). Lo que a su vez implica que tiene que mantener la competitividad.
Ahora bien, no toda la deuda significa o implica lo mismo: una parte del incremento del endeudamiento, se explica porque el Banco de España ha servido para canalizar las inyecciones de dinero del BCE. Desde 2015, los pasivos del Banco de España con el exterior se han elevado en 200.000 millones. En principio, estas deudas obedecen en buena medida a las operaciones del eurobanco, que va a ir renovando según vea preciso y, por tanto, suscitan menos preocupación. Es decir, España ha recompuesto algo sus pasivos durante los últimos años, aumentando los del Banco de España y aminorando los del sector privado.
En otro orden, hemos de referirnos a que las matriculaciones de vehículos continúan creciendo en España, pero cada año con menor fuerza. En 2018 se matricularon 1.321.438 unidades, una cifra que representa un incremento del 7% respecto al año anterior (el avance más lento de los últimos cinco años). Esta nueva desaceleración se produce en un ejercicio en el que no hubo ayudas de la Administración a la adquisición de vehículos nuevos y en el que creció la incertidumbre sobre el futuro de los vehículos impulsados por motores diésel, cuyas ventas cayeron un 20%.
Sin duda, ha influido la nueva norma europea de control de emisiones (WLTP en sus siglas en inglés), que entró en vigor en septiembre y que hizo que marcas y concesionarios hicieran un esfuerzo para liquidar las existencias de vehículos previos a la nueva homologación. Esas ventas avanzadas, concentradas en julio y agosto, tuvieron efectos: caída de la comercialización en los últimos cuatro meses del año, incluso en diciembre (3,5%), cuando no disminuían las ventas desde 2012.
El canal que tuvo un mejor comportamiento fue el de las compañías de Renting: matricularon un 13,6% más de vehículos el pasado año y fueron las responsables de la comercialización de 420.651 vehículos (su auge se interpreta como un seguro adicional que están tomando los compradores particulares ante la incertidumbre que generan las tecnologías de combustión clásicas de gasolina y diésel).

MERCADOS:

Las Bolsas mundiales se tiñeron de rojo en la víspera de la Navidad, arrastradas por Wall Street, que vivió la peor Nochebuena de su historia, víctima de las incertidumbres políticas y económicas en Estados Unidos como consecuencia de las críticas de Donald Trump a la Reserva Federal por la subida de los tipos de interés. El Dow Jones, el principal indicador de la bolsa neoyorquina, descendió un 2,91% el día 24. La Bolsa de Tokio, una de las pocas que abre el día de Navidad, recibió el contagio y se desplomó un 5%, su peor registro en dos años.
También ha influido el cierre parcial del Gobierno estadounidense por falta de un acuerdo presupuestario entre los republicanos y los demócratas.
Todos los sectores económicos terminaron el año en rojo. Existe nerviosismo en los mercados, y también en la Casa Blanca, desde donde el presidente Trump echa la culpa al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, después de presumir que bajo su mandato los mercados no paraban de ganar dinero.
Trump ha llegado a afirmar, algo inédito para cualquier presidente de Estados Unidos, que “el único problema” de la economía estadounidense es la Reserva Federal, ya no tiene tacto con el mercado, y no entiende las disputas comerciales en las que está inmerso el país. Están subiendo las tasas de interés demasiado rápido porque creen que la economía está muy bien. Pero yo creo que lo entenderán muy pronto.
La mala racha de Wall Street arrastró a los mercados asiáticos. La Bolsa de Tokio registró, igualmente, la peor caída en dos años de su principal indicador, el Nikkei, un índice que incluye a los 225 títulos más representativos del mercado.
Por su parte, el principal indicador de la Bolsa española, el Ibex 35, terminó por debajo del nivel de los 8.500 puntos, por las dudas de los inversores sobre el futuro de la economía mundial.
Sin embargo, del desastre a la euforia, después de las navidades, Wall Street volvió con energías renovadas, tras el batacazo de Nochebuena y registró una subida de récord.
En relación a las divisas, el mercado de cambios ha reflejado la gran preocupación de los inversores sobre el alcance que la guerra comercial de Trump puede tener sobre el crecimiento global. El profit warning (anuncio que realiza una empresa que cotiza en Bolsa a sus accionistas en relación a la previsión de beneficios de la empresa) de Apple fue el detonante para una oleada de ventas en la renta variable y también para la huida fulminante en busca de refugio hacia el yen. El movimiento provocó un alza de la divisa nipona frente al dólar superior al 4% y por momentos llegó a recordar a lo vivido en el inicio de la crisis de 2008, cuando los inversores se apresuraban a deshacer las posiciones de riesgo que habían tomado endeudándose en yenes, con el coste de financiación más barato.  
El ascenso de la divisa japonesa se vio acentuado, además de por el temor al declive económico y el carry trade (estrategia utilizada en el mercado de compraventa de divisas por la que un inversor vende una cierta divisa con una tasa de interés relativamente baja y compra otra diferente con una tasa de interés más alta). Así, cuando más toma cuerpo el miedo a un cambio de ciclo económico, más se revaloriza el yen. En el último mes acumula un alza superior al 5% frente al dólar, la mayor entre las principales divisas del mundo.
El yen ha sido también la divisa que más se ha apreciado frente al euro en 2018, el 7,56%, seguida del 4,74% del peso mexicano –en México los tipos de interés subieron al 8%, el nivel más alto en una década– y del alza del 4,69% del dólar frente a la divisa europea, después de las cuatro alzas de tipos decididas por la Fed durante el año.
La política de la Reserva Federal estadounidense fue de hecho determinante en la fortaleza del dólar durante el año pasado, mientras que el euro siguió acusando las dificultades del BCE para subir los tipos de interés, en un entorno de enfriamiento económico y de riesgo político, concentrado en Italia. Los inversores llegaron incluso a temer que la Fed se hubiera pasado de frenada en sus subidas de tipos, acelerando con ello el cambio de ciclo económico.
Las alzas de tipos en Estados Unidos provocaron además un duro golpe para las divisas emergentes en 2018, que sufrieron la retirada de capitales propia de cuando resulta más atractivo invertir en dólares. Así, la fortaleza del dólar estadounidense reveló a Argentina y Turquía como los países más vulnerables. En su cruce con el euro, el peso argentino se derrumbó el pasado año el 48,24% y la lira turca otro 24,82%.
Algunos analistas señalan que, si se cumple la expectativa mayoritaria de que no habrá recesión, pero sí un menor crecimiento, el dólar debería depreciarse hasta los 1,21 dólares por euro a finales de año. Con un dólar más débil, las divisas emergentes podrán tomar aire, aunque seguirán condicionadas por la guerra comercial.

EMPRESAS:

El “procés” sigue pasando factura al tejido empresarial catalán. De hecho, desde enero, Cataluña es la comunidad autónoma de España que mayor recorte en la creación de empresas ha sufrido.
Hasta noviembre, se han abierto 1.176 empresas catalanas menos que durante el mismo periodo del año anterior. Mientras que Madrid, la otra cara de la moneda, ha sumado el incremento de compañías nuevas más importante: 1.396 sociedades han nacido en esta región hasta noviembre. Es la comunidad con mayor número de nuevas empresas este año.
En concreto, según el Estudio sobre Demografía Empresarial, publicado por Informa D&B, se han abierto 16.339 compañías en Cataluña, un 6,71% menos, por las 20.292 que han visto la luz en Madrid, un 7,3% más que durante el mismo periodo anterior.
Cataluña, que siempre había encabezado los ránkings de creación de empresas, comenzó durante octubre de 2016 una consecución de meses de cierre de compañías.
La situación política no termina de mejorar el clima empresarial y continúa degradando la confianza de los inversores y los consumidores catalanes. Según el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat), la confianza de las empresas en el devenir de la economía regional disminuyó un 2% en el tercer trimestre de este año, en relación con los tres meses anteriores.
Pero si las cifras han sido negativas para Cataluña, no han sido mucho mejores para el resto del país. En el conjunto de España, la creación de sociedades apenas ha escalado un 0,77%, respecto a 2017, hasta las 88.790 nuevas compañías que había hasta noviembre. Además, el capital invertido se ha reducido un 1%.